56K, ADSL y GPON
junio 30, 2018 on 5:52 pm | In colección, hist. telecomunicaciones | 3 CommentsAdolfo García Yagüe | Hace unas semanas hablábamos sobre el empleo de la red telefónica por los ordenadores. Recordábamos como los cables de cobre se han usado, además de para comunicarnos entre nosotros, para enviar datos. Desde los años ‘60 se han sucedido diferentes recomendaciones técnicas que intentaban aumentar el caudal de datos que podíamos enviar por los citados pares de cobre. Las más habituales fueron V.21, V.22, V.22bis, V.23, V.32, V.34, y así hasta la norma V.92. Aunque implementando diferentes técnicas, la aproximación de los módems y su correspondiente norma, usaban la región espectral dedicada a transportar nuestra voz. En cambio, hacia el final del siglo XX, se usó otra tecnología de transporte que también aprovechaba el cable de cobre pero haciendo uso de otras bandas de trasmisión siendo posible, incluso, simultanear una conversación telefónica con el envío de datos. Me refiero a ADSL (Asymmetric Digital Subscriber Line).
Digital Subscriber Line (xDSL)
ASDL rompía el techo de los 56Kbps (Kilobits por segundo) alcanzados con la tecnología V.92 y nos ofrecía un escalado de velocidades que arrancaba en los 128Kbps hasta llegar a cerca de 12Mbps. Semejante salto de velocidad se debía al uso simultáneo de todas las bandas de trasmisión existentes en un cable de cobre, y también al factor longitud y calidad del cable que nos unía con la central telefónica. Como he dicho antes, en la tecnología más popular, o ADSL, se respeta la región del espectro -del cable de cobre- dedicada a transportar una conversación.
Del gran salto de velocidad que ofrecía ADSL se aprovechó en la incipiente navegación en Internet. En efecto, fue una de las tecnologías que popularizaron su uso aunque años atrás ya se empezaba navegar con módems V.32bis (19200 bits por segundo), V.34 (28800 bps) y V.90 (56Kbps). ADSL nos brindaba la llamada “Banda Ancha” e introdujo en nuestras vidas los famosos test de velocidad para medir la respuesta de nuestra conexión. Aún hoy esta técnica y sus descendientes (ADSL2, ADSL2+ y VDSL) se siguen utilizando y, para muchas personas, es la única opción ya que carecen de otro medio de transmisión que no sea el veterano par de cobre.
Los grandes núcleos urbanos no tardaron en disponer del ADSL de Telefónica. Incluso los primeros usuarios tuvimos el privilegio de navegar por Internet con una dirección IP pública fija. En cambio, esta celeridad no se daba en pequeños municipios donde, en muchas ocasiones, no llegaban ni siquiera los servicios portadores necesarios para conectar el DSLAM (Digital Subscriber Line Access Multiplexer) a una red de transporte. El DSLAM ADSL es el equipo que se conecta a los pares telefónicos y que agrega nuestro tráfico de datos en un interfaz ATM de 155Mbps o 622Mbps. También hemos comentado las dificultades que tiene ADSL en tramos demasiado largos donde, quizás, se nos presta el servicio de voz desde un pueblo próximo pero separado una distancia incompatible con ADSL. Aun así, con alguna dificultad y soluciones subvencionadas como la conexión vía satélite, en el año 2011, en España, se hizo universal el servicio de Banda Ancha para acceso a Internet a una velocidad mínima de 1Mbps. Todo un logro si pensamos en la cantidad de zonas catalogadas como rurales que hay en nuestro país.
Passive Optical Network (PON)
Hacia el año 2005 los Operadores de Telecomunicaciones empezaron a pensar en la evolución de sus redes de acceso. Por un lado era evidente que necesitaban aumentar el ancho de banda que nos ofrecían y, por otro, sus redes de transporte (donde se conectan los DLSAM) estaban en plena evolución a MPLS (Multiprotocol Label Switching), es decir IP. Atrás quedaba, por lo tanto, ATM. Sobre la mesa estaba la evolución natural de ADSL: VDSL. Otra opción era seguir las recomendaciones del ITU-T y el FSAN (Full Service Access Network) donde –desde hacía años- ya se consideraba llevar fibra óptica a cada hogar y usar las tecnologías APON y BPON. En este caso la red de trasporte seguía siendo ATM. Por otra parte, en países como Corea de Sur y Japón, se estaban montando redes de fibra óptica hasta los hogares pero siguiendo las recomendaciones del IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers). Allí optaron por la norma EPON que básicamente es Ethernet punto-multipunto. Así las cosas, ya se empezaba a hablar de un nuevo estándar llamado GPON (Gigabit-capable Passive Optical Network) como evolución de APON y BPON.
Fijaros que dilema y las opciones que se abren. De una parte estamos hablando de un despliegue VDSL que aprovecha el bucle de abonado existente pero se requiere estar muy cerca de este (del abonado) para poder garantizar más ancho de banda. Telefónica llegó a considerar esta opción y dedicó un gran esfuerzo a ella bajo el nombre de Red 50. Incluso se llegó a plantear la instalación de armarios en las calles y en las propias comunidades de vecinos o RITI (Recinto de Instalación de Telecomunicaciones Inferior) -a menos de 300 metros del abonado- y conectar estos (los armarios) a una red de fibra óptica. Por otro lado, también en Telefónica, se deshojaba margarita con GPON y una red de acceso totalmente de fibra hasta los hogares, pero esto eran palabras mayores ya que estamos hablando de sustituir la actual red de pares por una nueva… Por lo tanto, se enfrentaban a una evolución (VDSL) o plantearlo como una revolución (GPON) que lo cambiaria todo.
En el mundo operador siempre se aprende de la experiencia ajena y, en este sentido, la experiencia asiática de una red totalmente pasiva, de fibra óptica, demostraba que se podía prescindir de los históricos cables de cobre. Por otra parte, en EE.UU., ya se estaban prestando servicios de banda ancha con APON y BPON, y la nueva tecnología GPON era la opción de continuidad. No obstante, la fisionomía de los tendidos y la planta exterior de Japón y EE.UU. difiere de la española y su experiencia no es 100% trasplantable a nuestras ciudades. Por eso, hacia el año 2006, la experiencia en GPON de vecinos como Portugal y Francia era más enriquecedora y, en muchos sentidos, se convirtieron en el referente para toda Europa de lo que estaba por venir.
Por fin, en el año 2008, Telefónica empezó a comercializar su servicio Imagenio de Televisión bajo demanda para fibra donde, además, integraba el tradicional servicio de voz. Es decir, sobre una única red de fibra óptica se transportaban los tres servicios esenciales: Voz fija, Datos y TV (a aquel pack de servicios se le llamó Trio Futura). En aquellos primeros pasos la nueva red se puso a funcionar con equipos de Ericsson, Alcatel-Lucent y Huawei. Al poco tiempo Ericsson dejó de ser una opción válida y quedaron solo Alcatel-Lucent y Huawei. Una cosa curiosa, que no ha pasado con las tecnologías precedentes, era la cuestión de la interoperabilidad entre fabricantes. Es decir, si el equipo de cabecera GPON, u OLT (Optical Line Termination) de Huawei, se conecta al equipo que tenemos en casa, u ONT (Optical Network Units) de Alu (Alcatel-Lucent abreviado), no funciona. Al contrario y entre cualquier fabricante, sucede igual. Es decir, GPON es un estándar pero cada fabricante “personaliza” la configuración para así tener un total control de sus equipos -extremo a extremo-… y exclusividad en la venta de los equipos de usuario…
Así las cosas, a los grandes operadores esto no les agradaba porque les impedía abrir el mercado a otros suministradores de ONTs y tampoco les permitía proyectar su imagen de marca en el dispositivo de usuario. Ante esta limitación, Telefónica encargó a TELNET Redes Inteligentes (empresa española en la que trabajo) un analizador que “viese” lo que estaba pasando con el tráfico y la configuración GPON, y así hacer un análisis de interoperabilidad entre fabricantes. TELNET se puso a trabajar en el proyecto con Tecnalia y ambos presentamos el primer analizador GPON del mundo: el GPON Doctor 8000.
