El sonido de la máquina de hielo del Bar Radar absuelto de pagar derechos a las discográficas

marzo 28, 2010 on 9:00 am | In copyleft, open source, radar bar | 1 Comment

Por Javier de la Cueva, Derecho de Internet

Con fecha 26 de marzo de 2010 he recibido notificación de la sentencia de fecha 18 de marzo del Juzgado de lo Mercantil nº 5 de Madrid en la que se absuelve a Radar (Electronic Sounds Bar) de la demanda interpuesta por las entidades de gestión de los productores fonográficos (AGEDI) y de los intérpretes o ejecutantes (AIE), con expresa condena en costas a las demandantes.

El Bar Radar está considerado a nivel internacional como un “templo” de la música experimental. Se trata de un lugar, regentado por “Sevi” (Manuel Sevillano, experto en música electrónica), que inició su camino hace muchos años como centro de reunión de personas interesadas en música experimental. Hasta tal punto experimentan con los paisajes sonoros que una de las discusiones recurrentes, y de lo que también se habló en el juicio, es de si lo que se comunica públicamente en el local se trata de música o de ruido.

Radar (Electronic Sounds Bar) es utilizado por sus clientes como lugar de intercambio y comunicación pública de piezas sonoras procedentes de los más variados lugares: sonidos de animales salvajes, sonidos procedentes de puertas que chirrían, o, tal y como se acredita en la sentencia, sonidos de electrodomésticos que son conocidos entre ellos como “música del Maestro Corberó”. En sus inicios, los clientes utilizaban el método clásico, que era el de intercambio de cassettes, método que se abandonó con la aparición de Internet. Con el repertorio que se intercambian quienes graban los más diversos sonidos, se producen nuevas piezas mediante la remezcla. La sentencia destaca el origen de la música:

Especialmente significativa, respecto al tipo de música del bar, fue la declaración del testigo Javier R., quien manifestó que había llegado a poner sonidos de la máquina de hielo y del congelador, concretamente la denominó, «música del maestro corberó».

A pesar de que es obvio de que la música comunicada por los clientes del establecimiento no está gestionada por las entidades de gestión, dado que éstas disparan con dinero de sus socios pueden permitirse demandar a cualquier establecimiento por muy evidente que sea que el mismo no utiliza su repertorio. Es más, uno de los elementos probatorios que utilicé fue precisamente un dossier preparado por las demandantes y que adjuntaban como documento a su demanda, en el que se reconocía el carácter vanguardista, experimental y la notoriedad a nivel internacional de Radar (Electronic Sounds Bar), lo que precisamente demuestra el repertorio que usa. El único testigo de contrario reconoció que no había visitado el establecimiento.

En el juicio, como testigos de lujo conté con los autores de los experimentos sonoros, así como con Susana García Noguero, de Platoniq, quien en su búsqueda de locales en Madrid para la celebración de un evento encontró los dos más vanguardistas, Ladinamo y el Bar Radar, que eran los más apropiados para la naturaleza de las acciones de Platoniq. La declaración de Susana García Noguero sobre cuestiones relacionadas con el Copyleft fue contundente. No deja de ser curioso que ambos establecimientos han sido demandados por las entidades de gestión, habiéndose rechazado las pretensiones de éstas en los dos casos, si bien en el presente todavía la parte contraria puede recurrir en apelación.

Independientemente del aspecto anecdótico de la comunicación pública de sonidos de electrodomésticos que, si son remezclados por un no socio de AGEDI/AIE no devengan cantidad alguna a pagar a estas entidades, hay dos aspectos importantes que deben destacarse:

  1. El derecho al cobro de AGEDI/AIE es un derecho de remuneración equitativa en favor de los intérpretes, ejecutantes y productores, por lo que la tesis de estas entidades es que basta con que la música se comunique públicamente para que nazca su derecho al cobro. Sin embargo, este ya es el tercer caso en que los Juzgados y Tribunales señalan que éste derecho sólo nace si el intérprete, ejecutante o productor del fonograma es socio de la entidad reclamante. Se consolida una interpretación que ya se utilizó en los casos de los gimnasios Vámbora y Curvas y que se fundamenta en lo ilógico de la pretensión de las entidades de gestión ya que si el propietario del establecimiento fuese el autor de la música, según las tesis de éstas también tendría que pagar.
  2. Las entidades demandantes (que acudían bajo una misma dirección letrada) alegaron durante el juicio que cuando las obras se hallan licenciadas bajo Creative Commons NC, entonces ellas, por imperativo legal, son quienes gestionan las mismas. Esta tesis es fácilmente desmontable, puesto que lo único relevante en este tipo de juicios es si el autor, intérprete, ejecutante o productor de la obra es socio de la entidad de gestión, y no el tipo de licencia comercial o no comercial de la obra. Si una obra CC-NC es utilizada comercialmente, lo que nace con ese uso son derechos y obligaciones entre el autor de la obra y el usuario de la misma, pero nunca nacerá derecho u obligación alguna por razón de ese uso en favor de un tercero, entidad de gestión, ajeno a las partes creador y usuario. En este sentido, la sentencia señala en su Fundamento Segundo:

El hecho de que en el local no se ponga que se trata de música con licencia copyleft o derivados no quiere decir por ello que la música sea del repertorio de los actores, sino lo que estaríamos ante un incumplimiento de las licencias concedidas que daría lugar, en su caso, a responsabilidad ante el licenciante. Pero en modo alguno nacería la obligación de pago por la comunicación, ya que en este caso las entidades de gestión estarían percibiendo una retribución por obras que no gestionan, es decir, que no son de sus socios, y por ello al distribuir la compensación al verdadero intérprete, artista o productor, no percibiría la parte correspondiente al no ser socio de esas entidades, produciéndose así un evidente enriquecimiento injusto.

Por lo demás, la sentencia recoge lo que ya es ampliamente conocido de que corresponde al local destruir la presunción de que las obras comunicadas corresponden al repertorio de las entidades de gestión mediante la articulación y práctica de la prueba:

Es necesario, por tanto, que el demandado justifique que la música que se comunique no corresponda a socios de los actores, es decir, que no estemos ante obras de su repertorio. La abundante prueba testifical practicada en el acto del juicio permite extraer una conclusión unánime, en el Bar Radar se comunican fonogramas que tienen la consideración de «comercial». Los testigos manifestaron que en el bar se pone música experimental, que esa música es elaborada por ellos (los testigos) o que se baja de internet de páginas web donde los artistas (no asociados) «cuelgan» su música para darse a conocer y permiten que otros las usen; música con licencia copyleft o creative commons. El carácter de música experimental que se pone en el bar no sólo se reconoce por los testigos (Andrés A., Adolfo G. Juan Carlos B. o Susana G. N.), sino de la propia documental aportada por la actora (documento nº 9). Especialmente significativa, respecto al tipo de música del bar, fue la declaración del testigo Javier R., quien manifestó que había llegado a poner sonidos de la máquina de hielo y del congelador, concretamente la denominó, «música del maestro corberó». También se manifestó en términos parecidos Susana G. N., presidente de una asociación dedicada a la distribución de música con licencias libres, copyleft, al señalar que la música que escuchó era con licencia copyleft. Esto nos da una muestra clara del tipo de música que se pone, totalmente alejada de los circuitos comerciales; sin embargo, esto no es suficiente para considerar que los fonogramas no pertenecen al repertorio de las actoras. Nos referimos al hecho de que se trate de música alejada de los circuitos comerciales, y ello porque las actoras no restringen su ingreso a este círculo. Sin embargo, la totalidad de los testigos nos han manifestado que la música que se pone es compuesta y ejecutada por ellos (ninguno es socio de las actoras) o de otras personas en las mismas condiciones, o que se bajan sonidos de internet puestas por sus autores o ejecutantes no socios de las entidades de gestión; es decir, nos movemos dentro del ámbito alternativo, en el sentido de autores, intérpretes artistas o productores que no forman parte de las entidades de gestión que ponen sus obras a disposición del público en general.

Como es de rigor en cualquier información referente a una resolución judicial, tienen ustedes a su disposición el contenido íntegro de la sentencia en el repositorio de los Procedimientos Libres sobre defensa del Copyleft.

