Simon, el primer ordenador personal
marzo 24, 2018 on 7:52 pm | In colección, descarga textos pdf, hist. informática | 1 CommentAdolfo García Yagüe | Simon -o Simple Simon- fue la primera máquina de computación que se comercializó para uso personal y didáctico. Esto sucedió a finales de 1950 y fue fruto del empeño de un visionario llamado Edmund C. Berkeley (1909-1988). Berkeley fue miembro fundador, en 1947, de la ACM (Association for Computing Machinery). Además trabajó como consultor informático en Prudencial Insurance y conoció, directamente, a Claude E. Shannon (1916-2001), George R. Stibitz (1904-1995) y Howard H. Aiken (1900-1983). En comparación con el legado dejado por estos científicos e ingenieros, la contribución de Berkeley a la historia de la informática pasa inadvertida a pesar de su esfuerzo. Por esta razón he creído interesante escribir estas líneas y así recordar su trabajo, y añadir otro eslabón a la serie dedicada a la retroinformática.
Como hemos dicho, Berkeley fue un gran divulgador. Fue el primer autor en escribir un libro con el propósito de acercar al público, de manera seria y concisa, los principios y tecnologías en que se fundamentaban los ordenadores de su época. El libro se publicó en 1949 y llevó el sugerente título de Giant Brains, or Machines That Think. El tercer capítulo de esta obra se llama A Machine that will think y ahí introduce las líneas generales de su máquina Simon. Un año más tarde publicaría un artículo divulgativo en Scientific American presentando a Simon. De aquel texto destaca el párrafo final donde Berkeley ya pronostica que en el futuro tendremos un ordenador en nuestro hogar. Llego, incluso, a editar una reseña sobre Simon en el prestigioso Wall Street Journal.
Simon era una máquina que se vendía en kit, es decir, compras las piezas y te lo montas tú. Este ingenio estaba basado en relés y mediante una cinta perforada, como las empleadas en los teletipos, podías “lanzar” pequeños programas. Simple Simon estaba concebido para demostrar la potencia lógica de cualquier ordenador. Pensemos que esta época, hasta el texto de Shannon y, sobre todo, Alan Turing (1912-1954), los ordenadores son grandes y rápidas calculadoras. El hecho de emplearlos también para llevar a cabo sencillos razonamientos lógicos no era muy evidente para aquel que no hubiese tenido acceso a los estudios de Morgan, o los ya citados Turing y Shannon. Esto es, matemáticos y no mecánicos expertos en la fabricación de máquinas. En 1950, además del ya citado texto de Scientific American, Simple Simon fue objeto de un profundo estudio a través de una serie de trece capítulos publicados en la revista Radio Electronics y firmado por el propio Berkeley junto a Robert A. Jensen.
Lamentablemente, se comercializaron pocos kits de Simon… y llevarlo a buen puerto para un inexperto no era una tarea fácil. También resultaba caro para la época. Por estas razones Berkeley, junto a Oliver Garfield, simplificó sus ideas y recurrió a Shannon para diseñar en 1955, bajo el mismo espíritu divulgador, el GENIAC. Más tarde, aquel “tablero de madera con bombillas”, se fue ampliado con más ejercicios lógicos de la mano de BRAINIAC y TYNIAC. También publicaría, una vez más en Radio Electronics, un artículo de un autómata especializado en jugar a las tres en raya: Relay Moe Plays Tick-Tack-Toe. Por último, cabe recordar, que Berkeley sería uno de los primeros en escribir sobre los robots y sus posibilidades.
Durante su vida no paró de trasladar al gran público el momento actual. En este sentido, hacia mediados de los años sesenta, escribió otro libro memorable cuyo título nos recuerda la importancia de la lógica en la inteligencia artificial, The Programming Language LISP: Its Operation and Applications.
Colección | Minivac 601 | Educación e informática
Decarga artículos de Scientifc American, Radio-Electronics y más:
A Machine that will think. Edmund C. Berkeley, 1949
Simple Simon. Scientific American, 1950
World’s smallest electronic brain. Berkeley and Jensen. Radio-Electronics, 1950
Constrution plans for Simon. Berkeley and Jensen,1952
Telegrafía y Telefonía
marzo 18, 2018 on 11:56 am | In colección, hist. telecomunicaciones | 1 CommentAdolfo García Yagüe | La necesidad de comunicarse es tan antigua como la humanidad. La capacidad de generar diferentes sonidos y, a cada uno de ellos, darle un significado nos permitió comunicar al resto lo que nos rondaba por la cabeza. Esta forma de comunicación basada en nuestra voz, tan básica y natural, tenía una importante limitación relacionada con la distancia. Si esta aumentaba entre los interlocutores, las dificultades de escucha se presentaban. Por esta razón recurrimos al uso de señales y el sonido de nuestra voz quedó solo para comunicaciones muy próximas. Las señales nos permitieron llegar más lejos. Solo había que poner, entre emisor y receptor, a alguien que supiera interpretar las señales y se encargara de reenviar el mensaje. Esa interpretación requería de una codificación en la que cada letra o palabra se representaba por una secuencia limitada símbolos que podían ser vistos en la distancia. Así nacieron las primeras “comunicaciones ópticas” y hablamos de telegrafía óptica.