Otro hito fue diseñar y fabricar -para Telefónica- la primera ONT interoperable con Alu y Huawei, y cualquier fabricante de OLT. Además fue un equipo pionero en el mundo en integrar los tres servicios anteriores (Voz, Datos y TV) en una caja y simplificar así la instalación del usuario. A aquello lo llamamos TriWave y fue el germen de las actuales ONTs de Telefónica. Si, esas tan simpáticas de color gris y blanco.
Acabo recordando que en el año 1990 en Tres Cantos, Madrid y en Sant Cugat del Vallés, Barcelona, Telefónica puso en marcha un proyecto piloto de fibra hasta los hogares con equipos del fabricante Raynet. Pocos conocen aquella experiencia pero, sin lugar a dudas, representa una parte de esta historia.
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Internet e Infovía
junio 4, 2018 on 5:51 pm | In colección, hist. informática, hist. telecomunicaciones, internet | 3 CommentsAdolfo García Yagüe | No es redundante recordar que Internet nació en las Universidades y que llegó a nuestras casas gracias a ellas. Fueron los Centros de Investigación de estas los que, necesitados de nuevas formas de comunicarse, empezaron a desarrollar una tecnología que, de otra forma, no nos habría llegado igual. No quiero decir que los fabricantes no fueran capaces de impulsar semejante innovación, simplemente recordar que a ellos les motiva promocionar una determinada tecnología si tienen control sobre esta. Es decir, inicialmente son cerrados e intentan posicionar sus patentes, más adelante, cuando ya no queda más remedio, se abren a estándares libres o de la competencia.
Los investigadores que desarrollaban su labor en las Universidades necesitaban compartir sus trabajos con otros con los que colaboraban. Querían poder mandar un mensaje a alguien o, simplemente, pertenecer a una lista donde cientos de colegas tenían intereses comunes. Todo esto, sin olvidar, que podía resultar imprescindible tener acceso a recursos como un ordenador central que, posiblemente, quedaba muy lejos de su país.
Como hemos visto, ARPANET se inició con un claro propósito militar. Aun así, conscientes de la innovación que nace en las mencionadas Universidades, se contó con ellas para que aportaran ideas. Más tarde, en el año 1984, los militares se separarían de ARPANET quedando esta en manos de investigadores y universitarios. Al año siguiente la NSF (National Science Foundation) cogió el testigo y puso en marcha una troncal que comunicaba cinco nodos equipados con grandes ordenadores. Aquella red se llamó NSFNET y ya, con una clara administración y objetivo, se convertiría en el núcleo sobre el crecer e ir pasando desde la antigua ARPANET.
Mientras esto sucedía, en Europa empezaban a “tejerse” las primeras redes entre Centros Universitarios. Obviamente, aquí la cosa era un poco más complicada porque había que poner de acuerdo a muchas Universidades, países, operadores, etc. No obstante, hacia mediados de los años ‘80, hay algunas redes entre Universidades escandinavas y Centros de Investigación. Estos, además, como el NORSAR de Noruega y el University College de Londres ya mantenían conexiones con la citada ARPANET.
Aun así, a pesar de estos aventajados, Europa es una región de “grandes” decisiones políticas y consenso… Por esta razón, para ponernos todos de acuerdo y que los políticos empezaran a subvencionar una red europea de investigación, se apostó -en lugar de TCP/IP– por protocolos avalados por instituciones como el CCITT o ITU-T, ejemplo de ello es la adopción de X.400 para el correo electrónico. También sucedió que, empresas como IBM, con la excusa de montar una red de (sus) grandes sistemas apostara por su tecnología y su red. En resumen, las Universidades tendían redes pero eran islas con dificultades para hablar con otras Universidades y Centros, y la evolución de estas era demasiado lenta y cara, y marcada por el CCITT y sus recomendaciones.
En 1988 resulta evidente que es necesario homogenizar el panorama e impulsar el desarrollo de una Red Paneuropea. Además es urgente arbitrar la conexión con otras redes. Ahí es donde comienza su actividad RedIRIS. Han sido sus profesionales los encargados de construir la gran red que conecta a las Universidades y Centros de Investigación españoles. Su labor ha sido y es imprescindible porque era necesario, además de conectar, negociar con los operadores, encargarse de fijar los criterios de evolución y divulgar entre todos los interesados.
Si el esfuerzo anterior no era suficiente, fue el mundo Universitario quién no tardaría mucho en darse cuenta que era necesario “abrir” el acceso a otros individuos y actores. Es por esta razón que, en el seno de Internet, aparecen los primeros negocios comerciales encargados de facilitar el acceso. Eran los ISP (Internet Service Provider) y, en España, el pionero en este terreno sería una empresa nacida en la Universidad Politécnica de Madrid, Goya Servicios Telemáticos.
A mi entender, el impulso definitivo de Internet vino de dos ámbitos totalmente dispares y distantes. Por un lado, en lo político, Bill Clinton y Al Gore sentaron las bases legales y económicas de aquella “autopista de la información”. De alguna forma se abría la veda para que cualquier actor pudiese usar Internet y, sobre todo, ya se advertía su potencial para desarrollar una nueva economía basada en la información, en lo digital, el conocimiento y los servicios. Por otra parte, y volvemos al entorno académico y científico del CERN (Conseil européen pour la recherche nucléaire), Tim Berners-Lee, un Ingeniero Informático, mientras desarrollaba herramientas para categorizar y compartir los resultados de las investigaciones de los científicos, inventó el World Wide Web e hizo amigable el uso de Internet.
Es este escenario de rápido crecimiento hay que hablar de nuestros ordenadores y empresas. Casi podemos decir que nos cogió desprevenidos porque Microsoft no nos había preparado para esta revolución :-). No quiero decir que para ellos Internet pasara desapercibido pero -da la sensación- que al inicio no supieron calibrar la magnitud de lo que se avecinaba. Prueba de ello es el tardío, aunque posteriormente exitoso, Microsoft Internet Explorer, fruto de la compra de la empresa Spyglass. En efecto, con Microsoft y con IBM estábamos atascados en los protocolos (sus protocolos) NetBIOS y NetBEUI. Aquello resolvía la comunicación básica en una red de área local pero presentaba numerosas limitaciones. Además no eran protocolos enrutables, como sí lo eran IPX de Novell o DECnet de Digital. Por otro lado, en lo que arquitecturas de redes se refiere, como dependiéramos de IBM se nos “premiaba” con su compleja y cautiva arquitectura SNA, o Token Ring para la Red Local.