Leonardo da Vinci, colección de modelos

marzo 19, 2010 on 7:51 pm | In galería de imágenes, innovación | No Comments

Adolfo García | Recientemente, de visita en Milán, dediqué unas horas a recorrer el Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología para ver las maquetas allí expuestas de algunas de las máquinas proyectadas por el genial Leonardo da Vinci. [ir a Galería de la Colección de modelos]

Resulta difícil no caer fascinado cuando se observa la obra de Leonardo da Vinci, y no me estoy refiriendo a sus obras pictóricas universalmente conocidas. En mi opinión, es a través de sus códices donde Leonardo refleja toda su capacidad de observación, análisis, imaginación y genialidad. Por esta razón, fue gracias a la difusión en facsímile de estos códices, hacia finales del XIX, cuando la figura de Leonardo da Vinci atrajo a estudiosos que se afanaron en comprender sus diseños y transcribir sus notas. Pero hacia la mitad del siglo XX, la opinión hacia Leonardo empezó a cambiar. Los historiadores Bertrand Gille y Leonardo Olscehki insistían en la deuda de Leonardo da Vinci con manuscritos de ingeniería anteriores y lo colocaron en segunda fila [Foley 1988].

Curiosamente, por caprichos del destino, en el año 1966, durante unas tareas de inventario de la Biblioteca Nacional de España, aparecieron dos volúmenes titulados como Tratado de estática y mecánica en italiano (1493) y Tratados varios de fortificación, estática y geometría en italiano (1491) cuya autoría correspondía a Leonardo da Vinci. Estos códices, dados por perdidos tiempo atrás, se bautizaron como Códices de Madrid I y II. En ellos Leonardo nos describe mecanismos que no fueron construidos hasta muchos años después de su muerte y que evidencian, sin lugar a dudas, su tremenda inteligencia. Además, los Códices de Madrid ponen de manifiesto que Leonardo no era, pese a lo que se creía, una persona caótica. Es cierto que sus manuscritos son desordenados en la estructura y redacción, sin olvidar que escribía al revés: de derecha a izquierda. Realmente, los códices hay que verlos como si fueran notas de campo. Son desarrollos de ideas en los que trabajaba Leonardo y que en el futuro pretendía ordenar y pasar limpio. Por el contrario, en el Códice de Madrid I, se pueden apreciar páginas cuya edición es realmente exquisita, transmitiendo una claridad meridiana y un claro objetivo: compartir ese conocimiento.

En el legado que nos ha llegado a través de los Códices encontramos estudios en prácticamente todos los campos del saber: Geometría, hidráulica y física (Códice Forster); tratados de pintura (Códice Urbinas); arquitectura y matemáticas (Códice Arundel). Descubrimos, a través de los manuscritos del Castillo de Windsor, a un Leonardo volcado durante 30 años en la anatomía médica a través de disecciones de cadáveres, algo poco común en su época. En el Códice Leicester se abordan -entre otros- temas de cosmología e hidráulica. El estudio del vuelo de los pájaros, analizado en el códice del mismo nombre. Por último está la mecánica, navegación e ingeniería militar, que ocupa un lugar destacado en los monumentales Códice Atlántico, Manuscritos A-M de Francia y Códices de Madrid. Este ingente caudal de conocimiento permaneció durante siglos celosamente guardado -y desperdigado- por las bibliotecas de la nobleza europea. El valor que se daba a estos manuscritos era el de un curioso objeto de colección, más que como fuente de saber.

Son pocos los inventos que llegaron hasta los talleres de los artesanos de la época. Tampoco está muy claro que Leonardo lograra construir y hacer funcionar alguna de sus máquinas. En este sentido, es fácil llegar a la conclusión que Leonardo diseñaba sus máquinas basándose en su propia intuición y capacidad de observación. No olvidemos que en su tiempo aun no se habían descubierto las leyes y principios físicos que gobernaban la mayoría de sus ingenios. Por esta razón, cualquier intento de perfeccionar y ajustar el funcionamiento de una máquina para que fuera más eficiente sería complejo y laborioso.

Por otra parte, constructivamente, Leonardo estaba limitado por las técnicas y materiales de su época. Lo que no puede dejar de llamar la atención a cualquiera que estudie su trabajo es el uso relativamente amplio de la madera y el cuero. Ambos materiales contaban con una tecnología adecuada en su tiempo. En cambio, la técnica de los metales era decididamente limitada. Las artes de la fundición y la forja eran bien conocidas y se tenían en alta estima, pero no eran en absoluto adecuadas para la producción de pieza mecánicas precisas. Por esta razón, cuando uno se imagina el funcionamiento de alguno de los diseños de Leonardo, lo que ve es una máquina endeble  rechinante que ciertamente girará, pero a regañadientes, y cuyas superficies de trabajo pronto estarán tan gastadas y melladas que perderán toda eficacia. [Wiener 1954]

Los modelos expuestos en el Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología de Milán fueron creados a partir de 1952 por un comité de expertos que se constituyó para conmemorar el quinientos aniversario del nacimiento de Leonardo da Vinci. Fueron presentados por primera vez el 15 de febrero de 1953, coincidiendo con la inauguración del museo. Cada maqueta -al igual que es nuestros días- pretendía ser didáctica y facilitar así la compresión de funcionamiento al visitante. Con este propósito, junto a cada mecanismo, se incluye una explicación de su funcionamiento y los diagramas originales en los que se basa.

[ir a Galería de la Colección de modelos]

Bibliografía
FOLEY Vernard y SOEDEL Werner, Contribución de Leonardo a la Mecánica Teórica, Investigación y Ciencia, Noviembre 1986
WIENER Norber, Inventar, Tusquets Editores, 1995
FOLEY Vernard, Leonardo y la Invención de la Llave de Rueda, Investigación y Ciencia, Marzo 1998
GIORGIONE Claudio, LEONARDO DA VINCI, The Models Collection, Museo Nazionale della Scienza e della Tecnología Leonardo da Vinci, 2009

Fractales en la Naturaleza

febrero 15, 2010 on 7:55 pm | In biología, matemáticas | 2 Comments

por David de Torres

Para poder identificar las formas fractales en la naturaleza, debemos primero saber qué es un fractal y sus propiedades.

Benoît B. Mandelbrot, fue quien le dio por primera vez el nombre de “fractal” a este tipo de geometría y la definió como un objeto semi-geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas (Mandelbrot, The fractal geometry of nature, 1982).

K.J. Falconer definió las siguientes propiedades para las formas fractales (Falconer, 2003):

  • Demasiado irregular para ser descrito en términos geométricos euclídeos tradicionales.
  • Posee detalle a cualquier escala de observación. Esta propiedad implica que en las ocasiones en las que la fractalización o el grado de detalle de la geometría tienda a infinito, será imposible medirla. Esto ha hecho que en la literatura matemática se les llame curvas monstruo, ya que la longitud de una curva fractal iterada hasta el infinito, contenida en un área finita, es infinita, algo que para la geometría tradicional es en sí mismo una paradoja.
  • Su dimensión de Hausdorff-Besicovitch es estrictamente mayor que su dimensión topológica. Esta propiedad teórica implica que su tamaño, ya sea en longitud o superficie, dependiendo de la dimensión que tenga el fractal, es mayor de lo que se podría esperar de una forma euclídea. Esta dimensión Hausdorff-Besicovitch es una forma de medir la dimensión fractal o la “fragmentación” de la geometría a estudiar y nos da una idea de cómo ocupa el espacio que la contiene.
  • Posee autosimilaridad, ya sea exacta, cuasi-autosimilaridad o estadística, causado por la siguiente de las propiedades.
  • Se crea a partir de un método recursivo. Este tipo de métodos son aquellos que se repiten aplicando la misma regla sucesivamente al resultado de la anterior. Este es el principal motivo de que encontremos fractales en la naturaleza de forma tan abundante, ya que se da en los procesos geológicos (la lluvia erosiona la misma montaña que ha erosionado una lluvia el día anterior) o el crecimiento de muchas estructuras biológicas, que utilizan este tipo de recursividad para el desarrollo de estructuras complejas.

Pero no todas las fractales son iguales. Por ello se introduce un término para poder caracterizarlas: la dimensión fractal. Esta medida puede medirse de diferentes maneras, y lo que intenta es dar una idea de cómo ocupa el espacio en el que está contenida la forma fractal. Cuanta más dimensión fractal tenga, más rápidamente crecerá al escalarla y por lo tanto, más longitud, superficie o volumen ocupa dentro de la dimensión euclídea que la contiene (si es una curva, un área o si es una superficie, un volumen).

Se llama dimensión fractal porque, a diferencia de los objetos tradicionales euclídeos (una curva tiene dimensión 1, la superficie de un plano tiene dimensión 2 y el volumen de una esfera tiene dimensión 3), sin embargo, una curva fractal puede tener una dimensión 1,26 (Curva de Koch – ver figura anterior) o la superficie fractal del brócoli una dimensión de 2,66, por ejemplo.

Las fractales en la naturaleza
Mandelbrot comienza la introducción de su libro “Geometría fractal en la naturaleza” (1982) de la siguiente forma: “Las nubes no son esferas, las montañas no son conos, los litorales no son circulares, y los ladridos no son suaves, lo mismo que los relámpagos no viajan en línea recta.” (Mandelbrot, The fractal geometry of nature, 1982).

