Máquinas de Cálculo

febrero 25, 2018 on 11:34 pm | In colección, hist. informática | No Comments

Adolfo García Yagüe | En estos días, cuando se vuelven a suscitar dudas de que la obra “Salvador Mundi” sea atribuible a Leonardo da Vinci, a la vez que este cuadro ha alcanzado el mayor precio pagado en una subasta, me viene a la memoria aquél polémico suceso relacionado con las máquinas de cálculo y Leonardo. Así es, en el Códice Atlántico (1478-1518) y en el Códice de Madrid (1493) encontramos dos dibujos que nos recuerdan el mecanismo de funcionamiento de las máquinas de Pascal y Leibniz. En la década de los 60 del siglo XX, tras la aparición del Códice de Madrid, el Dr. Roberto Guatelli se percató de esta similitud y llegó a la conclusión de que da Vinci se había adelantado 150 años al invento de Pascal. Con esta convicción, en 1968, Guatelli construyó un modelo de esta máquina de cálculo tomando como referencia las notas y diagramas de Leonardo. Esta réplica llegó a formar parte de la colección IBM, hasta que un comité de expertos dictaminó que Guatelli había utilizado su intuición e imaginación para ir más lejos de lo que las notas y diseños de Leonardo reflejaban. Se concluyó aquellos trabajos eran estudios sobre la multiplicación del movimiento mediante el cambio de velocidad de un conjunto de engranajes.

Anécdotas y controversias aparte, hace 200 años engranajes, resortes y manivelas daban vida a las primeras máquinas de cálculo. En aquella época, dominada por la mecánica, el cálculo aritmético no podía escapar a semejante revolución. Charles Xavier Thomas de Colmar (1785-1870) patentó en 1820 el Aritmómetro. Esta máquina permitía sumar y restar de forma directa y, mediante sumas y restas parciales, realizaba multiplicaciones y divisiones. El Aritmómetro de Colmar fue la primera máquina de este tipo que se comercializó en Europa y Estados Unidos. No obstante, para hallar los antecedentes de este invento es preciso remontarse hasta 1642. En aquel año Blaise Pascal (1623-1662) construye la Pascalina para sumar y restar. Años más tarde, en 1673, Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646-1716), inspirándose en las ideas de Pascal, diseña su Máquina Aritmética con capacidad para sumar, restar, multiplicar y dividir. Es curioso comprobar que el corazón de esta máquina, el tambor dentado y escalonado (o cilindro de Leibniz), estará presente a lo largo de la historia en la gran mayoría de modelos más modernos.

En la historia de las máquinas mecánicas de cálculo se identifican varios periodos que hacen más fácil su estudio. Desde los ingenios antes mencionados de Pascal y Leibniz comprobamos la existencia de máquinas que automatizan el cálculo. Todas estas incitativas intentanban abordar -de una u otra forma- el cálculo básico pero, lamentablemente, todas ellas se quedan en meras curiosidades y no trascienden al público. Como he dicho, será el francés Colmar, con su aritmómetro, quien convertirá a la calculadora un producto comercial. Es a partir de este momento cuando empezamos a escribir nuestra historia.

El Aritmómetro de Colmar, y todas las maquinas que de él derivan, incialmente están basadas en controles deslizables y, posteriormente, incorporan un teclado. A través de estos cursores elegimos la cifra sobre la cual queremos operar. Hay numerosas patentes que describen ingenios con un mecanismo similar al empleado por Colmar qué, en definitiva, utilizan un control deslizante o una rueda que nos permite seleccionar la cifra. Este mecanismo de entrada de datos era algo lento comparado con una tecla. Algo parecido sucedía con las primeras máquinas de escribir. Resuelta la multiplicación y la división (aunque por sucesivas sumas y restas), era necesario introducir una innovación que permitiese la entrada de datos a través de un teclado.

Teclado frente a controles deslizantes
Sería Dorr Eugene Felt (1862-1930) y su Comptometer quien hizo posible una sumadora -comercial- gobernada por teclas. De esta serie de equipos nos llama la atención su gran teclado. Realmente, se traslada el concepto de barra vertical deslizante a un teclado. Esto significa que para cada cifra hay nueve teclas disponibles (del 1 al 9 y el 0 se obtiene al no pulsar ninguna tecla) y, en función de la longitud del número, emplearemos la vertical de decimales, unidades, decenas, centenas, millares… Esto significa que si nuestra máquina puede representar números de hasta 9.999.999,99 (una longitud de nueve números) y que para cada cifra tenemos nueve teclas… Si, en efecto, ¡Tendremos un total de 81 teclas! Una vez más, sorprende ver, como este modelo de teclado sobrevivió casi 100 años y era la opción preferida de un operador debido a su “supuesta” velocidad y robustez, en contra del teclado de diez teclas, inventado hace tiempo…

Impresión en papel
Una vez resuelta la entrada a través del teclado el siguiente paso era la salida. En aquella época la televisión y los display de caracteres son cosa de la imaginación. Por lo tanto, el registro más evidente de las operaciones es el papel, y la consiguiente impresión. A finales del siglo XIX la impresión de caracteres sobre papel es una técnica conocida y las primeras máquinas de escribir dan los primeros pasos. Por lo tanto, lo más lógico, es pensar en un hibrido entre el Comptometer y la máquinas de escritura. Esta máquina fue fruto de la invención de William Seward Burroughs (1855-1898) y se comercializó usando su apellido: Burroughs. Esta máquina fue un gran éxito al permitir dejar un registro escrito de lo que se estaba sumando y el resultado. No lo he comentado pero esta máquina, al igual que la anterior, es totalmente manual y depende de una palanca para hacer las operaciones. También hay que decir que estos ingenios resumen a la perfección una época dominada por el hierro fundido y las formas elaboradas y, en el caso de Burroughs, el vidrio con el que se adornan sus caras. Son el último suspiro de la mecánica victoriana.