Así las cosas, cuando empezó la década de los años 90, estrenábamos la versión 3.0 de Windows. Aquella versión, ni mucho menos, nos permitía desarrollar una Red Local. Era un mero entorno gráfico que corría sobre MS-DOS. Tuvimos que esperar la llegada de Windows 3.11 para tener un sistema operativo (aunque seguía dependiendo de MS-DOS) con capacidades de Red para compartir ficheros e impresoras. Pero, curiosamente, no existía soporte TCP/IP para navegar. Teníamos que recurrir a una aplicación o suite que nos ofreciera el protocolo TCP/IP y aplicaciones como PING, FTP o TELNET. Es por eso que, en aquella época, tuvieron cierta fama para conectarnos a Internet o redes IP programas como Chamaleon o Trumpet.
Todo cambiaría con la llegada del famoso Windows 95 e Internet Explorer. Aunque algunos seguíamos confiando en Netscape Navigator empezábamos a darnos cuenta que el fenómeno Microsoft parecía imparable: Windows NT, BackOffice, W95, las herramientas de Office, el Outlook, Visual Basic, IE, etc.
Para acabar tengo que citar a la fugaz Infovía. Aun siendo importante, su existencia fue efímera y consecuencia de un época. Básicamente, aquella iniciativa de Telefónica nos servía de Red de Acceso donde estaba presente nuestro ISP. De esta forma, si nuestro ISP estaba allí, podíamos llegar a él al precio de una llamada local. Todo un acierto que permitía a un ISP de otra ciudad distinta a la nuestra ser competitivo y abrirse a más clientes. Infovía también intentaba alargar la vida al concepto Ibertex. Es decir, podías navegar dentro de Infovía y acceder a los servicios (ya TCP/IP) que algunas empresas e instituciones allí prestaban: una red dentro de Internet. Obviamente aquel invento era consecuencia de una época y, la posterior liberalización de las comunicaciones, era incompatible con el acceso a los ISPs a través de Telefónica. También carecía de sentido mantener un coto de empresas y entidades bajo una red controlada por Telefónica.
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ARPANET, X.25 e Iberpac
mayo 29, 2018 on 8:30 pm | In colección, hist. telecomunicaciones | 2 CommentsAdolfo García Yagüe | En los años 60 el ejército americano era consciente de las limitaciones y vulnerabilidades de la red telefónica que conectaba a sus ordenadores y centros de mando. Por ejemplo, en el caso de fallo de un circuito implicado en una comunicación, la red telefónica no era sensible al mensaje y, automáticamente, no buscaba una ruta alternativa. Con esta preocupación, el ARPA o la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados dependiente del Departamento de Defensa, empezó a financiar proyectos entre Universidades e Instituciones con el fin de buscar soluciones al problema anterior. Uno de aquellos proyectos fue ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network).
Conmutación de Paquetes
Básicamente, ARPANET era una Red de Transporte de Datos donde los nodos que formaban la Red eran inteligentes. Es decir, eran sensibles y conocedores del tráfico de datos que se cursaba a través de ellos. Esta Red se formaba conectado cada nodo por diferentes rutas que estos eran capaces de monitorizar con el fin de conocer el estado de la citada conexión. Además, cada uno de estos nodos era capaz de trocear un mensaje en pequeños paquetes y enviarlo a un destino común por diferentes rutas. Ya en el nodo receptor se ensamblan los paquetes hasta reconstruir el mensaje original. En caso de que un nodo o ruta cayese no pasaba nada porque los nodos de la Red eran capaces de advertir el fallo y solicitar un reenvío de los paquetes afectados por otro camino. Es lo que conocemos como Conmutación de Paquetes y es la génesis de Internet.
Como he dicho, en esta de Red participaban múltiples nodos ubicados en centros de Defensa, Universidades y empresas que mantuviesen alguna relación con el ARPA y sus proyectos. En ellos encontramos, acompañando al ordenador central y encargados de procesar el tráfico de datos y de gestionar las líneas de comunicación a los IMP (Interface Message Processor) o lo que lo que es lo mismo, los antecesores de los conocidos router.
Red Especial de Transmisión de Datos (RETD)
Lo que pretendo con esta breve introducción no es comentar los detalles de ARPANET, simplemente introducir el concepto de Conmutación de Paquetes y como esta técnica inspiró a Telefónica a poner en servicio, en 1971, la Red Especial de Transmisión de Datos (RETD). Sus ingenieros, tras hacer una prospección de las redes de EE.UU., se dieron cuenta de las ventajas experimentales de ARPANET frente a la aproximación más madura y basada en la conmutación de mensajes usada por la Western Union (antiguo operador de telegrafía en EE.UU.), por eso se decidieron a crear algo similar a la primera. En aquel momento no existía ningún estándar ni protocolo que tomar como referencia, tampoco había un fabricante al que comprar esta tecnología. Por estas razones, como nodo, usaron máquinas Univac 418-III y desarrollaron todo el software y hardware para que sus líneas telefónicas fueran gestionadas por aquellas máquinas.
Normalmente en estos textos dejo para el final la adopción de una u otra innovación en España. En el caso que nos ocupa, y habiendo citando el carácter experimental de ARPANET, hay que recordar que la antigua Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) fue el primer operador del mundo en adoptar y ofrecer a sus clientes este tipo de red. Además, los españoles tenemos que sentirnos orgullosos al decir que este desarrollo fue propio.
En 1978, aquella Red basada en ordenadores Univac, dio otro salto importante al incorporar nodos desarrollados por la propia Telefónica y dos compañas más, Secoinsa y Sitre. Nos referimos al Tesys. Ambas empresas eran españolas e ilustran, a la perfección, la capacidad técnica de nuestro país y el ecosistema industrial que ha crecido gracias a las necesidades de Telefónica y su participación en un buen número de compañías. Lamentablemente, hace muchos años que la participación industrial de Telefónica ha desaparecido y la globalización de otros competidores y nuevos desafíos tecnológicos le hicieron difícil competir aquel frente.
Aquella Red de Conmutación diseñada y fabricada por Telefónica se adelantó a su tiempo y, como consecuencia de ello, se tuvo que adaptar a la posterior recomendación internacional X.25 del CCITT (Comité Consultivo Internacional de Telégrafos y Teléfonos). Este estándar ponía de acuerdo a todos los operadores, y facilitaba la interoperabilidad entre las redes permitiendo extender los servicios a otros países. Estamos en los años ´80 y Telefónica llama a esta red Iberpac.
Nuevos Servicios
Además de desarrollar servicios para grandes empresa basados en las conexiones virtuales punto-a-punto entre dos de sus sedes, era posible poner en marcha circuitos para conectar numerosas sedes con un punto central, como una red de oficinas bancarias o terminales de venta de billetes de avión o de tren. También, por Iberpac, viajaban los datos procedentes de los datafonos de aquellos comercios que empezaban a aceptar el pago con tarjeta de crédito magnética. En este caso, el datafono efectuaba una llamada a un número telefónico especial donde un nodo conectaba con la Red X.25, es decir entraba en Iberpac.
Como he comentado estos servicios se limitaban al transporte de una pequeña transacción, generalmente de tipo económico, donde intervenía un datafono, un cajero automático o un terminal de venta. También se prestaba el servicio Teletex con el que Telefónica pretendía ir un paso más allá en su competición con el veterano Telex, que prestaba Correos y Telégrafos. El Teletex permitía a las empresas -con un terminal compatible- enviar textos sobre Iberpac de una forma más rápida y flexible.