Las características de las formas fractales vienen dadas por su propio proceso de creación y las podemos encontrar en diferentes aspectos de la naturaleza, como por ejemplo, en el terreno y en la geología. En 1967 Mandelbrot publicó un artículo en la revista Science titulado “¿Cuánto mide la costa de Inglaterra? Auto-similitud estadística y dimensión fraccioaria” (Mandelbrot, How Long Is the Coast of Britain? Statistical Self-Similarity and Fractional Dimension, 1967). En este artículo explica la “paradoja de la costa”. Esta se basa en que la longitud de la costa de Inglaterra varía dependiendo de la longitud de la escala que se utilice para medirla. Esto se debe a que la línea de la costa es un tipo de fractal generado por la erosión y la composición de la roca. Esto crea multitud de entrantes, salientes que forman en su conjunto curvas con propiedades fractales.

A su vez, las montañas también tienen geometría fractal, esta vez ocasionada por la erosión de la lluvia, el viento, la fractura de las rocas por los cambios de temperatura y las presiones y movimientos sísmicos que crean la cordillera rocosa en la que se ubica la montaña. Estos paisajes pueden incluso parametrizarse y generarse de forma virtual con programas informáticos de imagen digital, utilizando la autosimilitud y algoritmos recursivos.

Las desembocaduras de algunos ríos también presentan este tipo de geometría, originada por la ramificación de los diferentes caudales. En estos casos, como puede suceder también en las ramificaciones de los árboles o los rayos, no existe una autosimilitud exacta, sino una cuasi-similitud o una autosimilitud estadística.

La causa de que estos fenómenos tan distintos en principio tengan todos propiedades fractales se debe a que comparten el mismo proceso de formación, denominado agregación con difusión limitada o crecimiento fractal (Sander, 1987). Este tipo de crecimiento define la forma en la que se crean los perfiles de las costas, la propagación de los rayos o el crecimiento de los vasos sanguíneos de nuestro cuerpo (Ary L. Goldberger, 1990).

Las fractales en los seres vivos
Entre los seres vivos también podemos encontrar ejemplos sorprendentes de geometría fractal. Uno de los más llamativos es el Brocoli Romescu, que presenta una geometría fractal con una autosimilitud prácticamente perfecta. También el brócoli común presenta ramificación fractal, aunque la autosimilitud en este caso no sea tan exacta.

Uno de los ejemplos más clásicos de geometría fractal en la naturaleza proviene de una de las primeras plantas de nuestro planeta: los helechos. Estos presentan una autosimilitud casi perfecta entre sus ramificaciones. La razón de la aparición de este tipo de formas fractales en los organismos vivos se debe, al igual que en el caso de las costas y las montañas, a que se utiliza un método de creación simple y repetitivo para generar formas complejas.

Las ramificaciones son uno de los diseños biológicos más abundantes debido a su sencillez y su eficiencia a la hora de cubrir una superficie o volumen, una de las propiedades que las ramificaciones comparten con el resto de las fractales al ser una “curva monstruo” de iteraciones limitadas. El código genético de la planta le da la misma orden a una rama principal que a una secundaria: crece y bifúrcate creando una réplica de ti misma en cada ramificación. De esta forma, podemos encontrar ramificaciones con formas fractales tanto en helechos como en árboles, en las hojas de los mismos e incluso en nuestro propio sistema nervioso, cardiovascular o en los alveolos de nuestros pulmones.

En el caso de las plantas, este diseño les permite maximizar la superficie y de esta forma captar la mayor luz, CO2 y oxígeno posible. En el caso del sistema nervioso o las venas y arterias de nuestro cuerpo, nos permite cubrir y alimentar el máximo número de células y asegura que la presión sanguínea por cm2 en cada una de las ramificaciones es la misma al existir auto-similitud y por su proceso de formación fractal, al igual que la forma fractal de nuestros bronquios y alveolos pulmonares nos permite maximizar el intercambio de CO2 y oxígeno en cada inspiración. Para hacernos una idea del nivel de bifurcaciones y el gran aprovechamiento del espacio que se consigue dentro de los pulmones con este diseño fractal basta saber que la dimensión fractal de la superficie del interior de los pulmones, medida a partir de vaciados de pulmones humanos y otras especies, es de 2,7, cuando un plano euclídeo tradicional tiene dimensión 2.

Pero no sólo las formas de nuestros cuerpos son fractales, sino que si estudiamos las funciones corporales también encontraremos patrones fractales en ellas, e incluso esta característica fractal puede ser signo de salud en contraposición a patrones cíclicos periódicos (Ary L. Goldberger, 1990). Desde hace mucho tiempo la medicina tradicional ha considerado que un ritmo cardiaco regular era signo de salud y cuando un cuerpo envejecía los ritmos caóticos y erráticos aparecían como signo de enfermedad. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que el ritmo cardiaco a lo largo del tiempo presenta una forma fractal y que en principio parece caótica, y por el contrario, los patrones repetitivos y periódicos son signo de enfermedad. Esto se debe a que un corazón sano es capaz de cambiar su ritmo cardiaco para compensar las necesidades del organismo, transmitidas por los sistemas simpático y parasimpático, creando estas oscilaciones caóticas. Un corazón enfermo no es capaz de adaptarse y cubrir las necesidades del organismo, y presenta una pauta regular, que termina por degenerar los tejidos y produciendo un fallo en el sistema.

También se han asociado las estructuras fractales de los sistemas fisiológicos tanto de distribución (sistema sanguíneo, linfático), como de recolección (digestivo, pulmonar) y de procesamiento de la información (neuronas y sistema nervioso) con la resistencia a lesiones y fallos parciales, debido a su auto-similaridad y a la redundancia de estructuras (Ary L. Goldberger, 1990). Esto hace que puedan seguir funcionando en caso de sufrir enfermedades, traumas o el deterioro causado por el estrés y el envejecimiento, permitiendo que las zonas sanas puedan suplir las funciones de las dañadas.

Bibliografía
Ary L. Goldberger, D. R. (1990). Caos y fractales en la fisiología humana. Investigación y Ciencia, 31-38.
Falconer, K. J. (2003). Fractal geometry: mathematical foundations and applications. Wiley.
Mandelbrot, B. (1967). How Long Is the Coast of Britain? Statistical Self-Similarity and Fractional Dimension. Science, 636-638.
Mandelbrot, B. (1982). The fractal geometry of nature. W.H. Freeman.
Sander, L. M. (1987). Crecimiento Fractal. Investigación y Ciencia , 66-73.

Alierta contra Google

febrero 8, 2010 on 5:51 pm | In internet, telecomunicaciones | 4 Comments

Adolfo García | Esta mañana a no pocos han sorprendido las declaraciones del Presidente de Telefónica, Cesar Alierta, afirmando que Google y otras compañías se están beneficiando de una infraestructura costosa que, a la sazón, está siendo financiada por los operadores, entre los que destaca la multinacional española. En esta misma intervención el Sr. Alierta sugería que esta situación debe acabar. [ver noticia]

Intentando hacer un análisis más allá de la simple y fácil pataleta contra Telefónica, las manifestaciones del Presidente de Telefónica evidencian una realidad sobre la posición que han tomado las compañías que hacen negocio con Internet y la que les hubiera gustado ocupar.

Hay que ser muy necio para negarle a Telefónica -al igual que a otros operadores- el reconocimiento y mérito del tremendo esfuerzo económico y tecnológico que han realizado para que hoy podamos disfrutar de Internet. Esta compañía puede caer simpática o no. Ser caros o baratos. Dar un buen servicio o no. Esta no es la cuestión. El asunto son las constantes inversiones que tiene que realizar cualquier operador del tamaño de Telefónica para poder prestar y mantener el servicio. Y me refiero a todo lo que hay más allá del cable de cobre que llega a nuestra casa…

Para entender este “aviso para navegantes” del Sr. Alierta, permitirme hacer un poco historia de las comunicaciones. Hasta la llegada de Internet, las redes existentes pertenecían a los operadores de telecomunicaciones. En estas redes, como por ejemplo Iberpac (tecnología X.25), Red UNO (Frame Relay) o Gigacom (ATM), el operador ofrecía servicios de conexión entre diferentes localizaciones de sus clientes. Era un negocio redondo pues tenía control sobre el acceso a estas redes, cobrando en función del ancho de banda contratado. Otra cosa distinta era la red telefónica conmutada, a través de la que hablamos por teléfono. A esta red accedemos a través de unos terminales muy básicos -nuestros teléfonos- y obtenemos unos servicios desde el interior de la red. Es decir, la inteligencia está en la red. Esta inteligencia permite al operador establecer la llamada, cuantificar su duración y ofrecernos otros servicios básicos como buzón de voz, desvío, llamada en espera, etc. En resumidas cuentas: el operador tiene el control del acceso a la red y, desde ella, nos ofrece servicios que luego nos facturará. Merecen ser recordadas Ibertex, o incluso Infovía, como iniciativas pioneras en las redes de datos donde el operador tenía el control de la Red y facturaba en función de los servicios consumidos.