Teclado de 10 teclas
Como he comentado más arriba, si hay algo que distingue a estas calculadoras hasta la mitad del siglo XX es su monstruoso teclado. Para muchos inventores de la época era lógico pensar en cómo simplificar y humanizar aquel “intimidatorio” teclado. Es algo que no tardaría en ser abordado por inventores como James Lewis Dalton (1866-1926), creando la primera sumandora con un teclado de 10 teclas y un totalizador. Es decir, un teclado similar a lo conocemos. Resulta paradójico comprobar que estas sumadoras existen casi desde el comienzo del siglo pasado pero eran vistas con cierto desdén por los profesionales del cálculo quien preferían el teclado expandido. Desde el invento de Dalton, hasta la llegada de los transistores -casi la mitad del siglo XX-, la opción de 10 teclas no fue muy común. Quizás, tras comenzar la dura competencia contra los fabricantes japoneses y sus modelos mucho más baratos basados en 10 caracteres, ya no tenía sentido seguir empeñados en el teclado expandido.

Calculadoras electromecánicas
En la primera década del siglo XX empieza a llegar el suministro eléctrico a las grandes ciudades y aparecen los primeros electrodomésticos. Es el momento de prescindir de la fuerza bruta y sustituir la “anticuada” manivela por un motor eléctrico que hará funcionar a las primeras calculadoras electromecánicas. Alguna de ellas, como el suministro no es muy constante y tienen vocación de portabilidad, soportarán ambos modos de funcionamiento: manual y eléctrico.

El siguiente y último paso comentado en este texto es el uso de la electrónica para construir máquinas de calcular. La invención y uso del tubo de vacío o triodo termoiónico -inventada por Lee De Forest (1873-1961) con el nombre de Audion– permitió gobernar a nuestro antojo un flujo de electrones en un entorno gaseoso (válvula) y, posteriormente, en un semiconductor (transistor). La invención del triodo termoiónico marca el comienzo de la electrónica y permitió la construcción de amplificadores de audio, la radio, la TV y, por supuesto, ordenadores y calculadoras.

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Datos, censo y tabuladoras

enero 27, 2018 on 8:44 pm | In análisis de datos, colección, hist. informática | No Comments

Adolfo García Yagüe | El tratamiento de los datos no es algo reciente, ni siquiera es una disciplina nacida a la luz de los progresos de la Edad Moderna. Las civilizaciones de la antigüedad ya gestionaban datos. En las tablillas cuneiformes de Mesopotamia podemos encontrar datos de producción agrícola e impuestos. Los romanos, por su parte, ya eran conscientes de la importancia del empadronamiento de la población; y los chinos de hace miles de años mantenían un preciso registro astronómico. No obstante el punto de inflexión se produce a finales del Siglo XIX cuando se automatiza el cálculo y tratamiento de los datos.

En el Siglo XVII aparecen las máquinas de cálculo de Blaise Pascal (1623-1662) y Gottfried Leibniz (1646-1716). Estos ingenios permitían operaciones aritméticas de suma, resta, multiplicación y división. Será durante la siguiente centuria cuando el cálculo mecánico alcance su madurez de la mano de Charles Xavier Thomas de Colmar (1785-1870) y su aritmómetro aparecido el año 1822. Sin abandonar el XIX, gracias al infatigable Charles Babbage (1791-1871) y su inacabada obra, aparece el concepto de máquina programable. En este siglo también aparecerán las máquinas especializadas en cálculo algebraico como las de Leonardo Torres Quevedo (1852-1936). En este escenario de mecanización del cálculo, falta el complemento de los datos. La gestión mecánica de éstos fue consecuencia de la necesidad de acelerar el tratamiento del undécimo censo de EE.UU, en 1890. Con este fin fue convocado un concurso de ideas al que acudió Herman Hollerith (1860-1929), un empleado de la propia institución censal. Inspirándose en el telar programable con tarjetas perforadas de Joseph Marie Jacquard (1752-1834) y en la máquina de Babbage (también programable con tarjetas perforadas), propuso automatizar el recuento censal con una máquina a la que llamó tabuladora. La tabuladora se alimentaba de tarjetas perforadas en las que previamente un empleado del censo había transcrito a pequeños agujeros la información de las encuestas censales. De esta forma, cada tarjeta reunía los datos de un ciudadano: su sexo, procedencia, edad y estado civil, entre otros, e incluso algo impensable -y políticamente incorrecto- en nuestros días como la raza y las congregaciones religiosas. La tabuladora procesaba cada tarjeta detectando la presencia o no de un agujero y llevaba la cuenta de los perfiles del conjunto de ciudadanos.

Aquellas máquinas dieron paso un paso evolutivo al ser “fácilmente programables”. Esta programación aportaba flexibilidad para permitir usar la máquina para la tarea que deseáramos, por ejemplo en control de la producción, la planificación de horarios de trabajo o las nóminas. Es lo que conocemos como lógica cableada y en la colección podemos observar un módulo que permite la programación de una de estas máquinas. Rápidamente, las tabuladoras también se emplearon para realizar operaciones aritméticas convirtiéndose en el centro de cálculo de las grandes compañías.