Telegrafía
Aquella telegrafía óptica era flexible y los militares se dieron cuenta de ello. Si el campo de batalla así lo exigía, rápidamente podían mandar un mensaje a casi cualquier parte. Únicamente necesitaban tener visibilidad entre el punto que enviaba y recibía el mensaje. También era importante que el enemigo no viera el mensaje y, si esto sucedía, no lo entendiera. Es lo que se conoce como cifrado o encriptación del mensaje. En el caso de que se quisiera mantener una comunicación estable entre los puntos era necesario “acomodar” a los intermediarios en un lugar de visibilidad privilegiada, algo así como un faro o torreón. Las ruinas de aquellos torreones aun hoy se pueden ver en algunos puntos de España y son lo que queda del telégrafo óptico del teniente Mathé (1800-1875).
Las redes del telégrafo óptico fueron eclipsadas -nunca mejor dicho- por el telégrafo eléctrico. El descubrimiento y dominio de la electricidad permitió enviar un mensaje entre dos puntos como una serie de pulsos eléctricos. Lógicamente era necesario que, entre ambos extremos, existiera un cable metálico por el que viajaban los citados pulsos. A este cable le llamaremos circuito. Samuel Morse (1791-1872) inventó una forma de codificar el mensaje: el famoso código Morse. De esta forma de codificar un mensaje se podían beneficiar las ya mencionadas comunicaciones ópticas o las -recién inventas- eléctricas.
En aquel momento las comunicaciones dejaron de ser cosa exclusiva de militares. Si queríamos dar capilaridad y llegar a muchos usuarios, estaba claro que era necesario tender y mantener una gran red de cables entre ciudades. Así nacen los operadores de telecomunicaciones y hacen posible el envío de mensajes entre, principalmente, hombres de negocios y gente acaudalada.
Telefonía
Nos encontramos en 1874 cuando Alexander Graham Bell (1847-1922), un logopeda de personas sordomudas, investigaba en las posibles aplicaciones de la electricidad en el campo de sonido. Bell inventó un aparato o transductor con el que era posible convertir una vibración mecánica -como la voz- en una señal eléctrica, y viceversa.
En la imagen anterior se muestra una réplica del ingenio que empleó Graham Bell el 12 de febrero de 1877 en la demostración pública que hizo estableciendo una comunicación telefónica entre las ciudades de Boston y Salem. En este antecesor del teléfono se aprecia un imán permanente en forma de “U”. A continuación, al final de cada extremo del imán, encontramos la bobina de un electroimán que se excita con el flujo eléctrico que viaja por la línea telefónica. Este cambio de magnetización del electroimán hace que una lengüeta metálica vibre con el sonido de nuestra voz. En el proceso contrario, la lengüeta vibrará con las ondas mecánicas de nuestra voz provocando el movimiento del núcleo de los electroimanes dentro de las bobinas que, a su vez, generarán una señal eléctrica con nuestra voz. Recordemos que el núcleo estos electroimanes está magnetizado por la presencia del imán permanente.
Con ciertas limitaciones, aquella señal eléctrica podía viajar por los mencionados circuitos o cables telegráficos. Bell se dio cuenta del potencial de su invento al que bautizó como Telégrafo Armónico. Tuvo serias disputas sobre aquella invención en la que otros inventores ya trabajaban pero, al final, sería Bell el que se llevó el gato al agua. En aquellas luchas ayudo -sin duda- la brillante dialéctica y carisma de Bell, y que no tardó en montar una compañía para explotar el invento, la Bell Telephone Company. Se ponía en marcha el servicio telefónico.