Quizás, el servicio que todos recordamos y que en muchos aspectos se acercaba a Internet, es Videotex, conocido en España como Ibertex. Una vez más el acceso se realizaba a través de la Red Telefónica común pero un nodo de acceso se encargaba de “meternos” en Iberpac. Allí podíamos encontrar los servicios de diferentes empresas para, desde la comodidad de nuestro domicilio, acceder a la banca online, reservar unos pasajes o consultar una noticia. En España, el inicio experimental del servicio Ibertex, coincidió con la celebración de los Mundiales de 1982. Semejante acontecimiento de modernidad nos obligaba a ofrecer una información precisa y actualizada a todos los periodistas que cubrían el evento.
Como hemos visto antes la Red X.25 se inspira en ARPANET y, como tal, su cualidad principal es la de garantizar el envío seguro de información. Además de pequeñas transacciones, hemos comentado que esta Red se ha usado para el envío de otros datos “más pesados” como Ibertex y conectar Redes Locales, no obstante, para este último fin, la red carece de capacidad y su uso es caro. Esta fue una de las razones que impulso la adopción de Frame Relay (Red UNO de Telefónica) y, posteriormente, ATM (Asynchronous Transfer Mode). Más adelante, estas redes han acabado desapareciendo basándose, actualmente, en Ethernet, IP y MPLS.
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Módems, teleproceso, servicios on-line y BBS
abril 11, 2018 on 7:01 pm | In colección, hist. informática, hist. telecomunicaciones | 5 CommentsAdolfo García Yagüe | A lo largo de su dilatada historia, el desarrollo de la red de telefonía ha tenido que hacer frente a numerosos retos técnicos. Dejando a un lado el perfeccionamiento del propio terminal telefónico, los más tempranos tenían que ver con la red de transporte o pares de cobre. Si se quería llegar a todos los rincones, había que bajar el precio de aquellos (carísimos) cables pensados para el envío de telegramas. Con este reto en mente se fue disminuyendo la cantidad de cobre empleado su fabricación. Esto, obviamente, suponía mejorar las técnicas de trefilado, y así conseguir cables más finos y económicos. La distancia también era un desafío complicado. Para tener una red que llegara lejos era necesario salvar grandes distancias y conseguir que la voz viajara correctamente, sin apreciar molestos ecos, interferencias o diafonías. Esta razón impulsó enormemente el desarrollo de soluciones capaces de amplificar el impulso eléctrico de la voz y la cancelación de ecos. La red de larga distancia, incluyendo los tendidos transoceánicos, se benefició enormemente de estas mejoras.
Otro reto fue la capacidad de transportar por un solo cable varias conversaciones a la vez, es lo que se conoce como multiplexación. Como podemos imaginar, este avance economiza cada conversación ya que no es necesario dedicar un par de cables a cada una de ellas. Al principio, esta multiplexación era muy limitada y estaba basada en circuitos o cables fantasma. Es decir, por dos parejas de cables físicos (cuatro cables) se desarrollaba un circuito virtual que era aprovechado por una tercera conversación. Hay que reconocer lo imaginativo de este ingenio pero, técnicamente, podía ser la causa de misteriosas diafonías y resultaba complejo de amplificar. El uso de cables fantasma dejó paso al empleo de otras técnicas y cables: los llamados coaxiales. Estos cables diferían significativamente del clásico par de conductores de cobre. El cable coaxial ofrece mejor aislamiento electromagnético y mayor ancho de banda. Esto quiere decir que puede trasportar más capacidad y que “funciona” a otras frecuencias diferentes a la banda base. Es decir, además del canal base, pueden viajar otros canales en otras frecuencias. Cada uno de estos canales es, virtualmente, un cable por el que puede viajar una conversación. En este caso la multiplexación se hace por frecuencia. El empleo de los mencionados cables coaxiales se hizo en rutas de larga distancia y cables transoceánicos. Cuando la voz se convirtió en datos, mediante la digitalización o modulación en pulsos codificados (o PCM – Pulse Code Modulation), a la multiplexación en frecuencia se le añadió la multiplexación en tiempo. Hoy, en los cables de fibra óptica, también se mantienen ambas técnicas para aprovechar al máximo un portador.
Lo que quería introducir en el párrafo anterior es el concepto de innovación y evolución constante. Aquella red, que se concibió y creció para permitir el transporte de la voz, le tocaba adaptarse a la comunicación entre ordenadores. Este reto suponía modificar la red o hacer que los ordenadores emitiesen algún sonido que pudiera ser trasportado por los cables telefónicos. Por esta razón, se optó -ya que era más económico- por la “sencilla” solución de inventar algún tipo de modulador que convirtiese el lenguaje de los ordenadores en tonos de audio. Ese es el nacimiento del MÓDEM (modulador y demodulador). Este ingenio, como si se tratase de un intermediario, se conecta a la máquina y a la red de comunicaciones, permitiendo que los primeros intercambien mensajes mediante “pitidos”. A ambos lados de la conexión era necesario poner uno de estos MÓDEM para que convirtiesen los datos y tonos, y viceversa.
Para homogenizar las comunicaciones entre MÓDEMs era necesario garantizar el funcionamiento entre distintos fabricantes y así marcar su evolución, por esta razón la CCITT (Comité Consultivo Internacional Telegráfico y Telefónico), ahora ITU (International Telecommunication Union), ha ido publicando diferentes recomendaciones para enviar datos sobre líneas telefónicas. Estas normas, por ejemplo, facilitan que dos MÓDEM de la norma V.21 puedan hablar entre ellos. Las citadas especificaciones han ido evolucionando para permitir mayor velocidad hasta que ha sido imposible exprimir más al viejo cable de cobre. Por esa razón pasamos a la tecnología ADSL y sus variantes y, en la actualidad, a la fibra óptica. Pero, de momento, volvamos a los MÓDEM.
Como podéis suponer, el mayor reto al que se han enfrentado los fabricantes de MÓDEMS es el de la velocidad y adaptarse a la calidad de las líneas telefónicas. Lograr esto significa una evolución constante en la técnica de modulación y compresión de los datos. De distintas formas, lo que se ha conseguido en este tiempo, es convertir en analógico los datos digitales que produce un ordenador y, una vez en el dominio analógico, actuar sobre los parámetros de esa señal: su frecuencia, fase y amplitud. Por eso hablamos de modulaciones FSK (Frequency Shift Keying) y QAM (Quadrature Amplitude Modulation) entre otras.
Los primeros MÓDEMS a los que tuvimos acceso los usuarios más humildes eran los denominados Acopladores Acústicos. Estos inventos se conectaban físicamente al teléfono y su velocidad era muy baja, no superando los 300 bits por segundo, definidos en la norma V.21. Estos Acopladores Acústicos fueron importantes pero, como su nombre indica, se “acoplaban” físicamente al terminal telefónico siendo muy limitada su velocidad. Pronto tendríamos acceso a una nueva generación de MÓDEMS, más compactos y rápidos.
Antes hablábamos que el MÓDEM se conectaba a los pares de cobre y al ordenador. Es importante recordar que esta comunicación entre MÓDEM y ordenador estaba también normalizada y no era nueva. Se utilizaba (y aun hoy se utiliza en muchas conexiones) una comunicación serie, estandarizada en el año 1969 según la norma RS-232. Esta norma, o tipo de interface, describe como se conectan dos máquinas e intercambian y aceptan cada mensaje.