Las tabuladoras dieron otro salto evolutivo con la introducción de la tubo de vacío. Aquel componente de cristal era frágil, pero muy silencioso en comparación con los resortes y ruedas dentadas. La era electrónica acaba de comenzar. Lógicamente, las tabuladoras no tardaron en ser totalmente electrónicas siendo más rápidas, fiables y protagonizando el punto final de la era mecánica.

En este momento, hacia la segunda mitad de los años cuarenta y principio de los cincuenta, aparecen los primeros ordenadores y con ellos el concepto de programa descrito años atrás por Babbage y Ada Lovelace (1815-1852), sin olvidar a Alan Turing (1912-1945). Es decir, sobre una máquina de propósito general, escribimos un programa donde se indica que hacer con los datos que vamos a introducir. Lógicamente, esta entrada de datos lleva implícita una salida de datos. Es lo que conocemos como Entrada y Salida (Input-Output o I/O). En aquellos primeros años, y hasta el comienzo de los años ’80, ese proceso de Entrada y Salida de datos se apoya en tabuladoras. En efecto, como podemos comprobar en alguna pieza de la colección, durante este (gran) periodo las tabuladoras se utilizan, por ejemplo, para imprimir recibos de impuestos. Por supuesto, también se utilizan para introducir programas en aquellos ordenadores. Este uso y método de I/O conformará una jerga que se ha venido utilizando durante años en informática, y se ha utilizado durante mucho tiempo para definir perfiles profesionales: Perforador (de tarjetas), grabador, programador, analista… Ahora, con lo rápido que va todo, sorprende comprobar que las tabuladoras hayan aguantado tanto.

La proliferación de los tubos de imagen (monitores), teclados y los soportes magnéticos hizo que careciera de sentido seguir usado máquinas de tarjetas o de tabular. Poco a poco se fueron desconectando y pasando a la historia, pero no olvidemos que se concibieron para automatizar y sacar conclusiones de toda la masa de datos que hay dentro de un censo. Es, en definitiva, el Big Data del siglo XIX.

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Circuitos Integrados y Microprocesadores

noviembre 26, 2017 on 6:24 pm | In colección, hist. informática | 2 Comments

Tercera Generación
Adolfo García Yagüe | El transistor planar, nacido en la generación anterior, dejaba claro que era posible construir un dispositivo semiconductor en dos dimensiones empleando técnicas fotolitográficas. Se abría así la puerta a la invención del chip. El circuito integrado, chip o microchip será el protagonista de esta generación permitiendo reunir, en un único substrato físico de unos pocos milímetro cuadrados, numerosos componentes entre los que se encuentran aquellos de naturaleza semiconductora (transistores y diodos), y los de tipo tradicional como las resistencias, condensadores y bobinas. Poco a poco la técnica, basada en la impresión del fotolito del circuito a fabricar, se fue refinando y permitió aumentar la escala de integración. Así, hablamos de SSI para referirnos a una baja escala de integración que va desde los 10 a los 100 transistores (Small-Scale Integration), estamos en 1964. MSI en 1968 (Medium-Scale Integraion) de 101 a 1.000 transistores; LSI en el 71 (Large-Scale Integration) de 1.001 a 10.000; en 1980 VLSI (Very Large Scale Integration) de 10.001 a 100.000 transistores; ULSI en 1984 (Ultra-Low-Scale Integration) de 100.001 a 1.000.000; y GLSI (Giga-Low-Scale Integration) más de un millón de transistores.

Al igual que su predecesor, el circuito integrado tiene muchos progenitores que nos recuerdan su trabajo. Desde las primeras patentes del alemán Werner Jacobi (1904-1985) de Siemens, hasta el inglés Geoffrey Dummer (1909-2002). Pero, sin duda, el punto de inflexión se produce por el trabajo de los americanos Jack Kilby (1923-2005) (Texas Instruments) y Robert Noyce (1927-1990), este último trabajaba en la mencionada Fairchild y es uno de los que trabajó con William Shockley.

Los circuitos integrados no tardaron en emplearse en la construcción de ingenios aeronáuticos. Realmente el mundo militar fue uno de los primeros clientes ya que se simplificada el diseño, el peso y tamaño. La industria de los ordenadores rápidamente se convirtió en un usuario fiel del nuevo componente. En este punto, y en esta generación, es obligado mencionar a IBM y su Sistema 360. En él se emplearon masivamente los circuitos integrados y unos módulos de circuito impreso que le dotaban de gran flexibilidad (Solid Logic Technology). Además, el Sistema 360 de IBM, representaba un antes y un después en todo lo que había. Conceptos como virtualización de máquinas, arquitecturas de red, tiempo compartido y compatibilidad dentro de la familia, nacían con él. Este ordenador, y sus descendientes, se convertirán en el estándar para las grandes compañías y será el gran rival de otros fabricantes.

La proliferación de circuitos integrados y sus respectivos fabricantes hacía necesaria la estandarización de estos. En pocos años el mercado estaba inundado por el nuevo componente y resultaba difícil -por no decir imposible- buscar y encontrar un repuesto o circuito integrado equivalente. No se pretendía que para cualquier componente hubiese una segunda fuente pero, al menos, para aquellos más básicos era deseable. Tampoco facilitaba el hecho de que cada fabricante manejara un encapsulado distinto, muchas veces heredado del transistor. Era necesario establecer un encapsulado común y, sobre todo, sentar las bases de unas familias lógicas que normalizasen las funcionalidades más comunes.

