56K, ADSL y GPON

junio 30, 2018 on 5:52 pm | In colección, hist. telecomunicaciones | 3 Comments

Adolfo García Yagüe | Hace unas semanas hablábamos sobre el empleo de la red telefónica por los ordenadores. Recordábamos como los cables de cobre se han usado, además de para comunicarnos entre nosotros, para enviar datos. Desde los años ‘60 se han sucedido diferentes recomendaciones técnicas que intentaban aumentar el caudal de datos que podíamos enviar por los citados pares de cobre. Las más habituales fueron V.21, V.22, V.22bis, V.23, V.32, V.34, y así hasta la norma V.92. Aunque implementando diferentes técnicas, la aproximación de los módems y su correspondiente norma, usaban la región espectral dedicada a transportar nuestra voz. En cambio, hacia el final del siglo XX, se usó otra tecnología de transporte que también aprovechaba el cable de cobre pero haciendo uso de otras bandas de trasmisión siendo posible, incluso, simultanear una conversación telefónica con el envío de datos. Me refiero a ADSL (Asymmetric Digital Subscriber Line).

Digital Subscriber Line (xDSL)
ASDL rompía el techo de los 56Kbps (Kilobits por segundo) alcanzados con la tecnología V.92 y nos ofrecía un escalado de velocidades que arrancaba en los 128Kbps hasta llegar a cerca de 12Mbps. Semejante salto de velocidad se debía al uso simultáneo de todas las bandas de trasmisión existentes en un cable de cobre, y también al factor longitud y calidad del cable que nos unía con la central telefónica. Como he dicho antes, en la tecnología más popular, o ADSL, se respeta la región del espectro -del cable de cobre- dedicada a transportar una conversación.

Del gran salto de velocidad que ofrecía ADSL se aprovechó en la incipiente navegación en Internet. En efecto, fue una de las tecnologías que popularizaron su uso aunque años atrás ya se empezaba navegar con módems V.32bis (19200 bits por segundo), V.34 (28800 bps) y V.90 (56Kbps). ADSL nos brindaba la llamada “Banda Ancha” e introdujo en nuestras vidas los famosos test de velocidad para medir la respuesta de nuestra conexión. Aún hoy esta técnica y sus descendientes (ADSL2, ADSL2+ y VDSL) se siguen utilizando y, para muchas personas, es la única opción ya que carecen de otro medio de transmisión que no sea el veterano par de cobre.

Los grandes núcleos urbanos no tardaron en disponer del ADSL de Telefónica. Incluso los primeros usuarios tuvimos el privilegio de navegar por Internet con una dirección IP pública fija. En cambio, esta celeridad no se daba en pequeños municipios donde, en muchas ocasiones, no llegaban ni siquiera los servicios portadores necesarios para conectar el DSLAM (Digital Subscriber Line Access Multiplexer) a una red de transporte. El DSLAM ADSL es el equipo que se conecta a los pares telefónicos y que agrega nuestro tráfico de datos en un interfaz ATM de 155Mbps o 622Mbps. También hemos comentado las dificultades que tiene ADSL en tramos demasiado largos donde, quizás, se nos presta el servicio de voz desde un pueblo próximo pero separado una distancia incompatible con ADSL. Aun así, con alguna dificultad y soluciones subvencionadas como la conexión vía satélite, en el año 2011, en España, se hizo universal el servicio de Banda Ancha para acceso a Internet a una velocidad mínima de 1Mbps. Todo un logro si pensamos en la cantidad de zonas catalogadas como rurales que hay en nuestro país.

Passive Optical Network (PON)
Hacia el año 2005 los Operadores de Telecomunicaciones empezaron a pensar en la evolución de sus redes de acceso. Por un lado era evidente que necesitaban aumentar el ancho de banda que nos ofrecían y, por otro, sus redes de transporte (donde se conectan los DLSAM) estaban en plena evolución a MPLS (Multiprotocol Label Switching), es decir IP. Atrás quedaba, por lo tanto, ATM. Sobre la mesa estaba la evolución natural de ADSL: VDSL. Otra opción era seguir las recomendaciones del ITU-T y el FSAN (Full Service Access Network) donde –desde hacía años- ya se consideraba llevar fibra óptica a cada hogar y usar las tecnologías APON y BPON. En este caso la red de trasporte seguía siendo ATM. Por otra parte, en países como Corea de Sur y Japón, se estaban montando redes de fibra óptica hasta los hogares pero siguiendo las recomendaciones del IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers). Allí optaron por la norma EPON que básicamente es Ethernet punto-multipunto. Así las cosas, ya se empezaba a hablar de un nuevo estándar llamado GPON (Gigabit-capable Passive Optical Network) como evolución de APON y BPON.