Otra de las dificultades a las que se tuvieron que enfrentar los fabricantes de MÓDEMS, era la necesidad de mandar y recibir mensajes -desde o hacia- el ordenador sobre la velocidad o estado de la línea. De esta forma un ordenador podía informar al usuario y tomar una determinada decisión. Esta señalización tenía que viajar por el RS-232 en banda, esto es, junto con los datos del usuario. Por ejemplo, en caso de que nos llegue una llamada para conectar con un ordenador central, el equipo destinatario que tiene atender la entrada debe ser capaz de informar al usuario o aplicaciones de que alguien quiere conectar remotamente. De manera contraria, si nosotros deseamos “forzar” o configurar un determinado comportamiento del MÓDEM, tenemos que ser capaces de programable a través de algún comando. Aunque ya se utilizaban y se conocían estos mensajes eran casi de uso específico a cada tipo y fabricante de MÓDEM. No eran de uso generalizado ni existía compatibilidad de fabricantes.
Sería una pequeña y joven empresa la que inventó un conjunto de instrucciones que se convertirían en el estándar a seguir para el resto de competidores. Aquella empresa se llamaba Hayes (DCHayes en sus inicios) y fue fundada por Dennis C. Hayes (1950) y Dale Heatherington (1948). Ellos convirtieron al MÓDEM en algo de uso normal, fácil y sencillo. Al comienzo de la década de los ´80, acercaron esta tecnología al mundo de los incipientes ordenadores personales y los equipos domésticos. También facilitaron el camino de un nuevo mercado que nacía, consistente en el acceso remoto a sistemas de información, como CompuServe, juegos on-line y las populares BBS. Por supuesto, el famoso Teleproceso y la Teleinformática, existentes en los grandes ordenadores, eran algo más cercano gracias a Hayes y otros fabricantes.
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Telegrafía y Telefonía
marzo 18, 2018 on 11:56 am | In colección, hist. telecomunicaciones | 1 CommentAdolfo García Yagüe | La necesidad de comunicarse es tan antigua como la humanidad. La capacidad de generar diferentes sonidos y, a cada uno de ellos, darle un significado nos permitió comunicar al resto lo que nos rondaba por la cabeza. Esta forma de comunicación basada en nuestra voz, tan básica y natural, tenía una importante limitación relacionada con la distancia. Si esta aumentaba entre los interlocutores, las dificultades de escucha se presentaban. Por esta razón recurrimos al uso de señales y el sonido de nuestra voz quedó solo para comunicaciones muy próximas. Las señales nos permitieron llegar más lejos. Solo había que poner, entre emisor y receptor, a alguien que supiera interpretar las señales y se encargara de reenviar el mensaje. Esa interpretación requería de una codificación en la que cada letra o palabra se representaba por una secuencia limitada símbolos que podían ser vistos en la distancia. Así nacieron las primeras “comunicaciones ópticas” y hablamos de telegrafía óptica.
Telegrafía
Aquella telegrafía óptica era flexible y los militares se dieron cuenta de ello. Si el campo de batalla así lo exigía, rápidamente podían mandar un mensaje a casi cualquier parte. Únicamente necesitaban tener visibilidad entre el punto que enviaba y recibía el mensaje. También era importante que el enemigo no viera el mensaje y, si esto sucedía, no lo entendiera. Es lo que se conoce como cifrado o encriptación del mensaje. En el caso de que se quisiera mantener una comunicación estable entre los puntos era necesario “acomodar” a los intermediarios en un lugar de visibilidad privilegiada, algo así como un faro o torreón. Las ruinas de aquellos torreones aun hoy se pueden ver en algunos puntos de España y son lo que queda del telégrafo óptico del teniente Mathé (1800-1875).
Las redes del telégrafo óptico fueron eclipsadas -nunca mejor dicho- por el telégrafo eléctrico. El descubrimiento y dominio de la electricidad permitió enviar un mensaje entre dos puntos como una serie de pulsos eléctricos. Lógicamente era necesario que, entre ambos extremos, existiera un cable metálico por el que viajaban los citados pulsos. A este cable le llamaremos circuito. Samuel Morse (1791-1872) inventó una forma de codificar el mensaje: el famoso código Morse. De esta forma de codificar un mensaje se podían beneficiar las ya mencionadas comunicaciones ópticas o las -recién inventas- eléctricas.
En aquel momento las comunicaciones dejaron de ser cosa exclusiva de militares. Si queríamos dar capilaridad y llegar a muchos usuarios, estaba claro que era necesario tender y mantener una gran red de cables entre ciudades. Así nacen los operadores de telecomunicaciones y hacen posible el envío de mensajes entre, principalmente, hombres de negocios y gente acaudalada.
Telefonía
Nos encontramos en 1874 cuando Alexander Graham Bell (1847-1922), un logopeda de personas sordomudas, investigaba en las posibles aplicaciones de la electricidad en el campo de sonido. Bell inventó un aparato o transductor con el que era posible convertir una vibración mecánica -como la voz- en una señal eléctrica, y viceversa.
En la imagen anterior se muestra una réplica del ingenio que empleó Graham Bell el 12 de febrero de 1877 en la demostración pública que hizo estableciendo una comunicación telefónica entre las ciudades de Boston y Salem. En este antecesor del teléfono se aprecia un imán permanente en forma de “U”. A continuación, al final de cada extremo del imán, encontramos la bobina de un electroimán que se excita con el flujo eléctrico que viaja por la línea telefónica. Este cambio de magnetización del electroimán hace que una lengüeta metálica vibre con el sonido de nuestra voz. En el proceso contrario, la lengüeta vibrará con las ondas mecánicas de nuestra voz provocando el movimiento del núcleo de los electroimanes dentro de las bobinas que, a su vez, generarán una señal eléctrica con nuestra voz. Recordemos que el núcleo estos electroimanes está magnetizado por la presencia del imán permanente.
Con ciertas limitaciones, aquella señal eléctrica podía viajar por los mencionados circuitos o cables telegráficos. Bell se dio cuenta del potencial de su invento al que bautizó como Telégrafo Armónico. Tuvo serias disputas sobre aquella invención en la que otros inventores ya trabajaban pero, al final, sería Bell el que se llevó el gato al agua. En aquellas luchas ayudo -sin duda- la brillante dialéctica y carisma de Bell, y que no tardó en montar una compañía para explotar el invento, la Bell Telephone Company. Se ponía en marcha el servicio telefónico.
En los primeros años el teléfono era un asunto menor comparado con la seriedad del envío de un telegrama. Los hombres de bolsa lo veían con cierto desdén y cosa de “amas de casa”, casi un entretenimiento más. En cambio, los mensajes enviados a través del telégrafo eran concretos y “veraces”, estos se imprimían y no se podían manipular. En favor del terminal telefónico, es decir, el aparato a través del cual nos comunicamos, hay que mencionar que era más barato e infinitamente más fácil de manejar que el telégrafo. Casi cualquiera podía tener acceso a un teléfono y la red de cables tenía algo de humana porque, al descolgar el transductor por el hablábamos (o micrófono), nos preguntaban por el auricular (o transductor de la escucha) con quien deseábamos hablar. Incluso, en aquellos locos años, había tiempo para ensayar nuevos modelos de negocio alrededor de la mencionada red de cables. Uno de ellos es el antecesor del actual “hilo musical” y consistía en emitir música generada por un intérprete a través de una red de cables. Nos referimos al Tellarmonium, hito de la ingeniería y de la música eléctrica.