Esta es la razón por la que en esta generación aparecieran las familias lógicas TTL 7400 de Texas Instruments (Transistor-transistor Logic), la CMOS 4000 de RCA (Complementary Metal-oxide-semiconductor), y el encapsulado DIP (Dual in-line package) inventado dentro de Fairchild en 1964.

 

Cuarta Generación
El núcleo de conocimiento de la pujante Fairchild estaba formado por ingenieros y científicos que habían trabajado con William Shockley. Se notaba que algo dentro de Fairchild era diferente a las demás compañías. Sólo había que comprobar su protagonismo y el número de innovaciones que lanzaban al mercado. Realmente “la Fairchild” que conocemos era un apéndice que una compañía mayor fundada en 1927 y dedicada a fabricar diverso material para el ejército, destacando sus cámaras de fotografía aérea. Aquello de montar una división de componentes semiconductores y, sobre todo, tener éxito, era un regalo para su fundador Sherman Fairchild (1896-1971). También influía que en la exitosa división de semiconductores participaba un fondo de inversión que daba cierta libertad a los genios de la recién fundada.

Aquello no era suficiente y, para el siguiente paso, era necesario ser el dueño de tu propia compañía. Así es como nace Intel de la mano de Gordon Moore (1929) y Robert Noyce. Un poco más tarde se uniría a ellos Andrew Grove (1936-2016), procedente también de la legendaria Fairchild.

Lo que pasó en aquellos años en Intel fue trepidante. Se trataba de identificar “nichos” y ahí innovar con todas las fuerzas. Uno de esos nichos era la memoria ya que, a finales de los años sesenta, aún se seguía dependiendo de las memorias de ferrita. Comparadas con los circuitos integrados, parecía anacrónico seguir usando las complejas, costosas y delicadas memorias. Ese fue el primer golpe de efecto de Intel. Con solo unos meses de vida, en 1969, pusieron en el mercado una diminuta memoria de encapsulado DIP -la 3101- que ofrecía 64 bit al mercado. En el mismo año lanzaron otro producto llamado 3301. Esta vez se trataba de una memoria de solo lectura, grabable (ROM), de 1.024 posiciones. También en el año 1969, comercializaron la 1101 como la primera memoria RAM de 256 bit. Al año siguiente, Intel presentó la famosísima 1103, una memoria RAM dinámica de 1.024 posiciones que supuso el abandono definitivo de los núcleos de ferrita. Por último, en el año 1971, cuando se empezaba a configurar una nueva generación, Intel presentaría la primera memoria ROM que podía ser borrada con rayos ultravioletas y reutilizada (vuelta a grabar), la EPROM 1701. Resultaba indiscutible que el “nicho” de Intel en aquellos primeros años era la memoria.

Estas memorias, junto a las familias TTL, ponían en evidencia lo que algunos empezaban a soñar y está relacionado con la libertad y facilidad para diseñar algo… En este clima, la empresa de calculadoras japonesa Busicom se acercó a la incipiente Intel con una petición muy concreta: Queremos seguir fabricando calculadoras y necesitamos ser competitivos. Para ello necesitamos poner el mercado varios modelos de calculadora y queremos evitar tener que rediseñar las funcionalidades de cada calculadora y su montaje. Por lo tanto, queremos algo que permita programarse y limite las posibles funcionalidades. Más o menos esta era la petición de Busicom e imagino que no sonaba extraño a los de Intel. Si os dais cuenta están pidiendo algo que interprete software sobre un hardware estándar. Deseaban “desacoplar” el costoso diseño hardware de la evolución del producto… Necesitaban algo programable. Necesitaba un Microprocesador.

En cualquier máquina antigua era fácil identificar -visualmente- la mastodóntica unidad lógica y aritmética, sus buses y registros de memoria, entre otros. Ya que la tecnología de integración LSI lo permitía, la idea de Federico Faggin (1941), ex de Fairchild, consistía en reunir la mayoría de estas “cajas” en un único chip, y ofrecérselo a Busicom. Es decir, un circuito integrado capaz de ser programado por software. Así es como Intel sacó de sus laboratorios el Microprocesador 4004, el primer micro de la historia. Corría 1971.

Aunque era tremendamente humilde, el 4004 inauguraba la cuarta generación. Apenas podía ser usado más allá de aplicaciones muy específicas, como las calculadoras. Aun así, el hecho de ser programable, abría la puerta a futuros e inmediatos desarrollos más capaces y, sobre todo, a una nueva era que todavía dura. Al 4004 le siguió el 4040 y, conscientes de su limitación para ser usado por un ordenador, apareció en el año 1974 en Intel 8080.

El 8080 fue una auténtica revolución. Junto al resto de chips inventados años antes, permitía fabricar un ordenador a cualquier aficionado a la electrónica

A partir de aquí podemos alargar la historia citando más generaciones. Podemos meter al PC de IBM, la inteligencia artificial, etc. En efecto, son cosas importantes y marcan un antes y después pero, la realidad, es que nos alejamos de lo sustancial que es cómo funcionan los ordenadores. Al microscopio, a fin de cuentas, un Core o un ARM no se diferencian tanto del veterano 8080.

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Relés, válvulas y transistores

noviembre 26, 2017 on 6:02 pm | In colección, hist. informática | 1 Comment

Adolfo García Yagüe | Resulta imposible leer sobre la historia de la informática y no toparse con el término “generaciones”. Con esta expresión nos referimos a las etapas que han marcado la evolución y utilización de un nuevo componente en la fabricación de ordenadores. Lógicamente, como no podía ser de otra forma, la existencia de una nueva técnica, innovación o componente, suele alumbrar otras invenciones. Me refiero, por ejemplo, al hecho de que el uso de Circuitos Integrados permitió la fabricación y la miniaturización de una nueva generación de ordenadores pero, además, facilitó la invención de la Unidad de Diskettes.