En los primeros años el teléfono era un asunto menor comparado con la seriedad del envío de un telegrama. Los hombres de bolsa lo veían con cierto desdén y cosa de “amas de casa”, casi un entretenimiento más. En cambio, los mensajes enviados a través del telégrafo eran concretos y “veraces”, estos se imprimían y no se podían manipular. En favor del terminal telefónico, es decir, el aparato a través del cual nos comunicamos, hay que mencionar que era más barato e infinitamente más fácil de manejar que el telégrafo. Casi cualquiera podía tener acceso a un teléfono y la red de cables tenía algo de humana porque, al descolgar el transductor por el hablábamos (o micrófono), nos preguntaban por el auricular (o transductor de la escucha) con quien deseábamos hablar. Incluso, en aquellos locos años, había tiempo para ensayar nuevos modelos de negocio alrededor de la mencionada red de cables. Uno de ellos es el antecesor del actual “hilo musical” y consistía en emitir música generada por un intérprete a través de una red de cables. Nos referimos al Tellarmonium, hito de la ingeniería y de la música eléctrica.
El teléfono se convirtió en el método de comunicación predilecto para las comunicaciones no oficiales o que exigían esa autentificación. Era una comunicación natural y rápida basada en la voz. Esta razón hizo que su crecimiento fuera exponencial. Todo el mundo quería tener un teléfono en casa y aquel aspecto humano de la Red (las señoritas que te preguntaban con quién querías hablar) dejó paso a una red automática donde tú tenías de indicar el número de teléfono de destino.
La red y los cables se perfeccionaron para transmitir los débiles impulsos eléctricos. Se trabajó en la estandarización a nivel internacional y, con los años, se produjo una fuerte evolución en los terminales disponibles y en la automatización de la red, llegando a casi cualquier rincón del mundo.
Red Telex
Era necesario inventar una red que combinara lo mejor de ambos mundos: la sencillez de un dial, a través del cual podíamos llamar a alguien, y la “robustez” de un mensaje telegráfico o escrito. Eso originó el nacimiento de la Red Telex cuyos terminales eran Teleimpresores con aspecto de máquina de escribir, fácilmente operables por cualquiera. Aunque la codificación Morse quedó anticuada años atrás, esta no cayó en desuso ya que era fácil de aprender por personas. En cambio para las máquinas o “modernos” terminales resultaba un poco limitada y lenta. Así se alumbró el telégrafo y codificación Baudot (1845-1903), más rápida y eficiente, y pensada para la comunicación de máquinas. Los primeros Teleimpresores usaban codificación Baudot para enviar sus mensajes y el circuito, o cable, que une a dos teleimpresores era un circuito que se establecía durante la comunicación y se liberaba cuando esta finalizaba. La Red se encargaba de establecer el circuito.
Para acabar, solo recordar que frente al terminal se sentaba una persona para hablar o escribir un mensaje. Eran los años ’50 del siglo pasado y la Red Telefónica ya estaba extendida y, sobre todo, pensada para transportar la voz de personas. Los ordenadores se acababan de inventar y, como hemos visto en otros textos, eran un recurso clave. Parecía lógico pensar que el siguiente paso era conectarlos entre si y acceder remotamente a ellos.
Colección | Marconi y el Día Internacional de la Radio | Telégrafo y Telecomunicación | Construcción de un Telégrafo | La Música Eléctrica del Cura Castillejo | La radio en España. Pioneros (1) | La radio en España. Radiotelegrafía (2)
Liderazgo Técnico y Transformación Digital
marzo 9, 2018 on 7:32 pm | In análisis de datos, innovación, internet | 1 CommentHace años, muchos años, en una conversación de bar, un colega y yo fantaseábamos con que en el futuro, los más importantes y ricos serían los técnicos. En aquellos años, lo que garantizaba el éxito profesional, era tener estudios de empresariales y económicas, y dedicarse al mundo de las finanzas. Era una época donde el triunfador yuppie exhibía un Porsche y el pelotazo era visto como algo normal. No existía Internet, tampoco teníamos móvil, pero ya se adivinada la revolución que suponía “controlar” de un ordenador.
Como digo, de aquello hace mucho tiempo y hoy, si rescatáramos aquella charla, nos sorprendería lo acertado de nuestro embriagado pronostico. A nadie escapa que, desde hace varias décadas, el freak técnico se ha encaramado a los rankings de los más poderosos, ricos e influyentes del mundo, y de ahí dudo que descienda. Todo lo contrario.
La revolución de Internet, y en general del ordenador personal, ha hecho posible la democratización de la tecnología. Casi cualquiera, con una buena idea y el suficiente respaldo (por supuesto, también de profesionales financieros), es capaz de proponer algo que de otra forma sería casi imposible. Esto significa que el control de la tecnología es un diferencial para progresar. Ya lo demostraron gente como Steve Wozniak, Bill Gates y Steve Jobs y, más recientemente, Jeff Bezos, Seguéi Brin, Larry Page, Mark Zuckerberg o Elon Musk. Es una constante que se repite.