Fijaros que dilema y las opciones que se abren. De una parte estamos hablando de un despliegue VDSL que aprovecha el bucle de abonado existente pero se requiere estar muy cerca de este (del abonado) para poder garantizar más ancho de banda. Telefónica llegó a considerar esta opción y dedicó un gran esfuerzo a ella bajo el nombre de Red 50. Incluso se llegó a plantear la instalación de armarios en las calles y en las propias comunidades de vecinos o RITI (Recinto de Instalación de Telecomunicaciones Inferior) -a menos de 300 metros del abonado- y conectar estos (los armarios) a una red de fibra óptica. Por otro lado, también en Telefónica, se deshojaba margarita con GPON y una red de acceso totalmente de fibra hasta los hogares, pero esto eran palabras mayores ya que estamos hablando de sustituir la actual red de pares por una nueva… Por lo tanto, se enfrentaban a una evolución (VDSL) o plantearlo como una revolución (GPON) que lo cambiaria todo.

En el mundo operador siempre se aprende de la experiencia ajena y, en este sentido, la experiencia asiática de una red totalmente pasiva, de fibra óptica, demostraba que se podía prescindir de los históricos cables de cobre. Por otra parte, en EE.UU., ya se estaban prestando servicios de banda ancha con APON y BPON, y la nueva tecnología GPON era la opción de continuidad. No obstante, la fisionomía de los tendidos y la planta exterior de Japón y EE.UU. difiere de la española y su experiencia no es 100% trasplantable a nuestras ciudades. Por eso, hacia el año 2006, la experiencia en GPON de vecinos como Portugal y Francia era más enriquecedora y, en muchos sentidos, se convirtieron en el referente para toda Europa de lo que estaba por venir.

Por fin, en el año 2008, Telefónica empezó a comercializar su servicio Imagenio de Televisión bajo demanda para fibra donde, además, integraba el tradicional servicio de voz. Es decir, sobre una única red de fibra óptica se transportaban los tres servicios esenciales: Voz fija, Datos y TV (a aquel pack de servicios se le llamó Trio Futura). En aquellos primeros pasos la nueva red se puso a funcionar con equipos de Ericsson, Alcatel-Lucent y Huawei. Al poco tiempo Ericsson dejó de ser una opción válida y quedaron solo Alcatel-Lucent y Huawei. Una cosa curiosa, que no ha pasado con las tecnologías precedentes, era la cuestión de la interoperabilidad entre fabricantes. Es decir, si el equipo de cabecera GPON, u OLT (Optical Line Termination) de Huawei, se conecta al equipo que tenemos en casa, u ONT (Optical Network Units) de Alu (Alcatel-Lucent abreviado), no funciona. Al contrario y entre cualquier fabricante, sucede igual. Es decir, GPON es un estándar pero cada fabricante “personaliza” la configuración para así tener un total control de sus equipos -extremo a extremo-… y exclusividad en la venta de los equipos de usuario…

Así las cosas, a los grandes operadores esto no les agradaba porque les impedía abrir el mercado a otros suministradores de ONTs y tampoco les permitía proyectar su imagen de marca en el dispositivo de usuario. Ante esta limitación, Telefónica encargó a TELNET Redes Inteligentes (empresa española en la que trabajo) un analizador que “viese” lo que estaba pasando con el tráfico y la configuración GPON, y así hacer un análisis de interoperabilidad entre fabricantes. TELNET se puso a trabajar en el proyecto con Tecnalia y ambos presentamos el primer analizador GPON del mundo: el GPON Doctor 8000.

Otro hito fue diseñar y fabricar -para Telefónica- la primera ONT interoperable con Alu y Huawei, y cualquier fabricante de OLT. Además fue un equipo pionero en el mundo en integrar los tres servicios anteriores (Voz, Datos y TV) en una caja y simplificar así la instalación del usuario. A aquello lo llamamos TriWave y fue el germen de las actuales ONTs de Telefónica. Si, esas tan simpáticas de color gris y blanco.