Tras la lectura del párrafo anterior es fácil deducir que el modelo tradicional de explotación de las redes por parte de los operadores no es fácilmente aplicable en Internet. En Internet -como Red- la única inteligencia que existe es el protocolo de routing BGP y los DNS. Todo lo demás depende de las máquinas que de ella cuelgan, ajenas totalmente a los operadores. En este escenario el operador ofrece acceso a Internet a sus clientes y participa en troncales y puntos de intercambio de tráfico con otros operadores. En ambos casos su modelo de negocio está basado en cobrar por ancho de banda contratado o cursado. En este rol el operador tiene poco margen de maniobra para diferenciar su oferta de un competidor. Como podemos ver a diario en la publicidad, su principal estrategia es bajar y bajar el precio para captar y mantener usuarios. Esta erosión de ingresos es inversamente proporcional al ancho de banda que solicitamos a los operadores, o que estos tienen que contratar con terceros.

Cesar Alierta ha dirigido sus quejas hacia aquellas compañías que han orientado su modelo de negocio en Internet hacia los contenidos y servicios. Todas ellas se pueden agrupar bajo la etiqueta de Web Services. Estas compañías son de sobra conocidas por todos pero, por citar algún ejemplo, es obligado mencionar a YouTube, Skype, Facebook, MySpace, Google, iTunes, etc.

Hace diez años, la mayoría de los operadores -entre ellos Telefónica- eran conscientes de lo que podía pasar. De hecho, Telefónica fue de los primeros en tomar posiciones en el mundo de los contenidos para poder ofrecer una oferta completa a sus usuarios. Aún hoy sigue presente con fuerza en este importante nicho con el objetivo de ofrecer acceso a contenidos de pago a través de sus redes (Imagenio, Hilo Musical o el novedoso Pixbox). Por otra parte, en un plano tecnológico, desde hace mucho tiempo Telefónica y otros operadores dominantes trabajan en torno a organismos como el ITU (Unión Internacional de Telecomunicaciones) para introducir cambios en la arquitectura de las redes con el fin de dotarlas de mayor eficiencia y fiabilidad para servicios como el vídeo o la voz, a cambio de “poner más inteligencia dentro de la red” y así permitir cobrar por el servicio prestado. El ejemplo más reciente de este tipo de iniciativas es IMS  (IP Multimedia Subsystem) o NGN (Next Generation Networks)

La realidad del uso de Internet ha dejado claro a los grandes operadores que -hoy por hoy- poca gente paga por contenidos on-line, más aún cuando hay opciones gratis. Otra realidad es que los usuarios no queremos otra cosa que nos sean tarifas de acceso planas para usar Web Services. Por último, el acceso de contenidos multimedia desde nuestros ordenadores y móviles crece exponencialmente…

En el otro lado de la moneda, desde las Administraciones Públicas se exige a los operadores que inviertan más en sus redes ya que, supuestamente, son esenciales para salir de la crisis económica en la que vivimos porque facilitan el desarrollo de la Sociedad de la Información. También desde las AAPP, en particular desde la CMT, se anima a que Telefónica desarrolle una nueva red de fibra óptica para conectar todos los hogares. Por supuesto, a golpe de Ley, se obligará a que el operador dominante comparta esta nueva red con otros operadores. Por si fuera poco, el nuevo modelo de financiación de las televisiones públicas pretende que los operadores sostengan a estas con el 0,9% de sus ingresos. Y ya, para colmo de despropósitos, las entidades de gestión de derechos de autor siguen acariciando la idea de aplicar un canon a la conexión de Internet.

Para acabar solo quiero recordar que Internet es algo muy joven. Probablemente estemos asistiendo a su infancia y, como tal, aun le quedan por delante años hasta madurar y hacer que todos los actores, incluidos los usuarios, sientan que merece la pena invertir. Esperemos que la disputa entre operadores y compañías de Web Services se quede en la crítica del Sr. Alierta y no trascienda a los usuarios.

El debate está servido…

8 horas en Estambul

febrero 6, 2010 on 5:47 pm | In galería de imágenes, viajes | No Comments

Adolfo García | Turismo contra reloj en Estambul. Consciente de que me he dejado muchas cosas que ver, aquí os dejo unas fotillos de mi reciente visita a esta ciudad. Con diferencia, lo que más me ha impresionado es la Cisterna de la Basílica. Esta cisterna subterránea se construyó en el siglo sexto de nuestra era. Ocupa una extensión de 10.000 m2 y tiene una altura de 8 metros de altura. Se estima que su volumen le permite almacenar 80 millones de litros de agua. Nunca he visto nada igual. [ir a Galería fotográfica de Estambul]


[ir a Galería fotográfica de Estambul]

Vídeo de la conferencia de Hempton y Sherman en Sonikas VII

enero 29, 2010 on 5:03 pm | In arte sonoro, sonikas | No Comments

Adolfo García Yagüe | Fieles a nuestro espíritu de ofrecer propuestas diferentes, la séptima edición del Festival Sonikas será recordada por la proyección del fantástico documental “Soundtracker” y el posterior coloquio con su protagonista, Gordon Hempton, junto a Nicholas Sherman, productor del film.

En este documental se pone de manifiesto que la vida urbana y la industrialización nos alejan dramáticamente de la belleza de la Naturaleza. Como advierte Hempton en un momento de su intervención «nos hemos vuelto sordos ante la música que nos ofrece la Naturaleza». Gordon también nos alerta de que cada día es más difícil localizar en el planeta un espacio libre de contaminación acústica, donde los sonidos de la Naturaleza no sean interferidos por los ruidos del “progreso”.

Además del mensaje de “Soundtracker”, resulta igualmente emocionante la figura de su protagonista. Es totalmente imposible quedar indiferente ante la abnegación y entusiasmo que derrocha Gordon en su trabajo. Algo que, como nos cuenta, ha cambiado completamente su vida.

Al igual que nos pasó a nosotros, nos consta que muchos de los que asististeis al Sonikas quedasteis gratamente impactados tras el documental y el coloquio. Por esta razón nos ha parecido oportuno compartir con vosotros el vídeo de la conferencia y así, de esta forma, mantener viva la magia de aquella noche y lo más importante: el mensaje. Lamentablemente no os podemos ofrecer el documental. Para esto nada mejor que contactéis con el propio Sherman a través de su página www.foufilms.com.

Los Tónicos de la Voluntad para tiempos de crisis

enero 22, 2010 on 5:00 pm | In biología, descarga textos pdf, innovación | No Comments

Adolfo García Yagüe | En España, lo que empezó como una crisis financiera internacional poco a poco va minando nuestra autoestima. Aquí, la citada crisis hizo que reventara la burbuja inmobiliaria en la que vivíamos, poniendo de relieve que no somos un país ni tan grande, ni tan poderoso como nuestros políticos se esforzaban en hacernos creer días antes…

En este estado de cosas, sorprende ver y escuchar a los políticos con que alegría, soltura y promiscuidad hablan de “cambiar de modelo económico”,  “potenciar la innovación”, “desarrollar la sociedad del conocimiento” y otras tantas perlas enlatadas con las que adornan sus discursos. Da la sensación que esto es tan fácil como cambiar de pendientes o elegir una corbata que haga juego con aquel traje. A mi parecer, está gratuidad en la forma de expresarse de la clase política (y la de muchos periodistas…) solo provoca que las frases antes citadas pierdan su valor y significado para el resto de los ciudadanos.

[modo ironía on] El modelo económico hacia el que nos quieren dirigir nuestros gobernantes, como si de una Tierra Prometida se tratara, es un sitio adorable. Allí todos desarrollaremos un trabajo intelectual de primera magnitud. Viviremos rodeados de tecnología e información y adoraremos a un ente abstracto llamado Conocimiento. A nuestros políticos solo les queda añadir que la enfermedad y el resto de calamidades no existirán en el nuevo modelo. [modo ironía off]

Es evidente la necesidad de un cambio pero -a pesar del optimismo de nuestros dirigentes- no es tarea fácil ni inmediata. No olvidemos que una economía basada en la innovación, la tecnología o el conocimiento tiene, por lo general, como paso previo la labor científica. Y no nos engañemos, nuestro país, a pesar de contar con gran número de titulados y un presupuesto nada desdeñable, nuca ha sido una potencia haciendo ciencia. Como ya recordaba gran nuestro sabio Santiago Ramón y Cajal en su obra Los Tónicos de la Voluntad, “La prosperidad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus múltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales”

De la lectura de los párrafos anteriores podéis deducir porqué sugiero en estos momentos la lectura de Los Tónicos de la Voluntad, cuyo título, para ser exactos, es “Reglas y Consejos sobre Investigación Científica”.  Este libro está basado en el discurso que leyó Cajal el 5 de diciembre de 1897 con ocasión de su ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Posteriormente, a iniciativa del Dr. Lluria y con numerosos retoques y desarrollos del propio Cajal, la obra empezó a imprimirse como libro para ser regalado entre estudiantes y aficionados a las tareas de laboratorio.