Realmente, el núcleo diferencial de todas las empresas que comentamos: Apple, Microsoft, Amazon, Google, Facebook y Tesla, entre otros, es el dominio de la tecnología. Ellos inventan tecnología que les permite ser diferentes, mejores que el resto. En cambio, ese resto, empleamos la tecnología que ellos han inventado y que permiten que usemos. Podemos encontrar muchos ejemplos pero me centraré en el mundo de los datos. Ellos, por su naturaleza global (Internet) y para dar un mejor servicio al usuario, vieron que las todopoderosas bases de datos relacionales y los monolíticos ordenadores centrales, eran poco eficientes. Por esa razón inventaron o apadrinaron el uso de muchas máquinas, baratas y sencillas, conectadas entre sí formando un clúster. Por supuesto, para que esto funcionara había que meter mano en el sistema operativo y tunearlo a tu gusto. Así, el uso de Linux, tenía todo el sentido. Como escribía antes, las bases de datos relacionales han demostrado y demuestran, que son muy eficientes para acumular y recuperar cierto tipo de información muy tabulada. En cambio, en un entorno donde cada dato o atributo que define a un objeto o persona es diferente y estos, las personas, se cuentan por cientos de millones y están repartidos por todo el mundo, el concepto clásico de base de datos no escala bien, es decir, no crece al nivel que se espera.
Así nacieron las bases de datos NoSQL. Todos hemos oído hablar de Cassandra, Redix o MongoDB, por ejemplo. Es cierto que son herramientas accesibles y que cualquiera puede usarlas pero, si rascamos en sus orígenes, nos encontramos que han sido impulsadas por gente como Apache, VMWare, Facebook, Yahoo! o Google. Lo mismo sucede con el famoso Hadoop. Es decir, ya tengo una buena idea de negocio o de cambio “del mundo” pero, para llevarla a la práctica necesito crear una nueva tecnología. O al contrario: he creado una nueva tecnología que puede ser aplicada para este determinado negocio.
Lo anterior me lleva a pensar en el futuro de aquellas empresas, que aun siendo muy grandes y poderosas, intentan Trasformase Digitalmente y dejan la sensación de no conseguirlo plenamente. Sé que es un tema muy complicado y tiene muchos ángulos desde el que ser estudiado pero cabría pensar que, al carecer de ese liderazgo técnico, siempre van a ir un paso por detrás. Por supuesto que las herramientas están ahí, a su alcance, como para ti y para mí. Pero ellos solo usan lo que escapa de las patentes -e incluso del secreto- (de los tecnólogos). Tampoco, por ejemplo, son capaces de impulsar una Comunidad de Desarrolladores, un nuevo algoritmo para el análisis de datos, o un estándar y, carecen de la visión, espíritu y dinero para apostar en ideas que puedan parecer alocadas.
Datos, datos y más datos
marzo 8, 2018 on 3:45 pm | In análisis de datos, ciberseguridad, innovación, internet | No CommentsHace unos días, en una intervención de Dimas Gimeno, presidente de El Corte Inglés, hablaba de la necesidad de equiparar a todos con las mismas reglas de juego, se refería, como es de suponer, a las empresas que están dando pequeños mordiscos al negocio tradicional de esta marca. También dejaba ver la necesidad de cambiar porque, queramos o no, los hábitos de los consumidores cambian y, como no, también se refirió al manido tema de los datos. Nos recordaba los 75 años de historia de ECI y de la experiencia que ello le confiere en “ese conocimiento del cliente”. Casi de igual forma se manifestaba Chema Alonso en la víspera del MWC, cuando desveló el significado de Aura. Nos contaba que ellos, Telefónica, tienen acceso a muchos datos porque llevan casi 100 años prestando servicio. Está claro que cada uno comenta cosas muy diferentes pero ambos hablaban de una realidad que está ahí, los datos.
Comerciar con los datos no es nuevo para nadie. Recordar cuando nos sentíamos importantes por ver nuestro nombre en las mastodónticas guías telefónicas… Menos ilusión hacía cuando empezábamos a recibir en nuestro domicilio publicidad no solicitada. ¿Cómo llega nuestro número de teléfono a una empresa de telemarketing? Mejor ni pensarlo… ¿De dónde salen nuestros datos? Si hablamos de empresas como ECI es similar: Cuando te haces una tarjeta de cliente o fidelización sueles estar «controlado». Aquellas tarjetas, que nacieron con el sano propósito de financiar la compra, pronto se usaron como un medio más de conocer nuestro patrón de consumo. Me olvidaba: Otros que saben mucho de datos son los bancos. Ellos conocen, de primera mano, cuales son nuestros ingresos y gastos.