Acabo recordando que en el año 1990 en Tres Cantos, Madrid y en Sant Cugat del Vallés, Barcelona, Telefónica puso en marcha un proyecto piloto de fibra hasta los hogares con equipos del fabricante Raynet. Pocos conocen aquella experiencia pero, sin lugar a dudas, representa una parte de esta historia.

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CP/M de Digital Research y el software

junio 24, 2018 on 4:33 pm | In colección, hist. informática | 3 Comments

Adolfo García Yagüe | En muchos sentidos, cuando compras un ordenador, estás adquiriendo un montón de circuitos sin apenas utilidad. Es el software -los programas que instalas- los que te aportan una aplicación. Esto es algo que se conocía desde las primeras generaciones por eso, en aquel tiempo, el uso de ordenadores estaba restringido a gente con conocimientos sobre su funcionamiento interno. Fueron los lenguajes de alto nivel, en particular FORTRAN y COBOL, los que acercaron la informática a otras profesiones. Para el programador estos lenguajes intentan ser de fácil comprensión y memorización, en cambio, al nivel del hardware de la máquina, es necesario traducir aquel idioma de alto nivel en código muy básico que pueda ser interpretado por el microprocesador. A esa traducción la llamamos compilación y este -el compilador- es el programa que se encarga de generar código máquina a partir del que nosotros hemos escrito en, por ejemplo, PL/1, FORTRAN o C. Este proceso de compilación nos permite distribuir entre otros usuarios un programa en el que no se desvela como está escrito, y hace de él un producto más rápido y compacto. Obviamente, un programa compilado en un ordenador no funcionará en otra arquitectura. Es decir, tras la compilación, el código es específico para un determinado hardware. Otra técnica habitual es recurrir al intérprete. En este caso, un programa escrito en alto nivel es interpretado a código máquina instrucción por instrucción pero manteniendo el original. Eso significa que si un amigo nos pasa un programa escrito en, por ejemplo, Python, a través del software intérprete específico, puede correr en nuestra máquina. Esta aproximación fue ampliamente utilizada con el BASIC en Ordenadores Personales y Domésticos. Aquellos equipos incluían un intérprete de este lenguaje en su memoria ROM (Read Only Memory) y nos permitía, al encender el equipo, escribir un programa.

Microsoft, que en los primeros años se escribía Micro-Soft, inició sus actividades en 1975 comercializando un intérprete de BASIC para el Altair 8800 de MITS. Aquel software evolucionó y, como hemos comentado, llegó hasta la ROM de muchas maquinas. También desarrolló a una versión de su BASIC para el popular sistema operativo CP/M de Digital Research. En 1973 un ingeniero de Intel llamado Gary Kildall (1942-1994) estaba construyendo un microordenador a partir de componentes dispersos. El microprocesador y la memoria de Intel, una unidad de discos Shugart de 8” y la consola de teletipo de su oficina eran algunos de los componentes a su disposición. El objetivo de Kildall era programar algo que permitiese dar coherencia a todos aquellos elementos. Kildall además tenía claro que la arquitectura de ese software tendría que ser modular y permitir -en cualquier momento- adaptarse a un nuevo hardware sin afectar al interfaz de usuario y, por su puesto, a las aplicaciones ya programadas. Gary, con la ayuda de John Torode y de un grupo de alumnos de la escuela de la armada donde impartía clases, desarrolló el sistema operativo CP/M (Control Program/Monitor). Las primeras versiones de CP/M fueron presentadas en Intel donde apenas vieron utilidad. Tras este “éxito” abandonó su relación con Intel y junto a Torode se estableció como consultor bajo el nombre de Intergalactic Digital Research.

En 1976, entre MITS e IMSAI, existía una dura rivalidad comercial. Ambos fabricantes anunciaron la inminente disponibilidad de unidades de disco de 8 pulgadas para permitir, de forma sencilla y rápida, la carga de programas. La apuesta MITS consistía en una nueva versión del anteriormente mencionado intérprete de BASIC de Microsoft que funcionaría con unidades de disco. Por parte de IMSAI se llegó a un acuerdo con Kildall para licenciar su CP/M. Tras el encargo de IMSAI y posteriores pedidos de otras compañías, Gary decidió reescribir completamente el CP/M y dotarle de modularidad para permitir adaptar su sistema operativo al hardware de cualquier microordenador. Fue en ese momento cuando, junto a su esposa Dorothy McEwen (1943-2005), iniciaron las actividades de Digital Research, Inc. El primer producto comercial fue la versión 1.3 del CP/M-80 para microprocesadores 8080 y Z80. En la anatomía de aquella primera versión se aprecian con claridad sus tres elementos funcionales: BIOS (Basic Input Output System), BDOS (Basic Disk Operating System) y CCP (Console Command Processor). El módulo BIOS se encargaría de tener el contacto directo con el hardware, ofreciendo un plano común a los niveles superiores del propio CP/M (BDOS y CCP). La idea de Kildall era que cada fabricante desarrollase su propio módulo BIOS. A continuación, BDOS controlaba todas las operaciones relacionadas con el sistema de almacenamiento: creación y borrado de archivos, mantenimiento de directorios, etc. Por último, CCP era el responsable de interactuar con el usuario a través de la línea de comandos. Además se ofrecían otras utilidades complementarías como un editor de texto (TEX, Tex Formatter), un programa en ensamblador (MAC, Macro Assembler) y un debugger (SID, Symbolic Instruction Debugger).