Esta obra es considerada como uno de los mejores tratados sobre la investigación científica, el entorno social que la favorece y, lo más importante, la actitud y motivaciones del científico. Un capítulo no menos interesante es aquél en el que Cajal expone y razona las posibles causas del atraso de España en temas científicos. Aunque se redactó hace más de 100 años gran parte de los consejos y observaciones de Cajal son totalmente vigentes. Durante su lectura también advertiréis que alguna de sus afirmaciones hoy resultan anacrónicas, en particular las que hacen referencia al papel de la esposa en la vida del hombre de ciencia, o las alusiones a la raza española o el patriotismo.

A pesar de su antigüedad, esta obra se sigue editando. Creo que es un libro de lectura obligada para cualquiera que sienta una mínima curiosidad por la ciencia, la innovación y el progreso de las naciones. Si todavía te queda alguna duda a continuación te dejo algunos fragmentos.

Consideraciones sobre los métodos generales
Al tratar de métodos generales de investigación, no es lícito olvidar esas panaceas de la invención científica que se llaman el Novun Organum, de Bacon, y el Libro del Método, de Descartes […] Libros son éstos por todo extremo excelentes para hacer pensar, pero en ningún modo tan eficaces para enseñar a descubrir […] Tengo para mí que el poco provecho obtenido de la lectura de tales obras y, en general, de todos los trabajos concernientes a los métodos filosóficos de indagación, depende de la vaguedad y generalidad de las reglas que contienen, las cuales, cuando no son fórmulas vacías, vienen a ser la expresión formal del mecanismo del entendimiento en función de investigar. Este mecanismo actúa inconscientemente en toda cabeza regularmente organizada y cultivada […] Harto más eficaz es la lectura de la obras de los grandes iniciadores científicos, tales como Galileo, Keplero, Newton, Lavosier; Geoffroy Saint-Hilaire, Faraday, Ampère, Cl. Bernard, Pasteur, Virchow, Liebig, etc; y, sin embargo, es fuerza reconocer que, si carecemos de una chispa siquiera de la espléndida luz que brilló en tales inteligencias, y de un eco al menos de las nobles pasiones que impulsaron a caracteres tan elevados, la erudición nos convertirá en comentadores entusiastas o amenos, quizás en beneméritos divulgadores científicos, pero no creará en nosotros el espíritu de investigación […] Apresurémonos, pues, a declarar que no hay recetas lógicas para hacer descubrimientos, y menos todavía para convertir en afortunados experimentadores a personas desprovistas del arte discursivo natural a que antes aludíamos. Y en cuanto a los genios, sabido es que difícilmente se doblegan a las reglas escritas: prefieren hacerlas. Como dice Condorcet, “las medianías pueden educarse, pero lo genios se educan por si solos”.

Admiración excesiva a la obra de los grandes iniciadores científicos
Entre las preocupaciones más funestas de la juventud intelectual contamos la extremada admiración a la obra de los grandes talentos y la convicción de que, dada nuestra cortedad de luces, nada podremos hacer para continuarla o completarla. Esta devoción excesiva al genio tiene su raíz en un doble sentimiento de justicia y de modestia, harto simpático para ser vituperable; mas, si se enseñorea con demasía del ánimo del novicio, aniquila toda iniciativa e incapacita en absoluto para la investigación original. Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento: la osadía mide sus fuerzas y vence o es vencida; pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacción.

La Naturaleza nos brinda a todos con una riqueza inagotable, y no tenemos motivo para envidiar a los que nos precedieron, ni exclamar como Alejandro ante las victorias de Filipo: “Mi padre no me va a dejar nada que conquistar”

¡Qué gran tónico sería para el novel observador el que su maestro, en vez de asombrarlo y desalentarlo con la sublimidad de las grandes empresas acabadas, le expusiera la génesis de cada invención científica, la serie de errores y titubeos que la precedieron, constitutivos, desde el punto de vista humano, de la verdadera explicación de cada descubrimiento!. Tan hábil táctica pedagógica nos traería la convicción que el descubridor, con ser un ingenio esclarecido y una poderosa voluntad, fue, al fin y al cabo, un hombre como todos […] Lejos de abatirse el investigador novicio ante las grandes autoridades de la Ciencia, debe saber que su destino, por ley cruel, pero ineluctable, es crecer un poco a costa de la reputación de las mimas. Pocos serán los que, habiendo inaugurado con alguna fortuna sus exploraciones científicas, no se hayan visto obligados a que quebrantar y disminuir algo el pedestal de algún ídolo histórico o contemporáneo.

En la vida de los sabios se dan, por lo común, dos fases: la creadora o inicial, consagrada a destruir los errores del pasado y al alumbramiento de nuevas verdades, y la senil o razonadora (que no coincide necesariamente con la vejez), durante la cual, disminuida la fuerza de producción científica, se defienden las hipótesis incubadas en la juventud, amparándolas con amor paternal del ataque de los recién llegados […] Empero no basta demoler: hay que construir. La crítica científica se justifica solamente entregando, a cambio de un error, una verdad: Por lo común la nueva doctrina surgirá de la ruinas de las abandonadas, y se fundará estrictamente sobre los hechos rectamente interpretados.

Creencia en el agotamiento de los temas científicos
He aquí otro de los falsos conceptos que se oyen a menudo a nuestros flamantes licenciados: “Todo lo substancial de cada tema científico está apurado; ¿Qué importa que yo pueda añadir algún pormenor, espigar en un campo donde más diligentes observadores recogieron copiosa mies? Por mi labor, ni la Ciencia cambiará de aspecto, ni mi nombre saldrá de la oscuridad”. […] Así habla muchas veces la pereza, disfrazada de modestia. Así discurren algunos jóvenes de mérito al sentir los primeros desmayos producidos por la consideración de la magna empresa […] En su anhelo por satisfacer la deuda honrosa contraída con sus maestros, el novel observador quisiera encontrar un filón nuevo y a flor de tierra, cuya fácil exploración levantara con empuje su nombre; mas, por desgracia, apenas emprendidas las primeras exploraciones bibliográficas reconoce con dolor que el metal yace a gran profundidad y que el yacimiento superficial ha sido casi agotado por observadores afortunados llegados antes que él, y que ejercitaron en cómodo derecho de primeros ocupantes […] No paran mientes lo que así discurren que si hemos llegado tarde para unas cuestiones, hemos nacido demasiado temprano para otras, y en que, a la vuelta de un siglo, nosotros vendremos a ser, por la fuerza de las cosas, los acaparadores de ciencia, los desfloradotes de asuntos y los esquilmadores de minucias. […] No es lícito, empero, desconocer que existen épocas en la cuales, a partir de un hecho casualmente descubierto o de la creación de un método feliz, se realizan en serie, y como por generación espontánea, grandiosos progresos científicos.

Culto exclusivo a la ciencia llamada práctica
Otro de los vicios del pensamiento que importa combatir a todo trance es la falsa distinción en ciencia teórica y ciencia practica, con la consiguiente alabanza de la última y el desprecio sistemático de la primera. Y este error se propala inconscientemente entre la juventud, desviándola de toda labor de inquisición desinteresada.

No son, ciertamente, las gentes del oficio las que incurren en semejante falta de apreciación, sino muchos abogados, literatos, industriales y, desgraciadamente, hasta algunos estadistas conspicuos, cuyas iniciativas de tan graves consecuencias pueden ser para la obra de la cultura patria.

A estos tales no se les caen de la boca las siguientes frases: “Menos doctores y más industriales. Las naciones no miden su grandeza por lo que saben, sino por la copia de conquistas científicas aplicadas al comercio, a la industria, a la agricultura, a la medicina y al arte militar […] Tal es el cúmulo de ineptas que a cada paso formulan los que, al viajar por el extranjero, ven, por un espejismo extraño, el progreso en los efectos y no en las causas; los que en sus cortos alcances, no advierten esos hilos misteriosos que enlazan la fábrica con el laboratorio, como el arroyo a su manantial […] En Alemania, en Francia, en Inglaterra, la fábrica vive en íntima comunión con el laboratorio, y por lo común el iniciador mismo de la verdad científica dirige, ora por sí, ora mediante sociedades explotadoras, el aprovechamiento industrial.