Empezamos pues en lo que había al comienzo, antes de la Primera Generación. Como hemos visto en otros artículos las primeras máquinas eran mecánicas. En su interior había innumerables relés que se encargaban de hacer las operaciones lógicas. El relé era conocido desde los tiempos del telégrafo y se inventó para “relevar” el debilitado impulso eléctrico a lo largo de los tendidos de cable. Fue inventado en 1835 por el americano Joseph Henry (1797-1878) y era usado, como he dicho, como “amplificador” de estas líneas. Los técnicos se percataron de que el relé facilitaba el control de la conmutación y no se tardó en elucubrar una central telefónica “automática” donde, para poner en contacto a dos personas, no medie un operador (esto pasó a principios del siglo XX). En esa época un afamado ingeniero español, Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), venía trabajando en maquinas analógicas mecánicas y se dio cuenta de las posibilidades del relé al construir autómatas que tenían que tomar alguna decisión lógica ante un evento. Se adelantó a su tiempo y en 1914 presentó un tratado llamado “Ensayos sobre automática”.

Torres Quevedo fue un sabio y, aunque era una figura reconocida dentro y fuera de España, la construcción de un autómata no era su prioridad técnica y la opinión pública estaba más interesada en sus grandes dirigibles y, por su puesto, en el transbordador con el que se cruza las cataratas del Niágara.

No fue hasta el año 1937 cuando un científico –de la Bell Telephone– llamado Claude Shannon (1916-2001) abordó matemáticamente el estudio de los circuitos de relés. Este no era un tema trivial para un constructor de centrales telefónicas ya que cuantos más usuarios «cuelgan» de una matriz de relés resulta más complejo poner en contacto a dos personas y no perjudicar al resto. Es decir, establecer el circuito y no afectar a otro que ya comunica a dos personas… Mientras Shannon investigaba en la lógica de las citadas redes su colega de la Bell, George Stibiz (1904-1995), fabricaba en la cocina de su casa una calculadora basada en relés. En 1938 Shannon publicó el famoso artículo “Análisis Simbólico de Relés y Circuitos de Conmutación” y Stibiz demuestra que era posible la construcción de un ordenador. Estos trabajos no dejaron indiferente a nadie y coinciden con la construcción del Mark 1 entre la Universidad de Harvard e IBM. Lejos de EE.UU., en la Alemania del ’38, Konrad Zuse (1910-1995) construía su máquina Z1, también basada en relés.

El texto de Shannon y el Mark I pusieron tras la pista a más de uno. El mundo estaba en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y se necesitaba una máquina de mayor capacidad, precisión y, sobre todo, rapidez. Así es como nace ENIAC (EE.UU.) y Colossus (Reino Unido). Esa necesidad militar será la que “impulse” el desarrollo de los primeros ordenadores basados en válvulas de vacío. Es decir, de la primera generación.

Primera Generación
La válvula fue inventada en 1904 por el británico John Ambrose Fleming (1849-1945) a partir de un fenómeno descubierto -pero no entendido- por Thomas Alva Edison (1847-1931). Fleming inventó y patento el tubo de vacío como diodo y aplicó su capacidad para rectificar corriente alterna en continua a la detección de señales de radiofrecuencia. Mientras esto sucedía, el americano Lee De Forest (1873-1961) introducía una “rejilla” polarizada entre el cátodo y el ánodo del diodo, dando lugar al triodo. Aunque parezca mentira, las aplicaciones de este tríodo -recién inventado- son muy numerosas e introdujo a la humanidad en la era de la electrónica.

Resumidamente, la válvula permite controlar un flujo de electrones dentro de un medio gaseoso a baja presión. Estos gases, o el vacío, hacen que sea necesario confinarlos dentro de una ampolla de cristal cerrada herméticamente. Por “control” nos referimos a la amplificación, modulación y conmutación del citado haz de electrones. Estos electrones se generan (emisión termoiónica) cuando el filamento alcanza la incandescencia (de 900 a 1000 grados centígrados) aplicando un voltaje relativamente bajo, por ejemplo, a 6V y 1A. En cambio, para el control de los mencionados electrones en el interior del tubo se requiere tensiones más altas que pueden llegar a más de 100 voltios. Pese a esas dificultades técnicas, derivadas de la alta temperatura, su tamaño y el consumo eléctrico, se han construido numerosas máquinas basadas en tubos de cristal, incluyendo los primeros “cerebros electrónicos”.

De este capítulo el más conocido -por ser el más publicitado- fue el ENIAC. No obstante, hace unos años, el Reino Unido hizo público que usó durante la II Guerra Mundial un ordenador llamado Colossus para descifrar los códigos alemanes. Aquellas máquinas eran grandes calculadoras programables mediante conexiones que facilitaban la toma de decisiones de los militares. Todavía no eran programables con algún tipo de lenguaje.

Por parte de IBM, sus tabuladoras mecánicas evolucionaron hacia el empleo de válvulas. Tras la contienda, destaca el nacimiento de la firma UNIVAC quién construirá el primer ordenador comercial, multipropósito y programable. En su origen, UNIVAC fue una compañía dirigida por John Presper Eckert (1919-1995) y John William Mauchly (1907-1980) quienes, años antes, estaban al frente del ENIAC. Se inicia así la competición entre fabricantes.