En 1978 aparecería la hoja de cálculo VisiCalc. Este programa es la primera aplicación que aceleró la adopción de la microinformática. Su invención revolucionó por completo el mercado de los microordenadores haciendo que estos fueran realmente útiles para cualquier profesional. VisiCalc fue programada en BASIC por Daniel Bricklin (1951) y Bob Frankston (1949) sobre un Apple II. Numerosas notas de prensa y artículos alababan las capacidades de VisiCalc que empezó a comercializarse a través de la firma Personal Software. Toda una leyenda si recordamos que Dan y Bob no patentaron su idea provocando, sin querer, la aparición de competidores que les copiaron, entre ellos Lotus 1-2-3 y Multiplan de Microsoft.

Por otro lado, tras abandonar su cargo como director de marketing de IMSAI, Seymour Rubinstein (1934) se embarcó en el mundo de los procesadores de texto. No tardó en darse cuenta de que las aplicaciones para el tratamiento de texto estaban restringidas a entornos y máquinas muy concretas. A continuación concibió la idea de crear una empresa bajo el nombre de MicroPro con el objetivo de desarrollar un procesador de texto para CP/M. Para llevar a cabo su proyecto consiguió persuadir a John Robbins Barbaby (1934) que era programador de IMSAI. Ambos se pusieron manos a la obra logrando poner en marcha dos aplicaciones muy básicas, sin capacidades de impresión ni formato, para la edición de textos: WordMaster (1976) y SuperSort (1977). Siguieron trabajando hasta que en septiembre de 1978 concluyeron la versión 1.0 de WordStar para CP/M.

Vulcan, es otra de las aplicaciones que merece ser recordada por la trascendencia que tuvo. Era una base de datos para CP/M que programaron en sus ratos libres Wayne Ratliff (1946) y Jeb Long, en 1978. La utilidad para la que desarrollaron Vulcan era llevar el control de sus apuestas de fútbol. Posteriormente, tras emplearla para la gestión de sus impuestos, se dieron cuenta del potencial comercial que podía tener. En 1979 Vulcan apareció anunciada en la revista BYTE a un precio de 50 dólares. La lluvia de pedidos desbordó la capacidad de Wayne y Long por lo que decidieron parar la actividad de marketing y dedicarse únicamente a dar soporte del producto. En ese momento apareció George Tate quien negoció con Wayne los derechos de marketing y distribución de Vulcan que pasó a llamarse dBASE II.

Colección | El Ordenador Personal

El Ordenador Personal

junio 16, 2018 on 8:06 pm | In colección, hist. informática | 7 Comments

Adolfo García Yagüe | En toda historia hay periodos continuistas y otros más disruptivos. En el caso de la Informática, en el periodo que ahora abordamos, hay numerosos indicadores que nos llevan a pensar que aquellos años marcaron un antes y después.

Primero asistimos al nacimiento de una Industria. Ya hemos visto como, desde el mundo del “Aficionado a la electrónica”, llegaban nuevos emprendedores cargados de ideas frescas. Fue aquella gente la que empezó a redefinir el hardware del equipo, el software, el almacenamiento o los módems. Atrás quedaban las grandes compañías que habían marcado, hasta el momento, la evolución técnica.

Cómo no, presenciamos la entrada del ordenador en nuestras casas. Ahí se produjo un fenómeno que se extendió casi toda una década, la de los ‘80. Me refiero a la duplicidad de mercados: Ordenadores Personales, para el trabajar; y Home Computers o equipos domésticos para jugar. Hace años que esta diferenciación carece de sentido pero hubo un tiempo donde el mercado estaba bastante separado y en la elección, además del presupuesto destinado a comprar una máquina, influía el software disponible y su aplicación.