El teléfono se convirtió en el método de comunicación predilecto para las comunicaciones no oficiales o que exigían esa autentificación. Era una comunicación natural y rápida basada en la voz. Esta razón hizo que su crecimiento fuera exponencial. Todo el mundo quería tener un teléfono en casa y aquel aspecto humano de la Red (las señoritas que te preguntaban con quién querías hablar) dejó paso a una red automática donde tú tenías de indicar el número de teléfono de destino.
La red y los cables se perfeccionaron para transmitir los débiles impulsos eléctricos. Se trabajó en la estandarización a nivel internacional y, con los años, se produjo una fuerte evolución en los terminales disponibles y en la automatización de la red, llegando a casi cualquier rincón del mundo.
Red Telex
Era necesario inventar una red que combinara lo mejor de ambos mundos: la sencillez de un dial, a través del cual podíamos llamar a alguien, y la “robustez” de un mensaje telegráfico o escrito. Eso originó el nacimiento de la Red Telex cuyos terminales eran Teleimpresores con aspecto de máquina de escribir, fácilmente operables por cualquiera. Aunque la codificación Morse quedó anticuada años atrás, esta no cayó en desuso ya que era fácil de aprender por personas. En cambio para las máquinas o “modernos” terminales resultaba un poco limitada y lenta. Así se alumbró el telégrafo y codificación Baudot (1845-1903), más rápida y eficiente, y pensada para la comunicación de máquinas. Los primeros Teleimpresores usaban codificación Baudot para enviar sus mensajes y el circuito, o cable, que une a dos teleimpresores era un circuito que se establecía durante la comunicación y se liberaba cuando esta finalizaba. La Red se encargaba de establecer el circuito.
Para acabar, solo recordar que frente al terminal se sentaba una persona para hablar o escribir un mensaje. Eran los años ’50 del siglo pasado y la Red Telefónica ya estaba extendida y, sobre todo, pensada para transportar la voz de personas. Los ordenadores se acababan de inventar y, como hemos visto en otros textos, eran un recurso clave. Parecía lógico pensar que el siguiente paso era conectarlos entre si y acceder remotamente a ellos.
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Vistando Museos (Ordenadores y Telecomunicaciones)
marzo 1, 2018 on 6:02 pm | In galería de imágenes, hist. informática, hist. telecomunicaciones | No CommentsSiempre que tengo oportunidad de salir de mi ciudad intento hacer alguna escapada a algún museo. No oculto que tengo debilidad por aquellos que atesoran piezas de tipo tecnológico. Para mi representan una forma de reflexionar sobre el pasado y buscar algo de inspiración para abordar el futuro… y si puedo, y me lo permiten, intento sacar alguna fotografía de las piezas más llamativas.
Durante mucho tiempo he ido conservando estas fotos en un disco duro que solo yo -muy de vez de cuando- volvía a mirar. Bien, es hora de ir sacando a la luz estos recuerdos para que no queden en el olvido y aquellos de vosotros que estéis interesados, podáis copiar y disfrutar. Aprovechado esta colección, he creído oportuno añadir algunos diagramas de algunas máquinas para que veáis su evolución. También alguna foto que localicé por Internet.
Presentando la colección
noviembre 12, 2017 on 8:02 pm | In colección, hist. fotografía, radio, tv y vídeo, hist. informática, hist. sonido y música electrónica, hist. telecomunicaciones | No CommentsAdolfo García Yagüe | Nunca veo el momento de empezar a contar esta historia: la historia de la colección de ordenadores y diverso material electrónico que amontono desde hace años. Llevo casi media vida buscando, adquiriendo y clasificando piezas con el ilusorio objetivo de montar un museo. Mientras llega ese día (si es que llega), ya es hora de pasar a la acción y compartir este pequeño tesoro, aunque sea virtualmente.
En esta recopilación de piezas he intentado alejarme de la acumulación de material -a veces irracional- en la solemos caer los frikis de la subespecie geek. En esa búsqueda y selección de material me he autoimpuesto un guion a través del cual sea más fácil contar historias, enlazando objetos y, sobre todo, explicando el impacto de cada uno de ellos.
El guión comienza en 1890. De aquel año es uno de los objetos más antiguos de la colección. No se trata de una máquina, es una revista. Es un ejemplar de Scientific American en cuya portada se presenta al mundo la máquina que permitirá automatizar el undécimo censo de Estados Unidos. Aquella máquina, inventada por Herman Hollerith, sería el remoto antecesor de lo que hoy denominamos Big Data. Además, está máquina, a la que llamaremos tabuladora, sería el embrión de una gran compañía: IBM (International Business Machines).
Contemporáneas a aquellas primeras tabuladoras de principios del Siglo XX, poseo alguna calculadora mecánica. Como su nombre indica son máquinas para realizar cálculos básicos (suma y resta) y, en su momento, junto con los vehículos, representaban la cúspide la modernidad.
El anterior capítulo mecanicista da paso a publicaciones de principios de los años cuarenta que hablan de increíbles máquinas electrónicas capaces de emular un cerebro. Es en estos años donde se situarían los antecedentes de lo que vendría después: tubos de vacío, lenguajes de programación, transistores, sistemas operativos, memorias de ferrita, circuitos integrados, microprocesadores y, lo más importante, el nacimiento de una industria capaz de impulsar semejante innovación. Mi guion este periodo culmina hacia finales de los sesenta y principios de los ’70, cuando a toda esta tecnología acceden jóvenes idealistas decididos a cambiar el mundo con ella…
… Y vaya si cambiaron el mundo. Aquellos jóvenes idealistas apasionados por la tecnología hicieron posible que hoy tengamos un ordenador en casa, que exista Internet y que aún tengan sentido conceptos como libertad, código abierto, curiosidad técnica y comunidad. De esta época atesoro alguna de las piezas que más valoro, como un Altair 8800 o los cuadernos originales que publicó Bell Labs con el código fuente de la versión 6 de UNIX, elaborados John Lions, profesor australiano de la University of New South Wales, para que sus alumnos comprendieran el funcionamiento de un sistema operativo. Este periodo fue corto pero muy intenso y con un impacto que aún resuena en nuestros días.
La espontaneidad y pasión del periodo anterior desembocaría en dos formas de entender y emplear la informática. Por un lado, en la segunda mitad los ’70, negocios y profesionales empiezan a usar ordenadores como una poderosa herramienta que ayuda a incrementar su productividad. Por otra parte, en el comienzo de la nueva década, el ordenador llamará a la puerta de los hogares para ocupar un sitio destacado en la familia. A diferencia de hoy en día, en aquella época las máquinas de ambos mundos eran completamente diferentes. El Home Computer u ordenador doméstico solía ser una máquina humilde, de prestaciones limitadas pero tremendamente versátiles. En aquellas máquinas jugábamos y muchos de nosotros aprendimos a programar y allí se configuró nuestro futuro profesional. En cambio, los equipos profesionales o Personal Computer eran máquinas infinitamente más caras. Solo accesibles para profesionales acomodados y empresas deseosas de modernizarse.
Con el tiempo el mercado se fue homogenizando. El constante avance de la tecnología y su abaratamiento provocó que, a partir de la segunda mitad de los años ochenta, las fronteras entre ordenador doméstico y profesional fueran cada vez más difusas. El resultado es que a finales de los ’80 el mercado estaba unificado y no tenía sentido hablar de Home o Personal Computer.