Esta primera generación nos dejó innovaciones que ahora consideramos básicas, como el almacenamiento masivo y la programación en ensamblador. Quizás, el libro que mejor resume esta época es High-Speed computing devices, publicado en 1950. Obviamente las revistas de la época se hacen eco de lo que sucede. En particular Radio Craft, más tarde denominada Radio-Electronics y enfocada en la electrónica, la incipiente televisión, la radio y, como no, los radioaficionados. No debemos olvidar que son años donde la válvula de vacío es muy común y representa la pieza central de cualquier aparato electrónico.

En un plano más cercano, las calculadoras mecánicas evolucionaron tímidamente al uso de las válvulas. A pesar de que ya se conocía como debían estar construidas, la adopción de este invento por parte de los fabricantes fue muy tardío y apenas unos pocos se animaron. El caso es paradójico porque, en la fecha que -por fin- se usó la válvula, ya estábamos metidos en la segunda generación.

Segunda Generación
La válvula funciona, incluso funciona tan bien que hoy en día se sigue empleando en algún dispositivo. No obstante, dejando a un lado su uso actual en la amplificación audio “sibarita” y en algunas etapas de radiofrecuencia, ya no es un elemento de uso masivo. Como decía arriba la válvula impone importantes condicionantes técnicos. Alguno de ellos tiene que ver con el tamaño y el calor que desprenden. También su fragilidad, al tratarse de un elemento de cristal, sin olvidar de su precio. Es evidente que un ordenador de la primera generación necesita muchas válvulas, y estás fallan de vez en cuando, es muy grande y consume mucho.

Era una necesidad buscar algún material que permitiese, de una manera fácil, el control de los electrones cuando pasan a través suyo. Aquel material existía y se conocía dicho fenómeno, se trataba del Germanio y su propiedad llamada “semiconducción”. Este elemento químico que está presente en la tabla periódica no es de fácil obtención. Como digo, aunque era conocido, había que conseguirlo, purificarlo y hacer algo útil con él. Posiblemente, alguna de estas razones, hizo que no se inventara antes de transistor. John Bardeen (1908-1991), Walter Brattain (1902-1987) y William Shockley (1910-1989) profundizaron es su propiedad semiconductora, como alternativa a una válvula. Se estudió a fondo y se construyó el transistor en 1948. Una vez más, fue en los laboratorios Bell y los implicados fueron reconocidos con el premio Nobel en 1956. Rápidamente, para la construcción de los mencionados transistores, se usó Silicio en lugar de Germanio. Este elemento es más abundante, más barato y, además, sus propiedades semiconductoras son mejores.

El uso de transistores representa una auténtica revolución. A diferencia de las válvulas, es un componente resistente y pequeño, muy barato y, a la hora de diseñar, se simplifica enormemente este. Con las citadas propiedades a tu favor no es de extrañar que el uso de transistores hay permitido máquinas más rápidas, baratas y potentes. En cualquier caso, no todo es perfecto…

La citada imperfección reside en que el transistor, como lo vemos a través nuestros ojos, es un elemento con “volumen”. Es decir, aunque es muy pequeño, tiene tres alambres o patitas y un cuerpo que le da forma. Se puede ver y tocar. Esta necesidad de tamaño y la conexión de las mencionadas patas al elemento semiconductor hacen difícil reunir un buen número de transistores en un mismo circuito. Los científicos e ingenieros eran conscientes de esta limitación pero -de la forma habitual- no parecía tan evidente pasar un objeto 3D (el transistor y sus respectivas patitas), con forma y volumen, a algo totalmente plano.

Hay numerosos padres y compañías que se atribuyen alguna parte de la paternidad del transistor planar pero, el mayor mérito, corresponde a Jean Hoerni (1924-1997) de la compañía Fairchild. En aquel tiempo había mucha innovación alrededor de los semiconductores por eso el número de compañías, nombres y patentes es muy largo y, sin pretenderlo, se produce una innovación colaborativa. Esto es, uno puede inventar la técnica para fabricar pero el siguiente, que es de otra compañía, inventa el producto. Así ha pasado con los transistores y los semiconductores en general. La nube de patentes que hay detrás de un producto es inmensa y es obra de personas y compañías diferentes.

El transistor nos dejaría ordenadores más grandes y potentes pero, sobre todo, hizo posible que estos se programen en lenguajes de alto nivel. Es decir, lenguajes con sentido para los humanos. Así es como nacieron los legendarios FORTRAN y COBOL. El primero fue inventado a medida de los ingenieros y los científicos (FORmula TRANslation), y el segundo (Common Business-Oriented Language) estaba pensando para ser usado por contables y gente que maneja grandes listas. En este punto hay que recordar que el COBOL se inspiraba en el más antiguo de todos, el FLOW-MATIC, inventado en 1955 por Grace Murray Hopper (1906-1192) y usado en UNIVAC.

Por otro lado, mencionar que, las primeras unidades de almacenamiento masivo y acceso aleatorio (discos duros), nacen en esta época de la mano de IBM y su RAMAC (1956). También aparecerá la compacta memoria RAM basada en minúsculos núcleos de ferrita. Estas tarjetas de memoria permitieron prescindir de los complejos Tubos Williams (basados en la pantalla de un osciloscopio) y líneas de retardo de magnetostricción. Las Memorias de Ferrita aportarían cierta “modularidad” dando un aspecto más compacto, a la altura del transistor. No hay que olvidar que se conocía como fabricar una memoria RAM con válvulas o transistores, incluso con relés, haciendo con ellos un flip-flop o biestable. No obstante, el tamaño (número de bits) que se puede almacenar es muy limitado y su rapidez depende de este circuito, pudiendo representar un cuello de botella. Aun así, el biestable es un circuito ampliamente empleado en la construcción de ordenadores y la disminución de su tamaño ilustra a la perfección la evolución de la que estamos hablando.