En el párrafo anterior apuntaba a la existencia dos mercados y en el reflejo que esto tenía en el precio de cada máquina. En efecto, en el mercado dirigido a los hogares, como el objetivo era ajustar el precio para hacerse un hueco, normalmente se recurría -como pantalla- a un televisor convencional y al magnetófono como unidad de almacenamiento. Más allá del tipo de microprocesador o la cantidad de memoria RAM, es ahí donde inicialmente encontramos las diferencias más llamativas entre Ordenador Personal y Home Computer.

En aquellos años tampoco faltaron experimentos. Como los fabricantes no tenían muy clara su idea de un ordenador, se ensayaba con configuraciones y diseños que parecen sacados de una película de ciencia ficción. También, es curioso observar, como otros diseñadores se adelantaban a su tiempo y, en aquel momento, fracasaron o pasaron desapercibidos. En definitiva, son años que recordaremos como disruptivos.

Empecemos hablando de Apple. Vimos que con el Apple 1 se cerraba una etapa dominada por los aficionados a la electrónica. Esta máquina se conectaba a un monitor y, a través de una tarjeta de ampliación, se podía usar un magnetófono para almacenar programas. Por supuesto, ya se consideraba el uso del teclado para introducir estos. No obstante, la ROM (Read Only Memory) de este ordenador tenía un programa más próximo a un programa monitor que a un sistema operativo y, ni mucho menos, ofrecía un lenguaje de alto nivel como BASIC. En definitiva, el Apple 1 era un ensayo de lo vendría después. Aquel sería el turno del Apple II. Este es el primer producto comercializado por Steve Jobs y Steve Wozniak para que cualquiera lo use con facilidad. Era un ordenador totalmente acabado que también podía ser conectado a un monitor y a un casete. Además, al encenderlo, se ejecutaba un intérprete en BASIC para empezar a hacer algo útil con él. Para los más ambiciosos existía la posibilidad de conectar una unidad de discos flexibles de 5”¼ que representaba un gran salto hacía el mundo profesional. Otro rasgo externo era su apreciado y profesional teclado. Aquel era de tipo mecánico, cómodo al tacto y sin escatimar espacio. Un diez de equipo.

En el lado opuesto podemos encontrar maquinas como el PET 2001, de Commodore. A pesar de compartir generación, su diseño trapezoidal nos hace pensar en otra época. Todo él es un bloque de hierro donde se incluye un monitor y un casete, y ahí, al lado de este, encontramos unos botones a modo de teclado que nos recuerdan más a un terminal punto de venta que a una máquina de escribir. El interior tampoco tiene desperdicio, una pesada fuente de alimentación da vida a una placa base que abusa de chips propietarios de la extinta MOS Technology… Aun así, esta máquina y las siguientes versiones, fueron la apuesta profesional de Commodore con la que consiguió bastantes ventas en el mercado.

Otra máquina que tuvo mucha repercusión, en especial en EE.UU., fue el Tandy TRS-80. Este ordenador, en su versión original o Model I, incluía un monitor que le daba un aspecto profesional pero fallaba al albergar su CPU dentro del teclado. Por supuesto, el método de almacenamiento natural era el magnetófono externo. No obstante, en el Model I, vemos como se empieza a considerar, como opción de ampliación, el uso del recién inventado mini disk o diskette de 5” ¼.

Acercándonos al Japón de los años `70 nos topamos con una máquina cuyas formas recuerdan lejanamente al Commodore PET 2001. Se trata del Sharp MZ-80K. Este ordenador contiene monitor, CPU, teclado y casete en un único bloque de metal pero, además, dispone -como opción- de unas cabinas donde podemos conectar tarjetas de expansión y una unidad de diskettes. Hay que decir que el teclado de la primera versión es muy pobre y poco profesional. Aun así este equipo y sus evoluciones lograron exportarse a Europa y gozaron de cierto mercado como máquinas “serias”.