Cultivemos la ciencia por sí misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Estas llegan siempre; a veces tardan años; a veces, siglos. Poco importa que una verdad científica sea aprovechada por nuestros hijos o por nuestros nietos. Medrada andaría la causa del progreso de Galvani, si Volta, si Faraday, si Herz, descubridores fundamentales de la ciencia de la electricidad, hubieran menospreciado sus hallazgos por carecer entonces de aplicación industrial.

Pretendida cortedad de luces
Para justificar deserciones y desmayos alegan algunos falta de capacidad para la ciencia. “Yo tengo gusto por los trabajos de laboratorio –nos dicen-, pero no sirvo para inventar nada.” Cierto que hay cabezas refractarias para la labor experimental, y entre ellas contamos todas las incapaces de atención prolongada y exentas de curiosidad y de admirabilidad por las obras de la Naturaleza. Pero la inmensa mayoría de los que se confiesas incapaces, ¿lo son positivamente? ¿No exageran, tal vez, las dificultades de la empresa y la penuria de sus aptitudes? Tal creemos, ya añadiremos aún que muchos toman habitualmente por incapacidad la mera lentitud del concebir y del aprender, y, a veces, la propia pereza o falta de alguna cualidad de orden secundario, como la paciencia, la minuciosidad, la constancia, atributos que se adquieren pronto con el hábito del trabajo y la satisfacción del éxito.

En nuestro concepto, la lista de aptos para la labor científica es mucho más larga de lo que se cree, y se componen, no sólo de los talentos superiores, de los fáciles, de los ingenios agudos, codiciosos de reputación y ansiosos de enlazar su nombre a una obra grande, sino también de esos entendimientos regulares, conocidos con el dictado de mañosos, por la habilidad y tino con que realizan toda obra manual; de esos otros dotados de temperamento artístico y que sienten con vehemencia la belleza de las obras de la Naturaleza; en fin, de los meramente curiosos, flemáticos, cachazudos, devotos de la religión de lo menudo y capaces de consagrar largas horas al examen del más insignificante fenómeno natural.

Como han afirmado muchos pensadores y pedagogos, el descubrimiento no es fruto de ningún talento originariamente especial, sino del sentido común mejorado y robustecido por la educación técnica y por el hábito de meditar por los problemas científicos. Así, pues, quien disponga de regular criterio para guiarse en la vida, lo tendrá también para marchar desembrazado por el camino de la investigación.

El cerebro juvenil posee plasticidad exquisita, en cuya virtud puede, a impulsos de un enérgico querer, mejorar extraordinariamente su organización, creando asociaciones interideales nuevas, depurando y afinando el juicio.

Las deficiencias de la aptitud nativa son compensables mediante un exceso de trabajo y atención. Cabria afirmar que el trabajo sustituye al talento o, mejor dicho, crea el talento.

En la mayor parte de los casos, eso que llamamos talento genial y especial, no implica superior cualitativa, sino expeditiva, consistiendo solamente en hacer de prisa y con brillante éxito lo que las inteligencias regulares elaboran lentamente, pero bien. En vez de distinguir los entendimientos en grandes y pequeños, fuera preferible y más exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en lentos y rápidos. Los entendimiento rápidos son ciertamente los más brillantes y sugestivos; son insustituibles en la conversación, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea un factor decisivo; pero en la empresas científicas los lentos resultan tan útiles como los rápidos […] Aún osaríamos añadir que, por una compensación muy común, las cabezas lentas poseen gran resistencia para la atención prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones; mientras que las rápidas suelen fatigarse pronto, después de haber apenas desbrozado el terreno.

Si, a despecho de los esfuerzos hechos por mejorarla, nuestra memoria es inconstante y poco tenaz, administrémosla bien. Como dice Epicteto: “Cuando en el juego de la vida vienen malas cartas, no hay más remedio que sacar el mejor partido posible de las que se tienen” […] Por compensación, los escasamente memoriosos de palabras y de frases, suelen gozar de excelente retentiva de ideas y de series de razonamientos. Ya Locke notó que los dotados de gran ingenio y pronta memoria no sobresalen en el juicio.

Biblioteca
Cajal, 1897 – Reglas y Consejos sobre Investigación Científica

Ccäpitalia en YouTube

enero 10, 2010 on 10:38 am | In arte sonoro, internet, música electrónica | No Comments

Por fin, ya es hora. Hemos puesto en marcha un pequeño espacio donde ir colocando vídeos de alguna de nuestras actividades y otras tantas cosas que nos interesan.

Como no podía ser de otra forma, hemos querido inaugurar la videoteca de Ccäpitalia con aquella memorable actuación de Kim Cascone en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, en el marco del microfestival Tendencias Post-Digitales. Guardamos un cariño especial de aquel evento porque supuso el comienzo de actividades de la Asociación CRC, y algo más importante como compartir ilusiones y proyectos con grandes amigos.

[Ir a la Videoteca]

Inicios de la Industria Informática

enero 3, 2010 on 6:31 pm | In colección, hist. informática | No Comments

Adolfo García Yagüe | No resulta fácil establecer un momento a partir del cual empezar a escribir este texto. Hay autores que se remontan hasta el siglo XVII para presentarnos el antecedente más claro de una máquina de calcular mecánica: la pascalina, fabricada por el filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662). Siguiendo esta línea de estudio, a continuación es obligado recordar la figura del alemán Leibniz (1646-1716) para finalizar con la inacabada obra del británico Charles Babbage (1791-1871). Otros investigadores prefieren retroceder hasta antiguas civilizaciones en busca de utensilios como el ábaco chino, el quipu inca o el calculi romano. De igual forma, como veremos más adelante, tampoco es fácil atribuir -irrefutablemente- la paternidad del ordenador electrónico a un individuo concreto.

Desde mi punto de vista, considero que las computadoras son un invento “inevitable” de aquellas sociedades que alcanzan cierto grado de sofisticación tecnológica, a la vez que estas mismas sociedades se enfrentan a necesidades que superan las capacidades de cálculo de uno o más individuos. Además de los citados factores, parece claro que habría sido imposible el desarrollo de este invento -más allá de rudimentarios prototipos- sin el empuje de una industria fuerte, decidida a financiar ideas y comprometida con la innovación. Por estas razones me vais a permitir fijar un punto de partida en el siglo XX, en vísperas de la segunda guerra mundial. En aquellos años ya existe una industria especializada en la fabricación de máquinas para realizar cálculos y facilitar el tratamiento automático de información.

Los Inicios
Durante el siglo XIX la Revolución Industrial transformó radicalmente los procesos de fabricación y organización social. Los países y las empresas a la vanguardia de estos cambios se enfrentaban a retos totalmente nuevos como la automatización de los procesos de producción (telar de Joseph Marie Jacquard en 1801); el cálculo de tablas de navegación (primer y único prototipo construido de la maquina diferencial de Babbage en 1821); el Aritmómetro de Thomas de Colmar; comercio (caja registradora de James Ritty en 1897), la contabilidad bancaria (calculadora de William Burroughs en 1884) o la mecanización y recuento de datos del censo (calculador tabulador de tarjetas perforadas de Herman Hollerith en 1890). Los proyectos de Ritty, Burroughs y Hollerith lograron transformarse en compañías: National Manufacturing Company en 1879, Burroughs Adding Machine Company (1905) y Computing-Tabulating-Recording Company (CTR) en 1910.

En 1884 Ritty vendió su compañía a John Henry Patterson quien cambió el nombre por  National Cash Register Company (NCR). La gestión de Patterson era marcadamente comercial y agresiva, razón por la cual transformó la nueva organización en una compañía orientada al marketing y las ventas. De esta organización salió despedido el ejecutivo Thomas Watson que poco más tarde se incorporaría a CTR con el cargo de Gerente. En su nuevo destino Watson no tardó en poner en marcha las técnicas aprendida en NCR aportando su estilo propio para motivar e incentivar a sus empleados. Uno de estos cambios fue la sustitución del nombre. Según Watson era necesaria una denominación con más empaque: International Business Machines (IBM).

En 1924, año del inicio de actividad bajo el nombre de IBM, el mercado de las máquinas de oficina se repartía entre NCR, Burroughs Adding Machine y dos compañías de reciente creación: Remigton Rand y Underwood Elliot. Estas empresas dominaban el escritorio, es decir, calculadoras, cajas registradoras y máquinas de escribir. Aunque con grandes volúmenes, este era un mercado con mucha competencia que Watson quería evitar, razón por la cual prefirió dirigir sus esfuerzos hacia el nicho de las máquinas tabuladoras y, con buen criterio, orientar la acción comercial de IBM hacia las instituciones de gobierno y grandes empresas.