Por último, anteriormente he citado a Jean Hoerni y su invento dentro de Fairchird, pero no he mencionado la historia que cuenta que él y otros colegas que abandonaron al mismísimo William Shockley aduciendo que su carácter controlador limitaba la creatividad de aquel que trabajaba a su alrededor. Así es, no olvidemos que en aquella época la invención de Shokckey, y él mismo, gozaban del reconocimiento mundial. Supongo que con semejante palmarés no era complicado montar una compañía que llevara su propio nombre: “Shockley Semiconductor Laboratory”. Hoerni y otros compañeros eran jóvenes (más o menos 15 años menos que Shockley), con ideas frescas y un planteamiento claro: Los avances (o retrocesos) de una investigación marcaban el camino a seguir. Diferente a Shockley, quien prefería seguir lo que se (él) decidía desde el principio hasta el fin. Queramos o no, había un pequeño salto generacional y las cosas empezaban a ir muy rápido. También, esta actividad dejaba de ser cosa de las compañías ya establecidas, existiendo una oportunidad para los recién llegados y, sobre todo, para los bancos y sus inversiones que miraban con curiosidad todo aquello. Volveremos sobre el tema…

Colección | Inicios de la Industria Informática | Emisión Termoiónica y Lee De Forest | Circuitos integrados y microprocesadores

Presentando la colección

noviembre 12, 2017 on 8:02 pm | In colección, hist. fotografía, radio, tv y vídeo, hist. informática, hist. sonido y música electrónica, hist. telecomunicaciones | No Comments

Adolfo García Yagüe | Nunca veo el momento de empezar a contar esta historia: la historia de la colección de ordenadores y diverso material electrónico que amontono desde hace años. Llevo casi media vida buscando, adquiriendo y clasificando piezas con el ilusorio objetivo de montar un museo. Mientras llega ese día (si es que llega), ya es hora de pasar a la acción y compartir este pequeño tesoro, aunque sea virtualmente.

En esta recopilación de piezas he intentado alejarme de la acumulación de material -a veces irracional- en la solemos caer los frikis de la subespecie geek. En esa búsqueda y selección de material me he autoimpuesto un guion a través del cual sea más fácil contar historias, enlazando objetos y, sobre todo, explicando el impacto de cada uno de ellos.

El guión comienza en 1890. De aquel año es uno de los objetos más antiguos de la colección. No se trata de una máquina, es una revista. Es un ejemplar de Scientific American en cuya portada se presenta al mundo la máquina que permitirá automatizar el undécimo censo de Estados Unidos. Aquella máquina, inventada por Herman Hollerith, sería el remoto antecesor de lo que hoy denominamos Big Data. Además, está máquina, a la que llamaremos tabuladora, sería el embrión de una gran compañía: IBM (International Business Machines).

Contemporáneas a aquellas primeras tabuladoras de principios del Siglo XX, poseo alguna calculadora mecánica. Como su nombre indica son máquinas para realizar cálculos básicos (suma y resta) y, en su momento, junto con los vehículos, representaban la cúspide la modernidad.

El anterior capítulo mecanicista da paso a publicaciones de principios de los años cuarenta que hablan de increíbles máquinas electrónicas capaces de emular un cerebro. Es en estos años donde se situarían los antecedentes de lo que vendría después: tubos de vacío, lenguajes de programación, transistores, sistemas operativos, memorias de ferrita, circuitos integrados, microprocesadores y, lo más importante, el nacimiento de una industria capaz de impulsar semejante innovación. Mi guion este periodo culmina hacia finales de los sesenta y principios de los ’70, cuando a toda esta tecnología acceden jóvenes idealistas decididos a cambiar el mundo con ella…

… Y vaya si cambiaron el mundo. Aquellos jóvenes idealistas apasionados por la tecnología hicieron posible que hoy tengamos un ordenador en casa, que exista Internet y que aún tengan sentido conceptos como libertad, código abierto, curiosidad técnica y comunidad. De esta época atesoro alguna de las piezas que más valoro, como un Altair 8800 o los cuadernos originales que publicó Bell Labs con el código fuente de la versión 6 de UNIX, elaborados John Lions, profesor australiano de la University of New South Wales, para que sus alumnos comprendieran el funcionamiento de un sistema operativo. Este periodo fue corto pero muy intenso y con un impacto que aún resuena en nuestros días.

La espontaneidad y pasión del periodo anterior desembocaría en dos formas de entender y emplear la informática. Por un lado, en la segunda mitad los ’70, negocios y profesionales empiezan a usar ordenadores como una poderosa herramienta que ayuda a incrementar su productividad. Por otra parte, en el comienzo de la nueva década, el ordenador llamará a la puerta de los hogares para ocupar un sitio destacado en la familia. A diferencia de hoy en día, en aquella época las máquinas de ambos mundos eran completamente diferentes. El Home Computer u ordenador doméstico solía ser una máquina humilde, de prestaciones limitadas pero tremendamente versátiles. En aquellas máquinas jugábamos y muchos de nosotros aprendimos a programar y allí se configuró nuestro futuro profesional. En cambio, los equipos profesionales o Personal Computer eran máquinas infinitamente más caras. Solo accesibles para profesionales acomodados y empresas deseosas de modernizarse.