En todo este revuelo Atari no podía perder la oportunidad de estar ahí. No olvidemos que tenía una gran imagen de marca como desarrollador de máquinas de videojuegos y no se le podían escapar los mercados que nacían. A propósito, recordar que Steve Jobs trabajó en Atari y que allí conoció a Howard Cantin, quién diseño la placa base del Apple 1. Pues bien, en 1979, Atari lanzo dos ordenadores el Atari 400 y el Atari 800. El primero estaba pensado para el hogar y hablaremos de él en otro texto y el segundo, el 800, se dirigía a un pretendido mercado profesional. Este último era una máquina autocontenida, con un teclado mecánico bastante bueno y con capacidad de expansión de memoria y otros periféricos como una unidad de discos. En ambas máquinas, heredado del mundo de las consolas, se nota la querencia de Atari por el uso de cartuchos para ejecutar juegos y programas como el BASIC.

En 1980, hasta la llegada al año siguiente del IBM PC, la cosa sigue por una línea parecida, es decir, entrar en el nuevo mercado y arriesgar en configuraciones atrevidas. Una empresa que consiguió trabajar en este nicho fue Hewlett Packard. Ya sabéis que allí trabajó Wozniak hasta que desestimaron su “alocada” idea de fabricar y comercializar un ordenador personal para las masas… Quizás, con algo de arrepentimiento, al inicio de los ‘80, esta firma presentó un ordenador que iba más allá de sus calculadoras programables: el HP-85. Se trataba de un equipo autocontenido, con un buen teclado, un intérprete BASIC en ROM pero, atención, incluía una pequeña impresora térmica, un pequeño monitor y una cinta de almacenamiento derivada de la inventada años atrás por 3M. Era un equipo que, en muchos sentidos y en su segmento, resultaba rompedor. Aquella máquina llegó a muchos sitios gracias al empuje comercial de HP y de su prestigio dentro del sector ingenieril y científico.

Como era necesario poder transportar “cómodamente” el ordenador, el Osborne 1 es considerado un hito de la innovación al permitirnos viajar cargando con él. Esta característica hace que a este equipo se le considere el primer portable de la historia, que no portátil. Además, Osborne es un buen ejemplo de esas empresas que, teniendo una gran idea y buenas ventas, fracasaron por una equivocada planificación. Como digo, no les bastó con tener aquella idea de la portabilidad, un buen teclado, unidades de disco incluidas, monitor y apostar por el sistema operativo CP/M. Acabó con ellos las demoras en el lanzamiento del Osborne 2 y su empeño de seguir en el mercado profesional con un Z-80 -y un monitor de 5 pulgadas- frente a los 16 bits de Intel y pantallas un poco más grandes.

Hablando de portabilidad, no hay que olvidarse en este repaso del Epson HX-20. Los ’80, sin duda, son la década de la miniaturización nipona. Los japoneses hacían de ello un distintivo y, todo lo que podía ser fabricado, era miniaturizado. A los ordenadores también les llegó su turno y empresas como Sharp y Epson nos sorprendieron con artefactos del tamaño de una calculadora. Dejando a un lado estas máquinas, me quiero centrar en el HX-20 y comentar una constante que se repitió unos años más. Me refiero al difícil compromiso técnico que existía entre dotar de Portabilidad a una máquina y hacerlo Portátil. Quiero decir que el Osborne, los Keypro o el Compaq son portables. Son pesados y relativamente potentes, pero no son autónomos es decir, no funcionan con baterías. En aquel momento, recurrir a la tecnología de baterías (básicamente níquel-cadmio) obligaba a bajar el consumo eléctrico y utilizar otros componentes como el novedoso cristal líquido (LCD) para la pantalla, procesadores optimizados para consumir poco, e ingenios como los microcassettes para el almacenamiento. Así es como se posicionó el Epson HX-20: Funcionaba con baterías recargables de NiCa, integraba un display LCD muy básico, almacenaba y recuperaba los programas en una diminuta cinta de cassette y disponía de una pequeña impresora. Esta configuración le convierte en un equipo muy ligero que permite al profesional escribir un texto mientras viaja o al operario tener a mano un ordenador para hacer lecturas a pie de calle.