En pleno desarrollo del nuevo mercado sobrevino la depresión del 29. IBM fue de las pocas compañías que no registró pérdidas, incluso salió fortalecida. Durante los momentos más duros de aquella crisis la plantilla cerró filas en torno a la empresa y a su carismático líder cuyo estilo se convertirá en un referente de la gestión empresarial. Sin pretender restar méritos es preciso recordar que gran parte del éxito de IBM fue consecuencia de las medidas iniciadas por el recién elegido presidente Roosevelt. Tras el crack el Estado Federal intervino en las cuestiones económicas del país y se puso en marcha  la seguridad social. Estos profundos cambios de funcionamiento en la Administración y en las grandes empresas suponían nuevas tareas burocráticas susceptibles de ser automatizadas por las máquinas tabuladoras de IBM.

Universidades al servicio de la Guerra
Mientras que las compañías antes citadas comercializaban sus (ruidosas) máquinas mecánicas, algunos científicos del mundo académico empezaban a dirigir sus pasos en otras direcciones «más silenciosas». Es aquí donde sobresalen figuras de la talla de Vannevar Bush, John Vicent Atanasoff, John Von Neumann, Howard Aiken, Alan Turing, John Presper Eckert y John W. Mauchly.

Empecemos por Vannevar Bush. Formado en la Universidad de Harvard y en el MIT, donde ejerció como docente. Paralelamente, en el año 1922, pone en marcha la compañía American Appliance Company que más tarde cambiaría su nombre por el de Raytheon. Esta última compañía logró ser uno de los principales contratistas del Departamento de Defensa de EEUU. En 1931, mientras ejercía en el MIT, se construyó bajo su dirección la primera calculadora analógica conocida como Analizador Diferencial. Ésta máquina era capaz de resolver problemas de redes eléctricas mediante el cálculo de ecuaciones integrales y diferenciales. A principios de los años ’40 se realizó -en secreto- una nueva versión especializa confeccionar tablas de de tiro para la Marina de EEUU. Bush también es conocido por su participación en el desarrollo de la bomba atómica; o por su idea Memex, que es un concepto precursor a la World Wide Web.

Proseguimos éste texto remontándonos hasta el 19 de octubre de 1973, en el estado de Minnesota. Aquel día concluyó un largo proceso en el que el juez Earl R. Larson sentenciaba que la invención de partes esenciales de un ordenador electrónico correspondía al Dr. John Vicent Atanasoff. Ante la sorpresa de muchos, la pregunta que flotaba en el aire era ¿Quién es Atanasoff? Para contar su historia es preciso viajar al año 1930, cuando Atanasoff se doctoró en física teórica y empezó a trabajar como docente en el Iowa State Collage. En aquellas fechas Atanasoff se interesó en las posibilidades del cálculo automático y comenzó a estudiar las posibilidades de los equipos -mecánicos- existentes. No tardó en llegar a la conclusión de que las calculadoras mecánicas de escritorio eran insuficientes para resolver complejas ecuaciones. A continuación dirigió su interés hacia las máquinas tabuladoras de IBM para valorar la posibilidad de que varias de estas máquinas trabajaran simultáneamente, conectadas entre sí mediante cintas perforadas. El elevado precio de este planteamiento hizo desistir a Atanasoff de proseguir por esa vía. En el transcurso de su investigación Atanasoff tuvo noticia del Analizador Diferencial de Vannevar Bush. Tras estudiarlo llegó a la conclusión de que, a pesar de representar un gran avance frente a las máquinas mecánicas, aun resultaba insuficiente para resolver sistemas de ecuaciones lineales simultáneas. No obstante inició la construcción de una calculadora analógica con la ayuda del físico Glenn Murphy y el estudiante Lynn Hannum. Esta máquina vio la luz en 1936 y estaba especializada en cálculos de geometría de superficies.

Cuenta la leyenda que durante una fría noche del invierno de 1937 Atanasoff estaba sólo en un bar, tomándose una copa, cuando concibió -en una servilleta de papel-  los principios esenciales del ordenador moderno: (A) Basado en componentes electrónicos de los cuales, los condensadores, se emplearían para las funciones de memoria. (B) Utilización de números binarios en lugar de decimales. (C) Cualquier tarea de cálculo tenía que simplificarse en una secuencia de operaciones lógicas. Con estas premisas y con la colaboración de Clifford Edward Berry inició la construcción del ABC (Atanasoff Berry Computer). A finales de 1939 se presentó el prototipo del ABC. Aquella máquina no funcionaba con una fiabilidad absoluta. Era evidente que era una prueba de concepto y necesitaba mejoras. Quizás esta fue una de las razones que desanimó a la Iowa State University a tramitar las patentes que protegieran las ideas Atanasoff. De no ser por el veredicto del juez Larson la historia del ABC habría quedado olvidada. En cambio, como veremos más adelante, el veredicto de 1973 hizo que Atanasoff y su ABC pasaran a la historia.

En aquellos años en la Universidad de Harvard también se escribió un importante capítulo de la historia de la informática. Allí, Howard Aiken, Doctor de Física, publicó en 1937 un documento titulado “Proposed Automatic Calculating Machine”. En este breve texto Aiken resucitaba las ideas de Babbage y proponía la construcción de una máquina capaz de resolver cualquier operación matemática. A partir de este documento Aiken buscó entre los principales fabricantes de calculadoras apoyo financiero y técnico para la construcción de su máquina. Sólo IBM mostró interés en el proyecto por el prestigio que le aportaba  la colaboración con Harvard. Aunque no se ha probado su veracidad en aquellos años fue cuando Thomas Watson afirmó que «en el mundo hay mercado para, quizás, cinco ordenadores». Marketing, visión de mercado o quizás ambas cosas, lo cierto es que Watson puso a sus mejores ingenieros a trabajar en las ideas de Aiken y así construir la primera calculadora de la historia con capacidad de ejecutar instrucciones preprogramadas. Esta máquina fue bautizada con el imponente nombre de Harvard-IBM Automatic Sequence Controlled Calculator (ASCC), también conocida como Mark I.

Tras cinco años de trabajo el Mark I entró en servicio en abril de 1944. Su funcionamiento, basado en elementos electromecánicos, hacia recordar ciertos planteamientos de Babbage. El Mark I podía sumar, restar, multiplicar y dividir de acuerdo a una secuencia de instrucciones o programa que se introducía a través de cintas perforadas. Disponía de un grupo de 60 registros constantes, configurables por el operador a través de un panel de control, y un segundo grupo de 72 registros internos para que pudiera almacenar resultados intermedios de cada operación. Los resultados se imprimían en una máquina de escribir eléctrica y tarjetas perforadas. Este ordenador tardaba 0,3 segundos en transferir valores entre registros y en la realización de las operaciones básicas antes mencionadas. Mark I no fue comercializado y se destinó al cálculo de trayectorias balísticas por la Armada de EE.UU. Howard Aiken prosiguió su trabajo en Harvard con el apoyo financiero de la Armada y la Fuerza Aérea. Fruto de este trabajo son los sucesores Mark II (1947), Mark III (1950) y Mark IV (1952). En IBM, quizás influidos por el escepticismo de Thomas Watson, demoraron la entrada en el mundo de los ordenadores hasta otro momento.

Finalizamos este repaso de iniciativas académicas en la Universidad de Pensilvania. En este centro, el día 15 de febrero de 1946, se presentó el primer ordenador de la historia. Nos referimos a ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer). En líneas generales la historia se repetía: Un joven Doctor de Física empieza a trabajar como profesor y se enfrenta a un problema de cálculo que supera ampliamente a las capacidades de las calculadoras mecánicas tradicionales. El joven profesor era John William Mauchly y su proyecto consistía en predecir fenómenos climáticos a partir del comportamiento del Sol. Este proyecto, a pesar de tener una base sólida, no consiguió progresar por la dificultad que suponía procesar la gran cantidad de datos que recibía Mauchly procedentes del Departamento de Magnetismo Terrestre de la Carnegie Instituion. No obstante este proyecto orientó a Mauchly hacia la investigación  de técnicas de cómputo electrónico.

A pesar de la escasez de recursos, Mauchly no tardó en construir pequeños contadores digitales con lámparas de neón y una computadora analógica para procesar datos meteorológicos que bautizó con el nombre de Analizador Armónico. En diciembre de 1940, tras una conferencia donde Mauchly presentaba el Analizador Armónico, conoció a Atanasoff y ambos intercambiaron sus experiencias emplazándose para un encuentro posterior donde Mauchly conoció el ABC. Como veremos más adelante, este encuentro fue trascendente en el veredicto que años más tarde daría el juez Larson.