El último capítulo de mi colección se lo he querido dedicar a las comunicaciones entre ordenadores. A mi entender, este salto evolutivo -conectar dos o más ordenadores entre si-, supuso algo parecido al instante que el ser humano empezó a hablar con sus semejantes. Hasta el momento estábamos solos, con nuestros pensamientos/ordenador. La llegada de las comunicaciones nos ha permitido llegar a otros rincones del planeta, acceder a todo tipo de información y, en definitiva, no sentirnos tan solos. De este momento me interesa el acceso remoto a sistemas a través de líneas telefónicas, las BBS, el nacimiento de las redes locales y la interconexión de estas para construir lo que hoy llamamos Internet.
Como dije al comienzo, mi intención es dar forma a una pequeña exposición virtual. Para ello, además de textos, me apoyaré en fotos de las piezas de la colección. Estás las iré subiendo a una galería en Ccäpitalia.
La Música Eléctrica del Cura Castillejo
diciembre 8, 2013 on 1:22 pm | In colección, descarga textos pdf, hist. sonido y música electrónica, hist. telecomunicaciones | No CommentsAdolfo García Yagüe | Pese a la percepción que podamos tener, en la España de la primera mitad del siglo XX -e incluso antes- existieron antecedentes de lo que hoy llamaríamos arte sonoro y experimentación electrónica. Como atestiguan las crónicas periodísticas y publicaciones de antaño, apenas transcendieron de la anécdota y la curiosidad técnica. No obstante, además del interés histórico, merece la pena hacer memoria como reconocimiento a sus autores y, por qué no, como estímulo creativo en el presente.
De aquellos antecedentes uno de los más llamativos fue el que protagonizó un sacerdote valenciano, Juan García Castillejo, con la publicación en 1944 de un libro titulado ‘La Telegrafía Rápida. El Triteclado y La Música Eléctrica’. Castillejo, con la excusa de dar a conocer cinco patentes de su propiedad, escribe un libro recargado de romanticismo con pretensiones divulgativas sobre tecnología electrónica y, en particular, sobre las posibilidades que ofrece el tubo termoiónico en aplicaciones de amplificación y oscilación.
La Telegrafía Rápida
El libro se divide en dos partes. En la primera Castillejo presenta algunas mejoras de su invención que se podrían aplicar a los sistemas Morse y Baudot para lograr Telegrafía Rápida.
Desde principio del siglo XX el término Telegrafía Rápida era de uso generalizado para referirse a ingenios y técnicas que permitían incrementar el número de caracteres enviados por minuto en los sistemas telegráficos, redundando en el aprovechamiento de la línea de comunicaciones. Para hacernos una idea, en el caso de la telegrafía clásica (1838), usando un manipulador de código morse, un operador experimentado era capaz de atender del orden de 20 a 25 despachos por hora. Progresivamente aparecieron numerosos dispositivos y sistemas que sobrepasaban esta barrera. Entre ellos cabe recordar el Telégrafo de Hughes (1855), el aparato de Wheatstone (1858), el Sistema Baudot (1874), el Teleimpresor Siemens & Halske (1899) y el Telégrafo Rápido, también de Siemens & Halske (1912).
Recordemos que en el código Morse cada carácter queda definido a partir de la combinación de pulsos eléctricos o tonos acústicos de diferente duración: un pulso o tono corto denominado punto; y un tono largo también llamado raya. Por su parte, en el Sistema Baudot, cada carácter está definido por una sucesión de 5 niveles eléctricos positivos o negativos. En ambos casos, para el envío de un mensaje, el operador tenía que conocer la codificación correspondiente a cada carácter y, sobre todo, tener destreza en el uso del manipulador. Con el fin de simplificar el envío de mensajes sin necesidad conocer la codificación y uso de manipuladores tradicionales, Castillejo propone diferentes versiones de un teclado (El Triteclado) reducido en número de botones -entre 5 y 8- que facilita la escritura del mensaje pulsando sobre el botón correspondiente a cada carácter, o simultaneado la pulsación de varios botones para obtener los caracteres no accesibles por pulsación directa.
Otra aportación original que hace Castillejo, aunque apenas profundiza en ella, es la de utilizar osciladores electrónicos para sincronizar la comunicación entre emisor y receptor en los Sistemas Baudot. En este sistema las dos estaciones que participaban en la comunicación tenían que funcionar al unísono para poder identificar el comienzo y final de cada carácter. Esta sincronización, al igual que sucedía con el Telégrafo de Hughes, se basaba en medíos mecánicos que eran algo imprecisos y complejos de ajustar.
A pesar de que los Triteclados de Castillejo son ingeniosos al hacer más sencillo y rápido el envío de un mensaje, su propuesta va por detrás de las tendencias tecnológicas y de servicio de la época. En la fecha en la que se publicó su libro ya era evidente que la evolución tecnológica pasaba por el empleo de dispositivos Teleimpresores o Teletipos -como el inventado por Siemens– donde el texto a enviar se introducía a través de un teclado idéntico al de una máquina de escribir. Por otra parte, en países como Alemania, ya se daba los primeros pasos en servicios basados en redes conmutadas automáticas -similares a las de telefonía- donde era posible establecer comunicaciones asíncronas entre Teleimpresores con dial, sin intermediación de un operador especializado. Era el nacimiento del servicio Télex. Esta evolución natural del telégrafo hizo posible que cualquier empresa o propietario acaudalado dispusiera de un Teleimpresor desde el que llamar y conectar con otro equipo a través de una red mundial estandarizada.
La Música Eléctrica
Al contrario de la primera parte de la obra, que en cierto sentido se puede considerar anacrónica y carente de relevancia técnica, la segunda mitad de ‘La Telegrafía Rápida. El Triteclado y La Música Eléctrica’ es brillante. Castillejo se adelanta a su tiempo al dirigir su atención hacia los sonidos de la naturaleza -alguno de ellos inaudibles-, el papel del azar en la composición o la generación de sonido a partir de osciladores electrónicos. Por si fuera poco, hacia el final del libro, el autor presenta una máquina denominada “Electro Compositor Musical” con la que es posible programar y generar música eléctrica.
Como hemos citado, a través de estas páginas Castillejo demuestra amplios conocimientos de electricidad y la aplicación de tubos de vació en la construcción de amplificadores y osciladores. Así mismo está bien informado de lo que se hace fuera de España tanto en acústica como en instrumentos electrónicos. Cita varias veces a Helmholtz, que es el pilar fundamental de la fisiología de la audición y uno de los impulsores de la acústica como ciencia. De igual forma conoce la existencia del Theremin (1917), el generador de ondas Martenot (1928), el órgano de Givelet (1930) y el Trautonium (1930), entre otros instrumentos. Incluso cita de soslayo la generación de ondas mediante rotores o ruedas, que es la base los legendarios Telharmonium (1897) y órgano Hammond (1935). En este sentido, el poso de conocimiento técnico y dominio de la materia que posee Castillejo queda ensombrecido por el uso -y abuso- de una prosa excesivamente recargada de entusiasmo y ensoñación, más propia de un adolescente que de un inventor que intenta promocionar sus patentes y comunicar sus ideas con claridad y sin rodeos. Quizás este aspecto le restó credibilidad en su tiempo.