¿Qué ha cambiado?
Estos datos estaban antes de que naciéramos: Nuestro DNI, teléfono, dirección, ingresos, gastos y, como veíamos, la cesta de la compra. La aparición de Internet y el uso masivo del correo electrónico hizo que a esta lista de datos (digamos básica) se añadieran otros. Recordar, no tardamos en ser castigados con el molesto spam… Por otra parte, las comunicaciones en Internet, para que funcionen, requiere de una dirección IP única y, con todo el sentido, un administrador de un servidor web está interesado en conocer cuántos visitantes se cuelgan de su página. Así las cosas, irrumpen los buscadores cuya misión principal es hacernos la vida más cómoda en Internet. Ellos actúan de intermediarios entre nosotros e Internet. Conocen todo lo que buscamos y lo guardan en sus bases de datos. En un principio solo conocen nuestra dirección IP, que puede cambiar en cada acceso que hacemos, pero se cuidan de enviarnos una silenciosa piececita de software -o cookie- con la que nos identificamos (sin saberlo). Recordar que el uso de estas cookies es generalizado y no es exclusivo de un buscador. Ya nos tiene controlados y pueden modelar o dirigir nuestra navegación y atención como quieran. Más tarde nos regalaron direcciones de correo y espacio de almacenamiento y, lógicamente, nos teníamos que registrar y aportarles más detalles sobre nuestra identidad. Por último, se les ocurrió montar una red de conocidos dentro de Internet con la que podríamos compartir imágenes, textos o cualquier archivo multimedia. Esa red, para que funcione y sea eficiente, tiene que almacenar todo lo que queremos compartir. Es decir, son más datos vinculados con nosotros.
En modo alguno pretendo criticar o dirigirme contra esta industria pues, esta forma de funcionar, ha demostrado mejorar nuestra experiencia en Internet. También ha permitido innovar en campos donde parecía que todo estaba inventado y está iniciando una fuerte Trasformación, Digital por supuesto. Es cierto que esta Transformación está provocando que muchos sectores vean amenazada su posición o puestos de trabajo, y que el uso de cierta tecnología haga aumentar, exponencialmente, la riqueza de unos pocos en contra del desempleo de muchos. Creo que esta situación no nos conviene en una sociedad pues, a la larga, es mala para todos y tendremos o tenderemos a remediarla.
Tampoco nos conviene, como individuos, perder nuestra privacidad. Aunque nuestros datos estén ahí, no creo que a nadie de Google o Facebook le interese quien soy. A ellos les interesa el conjunto del que formo parte. Ellos usan nuestros datos analizándolos para entender o predecir que hacemos o que queremos. Parece ser que, incluso, pueden conocer un resultado electoral analizando la actividad previa en Twitter… En fin, para nuestro consuelo, hay que decir que muchas de las decisiones clave de estas empresas, incluidas las poner en marcha una nueva iniciativa, se toman analizando estos datos y es importante no olvidar que, aun así, se equivocan y fracasan, y algunos proyectos acaban en la basura por culpa su interpretación.
En cambio, sí me preocupa el uso criminal de esta información. Si los datos que almacena Facebook, LinkedIn, Apple o cualquier otro, caen en manos inadecuadas podemos encontrarnos con situaciones incomodas. Es importante recordar esto para que la próxima vez que nos suscribamos a una nueva plataforma o tarjeta de fidelización pensemos: ¿Si me doy de alta aquí y alguien “malicioso” se entera, en que me vuelvo vulnerable? ¿Alguien me puede atacar sabiendo el tipo de café que tomo?
Vistando Museos (Ordenadores y Telecomunicaciones)
marzo 1, 2018 on 6:02 pm | In galería de imágenes, hist. informática, hist. telecomunicaciones | No CommentsSiempre que tengo oportunidad de salir de mi ciudad intento hacer alguna escapada a algún museo. No oculto que tengo debilidad por aquellos que atesoran piezas de tipo tecnológico. Para mi representan una forma de reflexionar sobre el pasado y buscar algo de inspiración para abordar el futuro… y si puedo, y me lo permiten, intento sacar alguna fotografía de las piezas más llamativas.
Durante mucho tiempo he ido conservando estas fotos en un disco duro que solo yo -muy de vez de cuando- volvía a mirar. Bien, es hora de ir sacando a la luz estos recuerdos para que no queden en el olvido y aquellos de vosotros que estéis interesados, podáis copiar y disfrutar. Aprovechado esta colección, he creído oportuno añadir algunos diagramas de algunas máquinas para que veáis su evolución. También alguna foto que localicé por Internet.
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