Acabamos este paseo hablando del que pretendía ser el gran relevo del Apple II y término siendo su primer fracaso: El Apple III. Con él Apple quería cerrar un ciclo y abrir otro y, sin pretenderlo, despertó a otros competidores, especialmente a IBM. A diferencia del Apple II cuyo diseñador más prominente fue un técnico, Steve Wozniak, el Apple III fue diseñado por gente próxima a la mentalidad del venerado Steve Jobs, especialmente por profesionales con un enfoque más comercial. Esto se tradujo en hacer un diseño “grandilocuente” que contemplase cosas tan visionarias como el uso de los discos duros 5” ¼ y 5MB, recién inventados por Seagate, y algo tan de Jobs como no poner ningún ventilador para no sufrir molestos zumbidos… Esto, en un armazón poco ventilado donde todo está integrado, terminará dando problemas y así fue… A las semanas de estar en circulación, los primeros usuarios cosechaban problemas técnicos que se intentaron resolver. A pesar de la reacción de Apple, este equipo empezó a cosechar mala fama técnica, precio desmedido y sus ventas se resintieron. También Apple se equivocó al seguir apostando por un microprocesador de 8 bits y no permitir la compatibilidad directa y plena con el software del Apple II. Esta solo era posible recurriendo a un software de emulación y estaba muy limitada.

Termino dándome cuenta que, de las anteriores máquinas, solo el Apple II, Apple III y los Atari son en color… Eran años en que, existiendo la tecnología, apenas se le daba importancia y el uso de “colorines” resultaba un poco “frívolo” 🙂

Colección | CP/M de Digital Research y el software

Internet e Infovía

junio 4, 2018 on 5:51 pm | In colección, hist. informática, hist. telecomunicaciones, internet | 3 Comments

Adolfo García Yagüe | No es redundante recordar que Internet nació en las Universidades y que llegó a nuestras casas gracias a ellas. Fueron los Centros de Investigación de estas los que, necesitados de nuevas formas de comunicarse, empezaron a desarrollar una tecnología que, de otra forma, no nos habría llegado igual. No quiero decir que los fabricantes no fueran capaces de impulsar semejante innovación, simplemente recordar que a ellos les motiva promocionar una determinada tecnología si tienen control sobre esta. Es decir, inicialmente son cerrados e intentan posicionar sus patentes, más adelante, cuando ya no queda más remedio, se abren a estándares libres o de la competencia.

Los investigadores que desarrollaban su labor en las Universidades necesitaban compartir sus trabajos con otros con los que colaboraban. Querían poder mandar un mensaje a alguien o, simplemente, pertenecer a una lista donde cientos de colegas tenían intereses comunes. Todo esto, sin olvidar, que podía resultar imprescindible tener acceso a recursos como un ordenador central que, posiblemente, quedaba muy lejos de su país.

Como hemos visto, ARPANET se inició con un claro propósito militar. Aun así, conscientes de la innovación que nace en las mencionadas Universidades, se contó con ellas para que aportaran ideas. Más tarde, en el año 1984, los militares se separarían de ARPANET quedando esta en manos de investigadores y universitarios. Al año siguiente la NSF (National Science Foundation) cogió el testigo y puso en marcha una troncal que comunicaba cinco nodos equipados con grandes ordenadores. Aquella red se llamó NSFNET y ya, con una clara administración y objetivo, se convertiría en el núcleo sobre el crecer e ir pasando desde la antigua ARPANET.

Mientras esto sucedía, en Europa empezaban a “tejerse” las primeras redes entre Centros Universitarios. Obviamente, aquí la cosa era un poco más complicada porque había que poner de acuerdo a muchas Universidades, países, operadores, etc. No obstante, hacia mediados de los años ‘80, hay algunas redes entre Universidades escandinavas y Centros de Investigación. Estos, además, como el NORSAR de Noruega y el University College de Londres ya mantenían conexiones con la citada ARPANET.

Aun así, a pesar de estos aventajados, Europa es una región de “grandes” decisiones políticas y consenso… Por esta razón, para ponernos todos de acuerdo y que los políticos empezaran a subvencionar una red europea de investigación, se apostó -en lugar de TCP/IP– por protocolos avalados por instituciones como el CCITT o ITU-T, ejemplo de ello es la adopción de X.400 para el correo electrónico. También sucedió que, empresas como IBM, con la excusa de montar una red de (sus) grandes sistemas apostara por su tecnología y su red. En resumen, las Universidades tendían redes pero eran islas con dificultades para hablar con otras Universidades y Centros, y la evolución de estas era demasiado lenta y cara, y marcada por el CCITT y sus recomendaciones.

En 1988 resulta evidente que es necesario homogenizar el panorama e impulsar el desarrollo de una Red Paneuropea. Además es urgente arbitrar la conexión con otras redes. Ahí es donde comienza su actividad RedIRIS. Han sido sus profesionales los encargados de construir la gran red que conecta a las Universidades y Centros de Investigación españoles. Su labor ha sido y es imprescindible porque era necesario, además de conectar, negociar con los operadores, encargarse de fijar los criterios de evolución y divulgar entre todos los interesados.