El origen del Electro Compositor se sitúa al principio de los años 30, una década antes de la publicación del libro. En varios párrafos queda constancia de que ya en aquella época Castillejo hacía demostraciones de su invento a personajes de cierta relevancia y solvencia técnica. Estos datos son importantes para avalar la existencia de, al menos, un prototipo operativo del Electro Compositor Musical. Castillejo nos recuerda que “Era el año 33. Un señor de alta categoría se halla sentado junto a nosotros. Su elevada cultura y su técnica en radio queda ensalzada al decir que se trata del muy insigne Director de Unión Radio Valencia, don Enrique Valor. Atentamente escucha aquella orquesta eléctrica. Para él no hubiera sido secreto complicado el funcionamiento de la misma, pero, el trámite de patentes nos obligaba a ser parcos en manifestaciones”
Esa reserva y parquedad en detalles es el motivo de que apenas conozcamos nada sobre la etapa de generación de sonido. No queda claro el número de osciladores y tipo que componen el Electro Compositor ni como trabajan. Aunque Castillejo se refiere a que es posible crear infinitos sonidos, desconocemos si está empleando un esquema clásico de síntesis aditiva a partir de formas senoidales básicas. Como conocedor de la obra de Helmholtz es probable que pensara en ello aunque no tenemos certeza de su implementación efectiva.
Si observamos el diagrama del Electro Compositor que se incluye en el libro, identificamos con claridad un panel superior que se emplea para el ajuste y/o programación del equipo. A la derecha de esta matriz se aprecia lo que parece un conjunto de 23 resistencias montadas en serie alimentadas en el extremo inferior por un transformador y un circuito rectificador. Por la simbología empleada estas resistencias bien podrían ser variables, tipo potenciómetro. Estos potenciómetros montados en serie nos permiten establecer un voltaje específico en cada una de las 23 líneas o ramas horizontales. A continuación, mediante el desplazamiento vertical de un cursor, podemos derivar hacia 33 posibles circuitos el voltaje “programado” en cada rama. A partir de aquí parece evidente que con cada uno de estos voltajes se actúa sobre parámetros de los osciladores controlando la frecuencia y la amplitud. Sin lugar a dudas, el “panel de control” propuesto por Castillejo es imaginativo y, salvando las distancias, nos recuerda a las matrices de configuración de los sintetizadores analógicos VC-3 (1969) y Synti (1971), ambos de la firma EMS.
Una vez resuelto (o mejor dicho, imaginado) como se controlan los osciladores llega la etapa de “generación espontánea” de música, es decir, el control de aspectos compositivos como el tempo, el ritmo, armonías y otros giros del desarrollo de la obra. Para este propósito el Electro Compositor Musical utiliza un mecanismo jerárquico de motores donde un motor maestro, a lo largo del recorrido de su eje, cierra selectivamente circuitos que activan motores auxiliares encargados de derivar hacia los circuitos osciladores las tensiones que programamos anteriormente. Castillejo, en la descripción del motor maestro nos dice que gira a una velocidad 80 rpm y que, a lo largo de su giro recorre un círculo de contactos configurable. Según sus palabras “La distribución de estos contactos influye en el aire o género de música que pretendamos que ejecute el aparato; pues bien podremos distribuirlos en triángulo (compás de 3 por 4), en cuadrilátero, pentágono, hexágono etc., inscritos en el círculo. Al tocar la escobilla en su recorrido a dichos contactos, se cierra el circuito de otro motor cuyas características corresponden a las de los motores de unas 3.000 revoluciones por minuto”. Si echamos un nuevo vistazo al diagrama del Electro Compositor vemos con claridad el motor maestro (etiquetado como nº1 Ritmo), selector de sonidos, selector de tiempo y motor combinador de notas (etiquetado como nº 13). A continuación Castillejo menciona la existencia de una etapa -no la describe para no complicar- de “vibradores mecánicos y excéntricas para ciertos efectos vibratos, gorjeos, trinos, etc.”.
Castillejo reconoce que el Electro Compositor tiene algunas limitaciones porque “existe una dificultad casi insuperable en proporcionar voltaje muy estable al consumo variado de cada momento por la diversa intervención de mayor menor número de notas musicales”. Además suponemos que la inercia durante el arranque y parada de los motores auxiliares induciría efectos sonoros no deseados.
Después de esta breve descripción podemos intuir que el Electro Compositor Musical podría emparentarse lejanamente con una caja de ritmos, o más específicamente con el módulo arpegiador de un sintetizador. Siempre nos quedará la duda de como sonaba. De lo que no hay duda es que el Electro Compositor Musical de Juan García Castillejo es un hito de la tecnología electrónica puesta al servicio de la música.
Espero que disfrutéis del libro y, si habéis perdió el sentido de la maravilla, lo encontréis leyendo a Castillejo.
Colección | Descargar libro | Música Concreta y Tape Music | Emisión Termoiónica y Lee De Forest
Telefónica, símbolo de la Gran Vía de Madrid
agosto 20, 2010 on 2:55 pm | In arquitectura, hist. telecomunicaciones | No CommentsAdolfo García | Este año se celebra el 100 aniversario de la Gran Vía de Madrid. Según palabras de nuestro alcalde Alberto Ruíz Gallardón “La construcción de esta emblemática arteria permitió la llegada de los rascacielos, la nueva economía de servicios y los espacios para el espectáculo, el consumo y el ocio, con el séptimo arte como gran protagonista. En la Gran Vía se alternan las luces de neón de los estrenos con las nuevas técnicas publicitarias. Surge un comercio de lujo, abren los concesionarios de las primeras marcas de coches, grandes perfumerías encuentran su sitio, se consolida el cine, llegan las cafeterías americanas, Pedro Chicote introduce el cocktail, entre otras novedades. En definitiva, una Gran Vía que nace para resolver un problema de tránsito y circulación, con el tiempo se convierte en todo un símbolo de la ciudad y en un instrumento para comunicar a Madrid con el mundo».
Dentro del paisaje de la Gran Vía destaca sobremanera el edificio de Telefónica. Para mí siempre ha sido el símbolo por excelencia del Madrid moderno. Su estilo arquitectónico y, por supuesto, la actividad que ha desempeñado Telefónica en su interior resumen a la perfección un siglo XX repleto de progresos e innovación.
Esta semana Telefónica ha vuelto a recuperar la cuarta posición en el ranking de los mayores operadores de telecomunicaciones del mundo por capitalización bursátil. Como español y profesional de las telecomunicaciones me siento orgulloso de que una empresa española esté ahí, en lo más alto.
Felicidades Gran Vía. Enhorabuena Telefónica.
CincoDías. Telefónica bate a Slim en Bolsa y vuelve a ser la cuarta ‘teleco’ mundial
Token Ring – Bridging y Switching
julio 23, 2009 on 8:50 pm | In descarga textos pdf, hist. telecomunicaciones | No CommentsAdolfo García Yagüe – Febrero 1998 – Olicom

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Token Ring
- TR y el modelo OSI
- Trama TokenRing
Bridging
- Transparent Bridging
- Algoritmo Spanning Tree
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- IBM Spanning Tree
- Balanceo carga y backup con SRB
- Diferencias TB y SRB
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Switching
- Conmutación
- Modos de conmutación
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- Half Duplex y Full Duplex
- Bridging en el OC-8600
- Redes Virtuales
- Filtros y Seguridad
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- VLAN 802.1Q
Escenarios
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