La segunda Guerra Mundial movilizó a numerosos científicos,  ingenieros e instituciones académicas en torno a proyectos estratégicos como comunicaciones, criptografía o desarrollo de nuevas armas. Este marco de colaboración hizo posible que Mauchly, junto a John Presper Eckert, comenzaran la construcción de ENIAC en la Universidad de Pensilvania en abril de 1943. Esta “pequeña” criatura ocupaba una superficie de 167 m2 y estaba constituido por 17.468 triodos termoiónicos, 7.200 diodos, 1.500 relés, 70.000 resistencias, 10.000 condensadores y 5 millones de soldaduras. Pesaba 27 toneladas y su programación, cuando requería modificaciones, precisaba de días de reconfiguración manual.

En el verano de 1945, John von Neumann, uno de los más destacados consultores científicos del ejército de EE.UU,  redactó un documento titulado “First draft of a report on the EDVAC” (Electronic Discrete Variable Automatic Computer). En este texto se ponía de manifiesto la lentitud de reconfiguración de ENIAC y proponía una nueva arquitectura en la que las instrucciones de las operaciones a realizar se guardaran en la misma memoria utilizada por los datos. Es decir, codificar en lenguaje binario o código máquina las instrucciones y dejarlas en memoria para que el ordenador las ejecute. Aquel documento, además de sentar las bases para la construcción de una nueva versión de ENIAC, describe la arquitectura que todavía hoy es la base de la mayoría de los ordenadores: la arquitectura von Neumann.

Eckert y Mauchly abandonaron la Universidad de Pensilvania con la intención de arrancar un proyecto empresarial. Tras su marcha, la disputa por la propiedad de las patentes les generó importantes conflictos con la Universidad y con el resto del equipo que participó en ENIAC. También tuvieron notables desencuentros con von Neumann por la “paternidad” de su arquitectura. A pesar de estos obstáculos, con el apoyo financiero del padre de Eckert, lograron fundar EMCC (Eckert–Mauchly Computer Corporation) y comenzar la construcción del UNIVAC (Universal Automatic Computer) para la Oficina de Censos de EE.UU. Esta máquina se suministró en marzo de 1951 y se convirtió en el primer ordenador comercial de la historia, aunque el  citado hito se etiquetó ya bajo marca Remington Rand al adquirir ésta la empresa de Eckert y Mauchly en febrero 1950.

Nacimiento de una nueva industria
La entrada en escena de Remington Rand en el mundo de los ordenadores marca el inicio de una nueva etapa totalmente dominada por las grandes compañías. En 1952 Thomas Watson Jr. asumió la presidencia de IBM y no compartía el escepticismo de su padre por lo que no tardó en aprobar el desarrollo del equipo 701, destinado a aplicaciones militares y conocido como Defense Calculator. Esta máquina, bajo la denominación 702, se adaptó para aplicaciones de gestión de empresas y supuso la aparición de la familia 700.  A pesar de la inferioridad del 702 frente a UNIVAC, IBM se convitió en poco tiempo en la compañía líder gracias a su motivada fuerza de ventas y capacidad de marketing. En 1955 la división de ordenadores de Remington Rand se fusionó con Sperry dando lugar a la firma Sperry Rand. Con el propósito de consolidar su posición, IBM puso en marcha un ambicioso plan de I+D que generó constantes innovaciones haciendo de esta compañía el referente tecnológico durante décadas. Tal fue el dominio de IBM en el mundo de la computación que se acuño la expresión “IBM y los siete enanitos” para describir el mercado. Los siete enanitos eran Control Data Corporation, Sperry Rand, NCR, Burroughs, Honeywell, RCA y General Electric.

Desenlace del caso Atanasoff
Antes de finalizar volvamos sobre la historia de Atanasoff y la trascendente sentencia del juez Larson. Para ello es necesario remontarse 1954. En aquel año Atanasoff recibió la misteriosa visita de un abogado de IBM para proponerle recuperar la propiedad de ciertas patentes que Sperry Rand disponía de la época de Mauchly y Eckert. Según IBM era fácil: Atanasoff tenía que buscar entre sus documentos correspondencia que mantuvo con Mauchly y ellos (IBM) aportarían informes técnicos sobre  las computadoras su competidor, Sperry Rand. Tras cumplir su parte del trato Atanasoff no volvió a tener noticias de IBM. Pasaron los años y en 1967 Atanasoff volvió a recibir otra visita de un abogado, esta vez de Control Data Corporation. Aquel abogado fue directo al grano y solicitó la ayuda de Atanasoff para defenderse frente a una demanda de Sperry Rand. Honeywell sería el siguiente en la particular «lista negra» de las patentes. Para su defensa Control Data necesitaba la correspondencia que Atanasoff  mantuvo con Mauchly. Pretendían demostar que Sperry Rand intentaba defender una propiedad intelectual que, en realidad, correspondía a Atanasoff. El litigio se alargó hasta 1973. En su sentencia el juez Larson invalidando las patentes de ENIAC propiedad de Sperry Rand y atribuyó la invención del primer ordenador digital a John Vincent Atanasoff. Como podéis sospechar, con la información que IBM obtuvo de Atanasoff cerró un acuerdo secreto con Sperry Rand y así frenó posibles demandas…

Me he extendido más de lo que esperaba. Si habéis aguantado la lectura hasta aquí solo me queda dar las gracias por vuestra paciencia y pediros disculpas por los errores que -involuntariamente- pueda haber cometido. He pretendido resumir la historia que se desarrolló en EE.UU. porque considero que es en este país donde ha nacido esta industria de la informática. A pesar de su importancia he omitido deliberadamente las historias de Alan Turing (Reino Unido) y de Konrad Zuse (Alemania). Sus biografías merecen un capítulo aparte que espero dedicarles en Ccäpitalia.

Colección | Relés, válvulas y transistores | Circuitos integrados y microprocesadores | Máquinas de Cálculo | El Aritmómetro | Datos, censo y tabuladoras

Última Nochevieja en Radar

diciembre 29, 2009 on 11:43 am | In música electrónica, radar bar | 1 Comment

Como todos estos años atrás celebraremos la Nochevieja en el bar con acceso libre para todo el mundo, a partir de las 01.00 de la madrugada.

Como os indicamos en el mensaje, este año será el último que abriremos este día. La razón ya es conocida por algunos, y básicamente se trata de que tenemos la intención de marcharnos a vivir a Perú y traspasar el bar en este próximo año. Esto no significa que vayamos a cerrar Radar inmediatamente; con certeza que estaremos todavía un cierto tiempo, que pueden ser incluso meses. Pero en cualquier caso, aunque todavía estuviésemos aquí la próxima Nochevieja, no volveremos a abrir ese día.

Llegado el momento ya os avisaremos a su debido tiempo cuando esto se vaya a producir, pero desde ya mismo queremos ir despidiéndonos de todos los que durante estos 13 años de existencia de Radar nos habéis apoyado y habéis permitido que hayamos estado abiertos durante casi década y media. Así que a modo de despedida, esta Nochevieja será la última y para ello hemos preparado unos Cd’s con material de diversas sesiones nuestras y con material inédito de algún Live Act que no se incluyó en los anteriores discos que hicimos.

Para quienes nos habéis visitado este día alguna vez no será novedad lo del tema de los bonos, pero para quien no esté informado, diremos que siempre preparamos unos bonos de 3 copas que este año hemos aumentado a 80 unidades y que se pueden comprar en el bar esa noche al mismo precio que el pasado año. Esta Nochevieja regalaremos con cada bono un cd (habrá dos compilaciones distintas) con la sesiones de Cnoi (un servidor), en el encuentro “Tendencias Post-Digitales” y en la tercera edición del festival de música experimental Sónikas. Asimismo, ambos cd’s incorporan piezas inéditas de los live acts de Danieto y de Q_ix.

Quien no desee bono, puede tomarse una copa al precio especial que ponemos en Nochevieja. Los precios de los bonos y de las copas son los que indicamos arriba.

Esta última Nochevieja se encargarán del audio Robert Calvin y Vadim Tudor, quienes han sido los habituales responsables de la música estos últimos años en dicho día. Ya sabéis que en Nochevieja la música es diferente a lo que suele escucharse en el bar, pero siempre intentamos que la gente lo pase bien y pueda escuchar desde revival de los 80 hasta synth pop, pasando por cierto bizarreo, etc… También avanzada la noche pasaremos alguna que otra botella de cava para brindar por el nuevo año. Siempre decimos que abriremos hasta las 07.00, aunque al final todos los años cerramos más tarde.

Bono de 3 copas nacionales + CD Cnoi Sessions: 16,00 euros
Bono de 3 copas importación + CD Cnoi Sessions: 19,00 euros.
Los bonos son limitados a 80.

Precios de las copas sin bonos:
Cerveza o refresco: 3,50 eur. · Cerveza importación: 4,50 eur. · Copa nacional: 6,00 eur. · Copa importación: 7,50 eur.

Audio: Robert Calvin & Vadim Tudor.

Un saludo a todos, feliz año nuevo y gracias a todos por estos años.

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