Si el esfuerzo anterior no era suficiente, fue el mundo Universitario quién no tardaría mucho en darse cuenta que era necesario “abrir” el acceso a otros individuos y actores. Es por esta razón que, en el seno de Internet, aparecen los primeros negocios comerciales encargados de facilitar el acceso. Eran los ISP (Internet Service Provider) y, en España, el pionero en este terreno sería una empresa nacida en la Universidad Politécnica de Madrid, Goya Servicios Telemáticos.

A mi entender, el impulso definitivo de Internet vino de dos ámbitos totalmente dispares y distantes. Por un lado, en lo político, Bill Clinton y Al Gore sentaron las bases legales y económicas de aquella “autopista de la información”. De alguna forma se abría la veda para que cualquier actor pudiese usar Internet y, sobre todo, ya se advertía su potencial para desarrollar una nueva economía basada en la información, en lo digital, el conocimiento y los servicios. Por otra parte, y volvemos al entorno académico y científico del CERN (Conseil européen pour la recherche nucléaire), Tim Berners-Lee, un Ingeniero Informático, mientras desarrollaba herramientas para categorizar y compartir los resultados de las investigaciones de los científicos, inventó el World Wide Web e hizo amigable el uso de Internet.

Es este escenario de rápido crecimiento hay que hablar de nuestros ordenadores y empresas. Casi podemos decir que nos cogió desprevenidos porque Microsoft no nos había preparado para esta revolución :-). No quiero decir que para ellos Internet pasara desapercibido pero -da la sensación- que al inicio no supieron calibrar la magnitud de lo que se avecinaba. Prueba de ello es el tardío, aunque posteriormente exitoso, Microsoft Internet Explorer, fruto de la compra de la empresa Spyglass. En efecto, con Microsoft y con IBM estábamos atascados en los protocolos (sus protocolos) NetBIOS y NetBEUI. Aquello resolvía la comunicación básica en una red de área local pero presentaba numerosas limitaciones. Además no eran protocolos enrutables, como sí lo eran IPX de Novell o DECnet de Digital. Por otro lado, en lo que arquitecturas de redes se refiere, como dependiéramos de IBM se nos “premiaba” con su compleja y cautiva arquitectura SNA, o Token Ring para la Red Local.

Así las cosas, cuando empezó la década de los años 90, estrenábamos la versión 3.0 de Windows. Aquella versión, ni mucho menos, nos permitía desarrollar una Red Local. Era un mero entorno gráfico que corría sobre MS-DOS. Tuvimos que esperar la llegada de Windows 3.11 para tener un sistema operativo (aunque seguía dependiendo de MS-DOS) con capacidades de Red para compartir ficheros e impresoras. Pero, curiosamente, no existía soporte TCP/IP para navegar. Teníamos que recurrir a una aplicación o suite que nos ofreciera el protocolo TCP/IP y aplicaciones como PING, FTP o TELNET. Es por eso que, en aquella época, tuvieron cierta fama para conectarnos a Internet o redes IP programas como Chamaleon o Trumpet.

Todo cambiaría con la llegada del famoso Windows 95 e Internet Explorer. Aunque algunos seguíamos confiando en Netscape Navigator empezábamos a darnos cuenta que el fenómeno Microsoft parecía imparable: Windows NT, BackOffice, W95, las herramientas de Office, el Outlook, Visual Basic, IE, etc.

Para acabar tengo que citar a la fugaz Infovía. Aun siendo importante, su existencia fue efímera y consecuencia de un época. Básicamente, aquella iniciativa de Telefónica nos servía de Red de Acceso donde estaba presente nuestro ISP. De esta forma, si nuestro ISP estaba allí, podíamos llegar a él al precio de una llamada local. Todo un acierto que permitía a un ISP de otra ciudad distinta a la nuestra ser competitivo y abrirse a más clientes. Infovía también intentaba alargar la vida al concepto Ibertex. Es decir, podías navegar dentro de Infovía y acceder a los servicios (ya TCP/IP) que algunas empresas e instituciones allí prestaban: una red dentro de Internet. Obviamente aquel invento era consecuencia de una época y, la posterior liberalización de las comunicaciones, era incompatible con el acceso a los ISPs a través de Telefónica. También carecía de sentido mantener un coto de empresas y entidades bajo una red controlada por Telefónica.

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