Con el tiempo el mercado se fue homogenizando. El constante avance de la tecnología y su abaratamiento provocó que, a partir de la segunda mitad de los años ochenta, las fronteras entre ordenador doméstico y profesional fueran cada vez más difusas. El resultado es que a finales de los ’80 el mercado estaba unificado y no tenía sentido hablar de Home o Personal Computer.

El último capítulo de mi colección se lo he querido dedicar a las comunicaciones entre ordenadores. A mi entender, este salto evolutivo -conectar dos o más ordenadores entre si-, supuso algo parecido al instante que el ser humano empezó a hablar con sus semejantes. Hasta el momento estábamos solos, con nuestros pensamientos/ordenador. La llegada de las comunicaciones nos ha permitido llegar a otros rincones del planeta, acceder a todo tipo de información y, en definitiva, no sentirnos tan solos. De este momento me interesa el acceso remoto a sistemas a través de líneas telefónicas, las BBS, el nacimiento de las redes locales y la interconexión de estas para construir lo que hoy llamamos Internet.

Como dije al comienzo, mi intención es dar forma a una pequeña exposición virtual. Para ello, además de textos, me apoyaré en fotos de las piezas de la colección. Estás las iré subiendo a una galería en Ccäpitalia.

Colección

El Mundo del Spectrum

diciembre 20, 2016 on 8:27 pm | In colección, hist. informática | No Comments

Siempre es agradable recibir regalos, aunque estos te recuerden que nos hacemos mayores… Este fin de semana me han regalado un fantástico libro cuyo título lo dice todo: “El Mundo del Spectrum”. A lo largo de más de 200 páginas se repasa la historia de este ordenador, el impactó que tuvo en nuestro país alumbrando a una generación de brillantes programadores, y haciendo posible que floreciese una pujante industria del videojuego.  Este libro nace por iniciativa de la web del mismo nombre (www.elmundodelspectrum.com) donde, desde 1996, se da refugio a nostálgicos de esta máquina.

El primer ordenador que toqué fue un ZX Spectrum 48K con las teclas de goma. Aquel encuentro fue en una academia de mecanografía (si, aunque parezca increíble, hace años aprendíamos a sacar el máximo partido al teclado de una máquina). Recuerdo que unos comerciales de El Corte Inglés nos hicieron una pequeña demostración cargando un juego. He de reconocer que en aquel momento no surgió el flechazo. Vaya rollo -pensé- con lo que mola la máquina de los recreativos… El segundo contacto volvió a ser con otro Spectrum, esta vez en casa de mi primo Santiago. Él me enseño un “gomas” recién comprado; me explico que hacía y me animó a programar unas líneas en el BASIC que venía incluido en ROM. Guardamos aquel programa en una casete, lo recuperamos y entonces sí que me enganchó aquella cosa de la informática. Esto sucedió en 1983.

Aún tendría que pasar algo más de un año hasta que mis padres compraran un ordenador, un ZX Spectrum Plus. Durante ese intervalo de tiempo ya empecé a acumular revistas de informática y todos los sábados por la tarde, en compañía de mis amigos de la infancia, visitábamos el espacio de informática de El Corte Inglés del Paseo de la Castellana. Allí pasábamos horas transcribiendo programas en los ordenadores que estaban de exposición con total permisividad de los vendedores. A fin de cuentas les ayudábamos a vender porque ¿qué mejor demostración que un chaval de 12 años tecleando un programa para simular la trayectoria del cometa Halley?

El Spectrum no era el mejor ordenador de su época. Más bien era una máquina humilde de prestaciones ajustadas. Su apariencia era algo infantil, con un teclado que delataba sus limitaciones. A pesar de todo, esta máquina revolucionó el mercado español por su bajo precio y abundante de software. En otros países no se produjo este fenómeno con la misma intensidad. Aún así sorprende ver como los Spectrum disputaban el mercado a máquinas superiores: Por ejemplo, en Reino Unido a los BBC de Acorn (UK); en Alemania a máquinas Commodore (USA); Holanda y sus MSX de Philips; o a los Thomson en Francia. Estados Unidos y Japón eran otra historia y en ambos países las máquinas de Sinclair apenas dejaron huella.

Su hardware giraba en torno a un microprocesador Zilog Z80 funcionando a 3,5MHz y un chip propietario, diseñado a medida, denominado ULA (Uncommitted Logic Array). En este último se integraban las funciones periféricas de entrada y salida (teclado, vídeo y almacenamiento externo). Además contaba con 16 KB de ROM donde incluía un intérprete de BASIC y se comercializó con dos configuraciones de memoria RAM: 16KB y 48KB. Como medio de almacenamiento empleábamos un casete convencional y una TV para la visualización. En definitiva, era un ordenador con un hardware y una mecánica ajustados al máximo para facilitar su entrada en la mayoría de los hogares. Y así fue…

* * *

Ciertamente al éxito del Spectrum en España también contribuyó una publicación que le acompaño desde noviembre de 1984… hasta 1992. Me refiero a la revista Microhobby. Desde sus páginas todas las semanas teníamos información de novedades, acceso a programas y detalles técnicos que nos permitían sacar el máximo partido de nuestras máquinas. Gracias a esta publicación aprendimos a programar en BASIC, ensamblador del Z80 y abordamos el montaje de circuitos basados en micros.

El ZX Spectrum tuvo dos predecesores (ZX 80 y ZX 81) y un flamante sucesor (Sinclair QL). En todos los casos la aproximación comercial fue la misma: Poner en el mercado un ordenador a muy bajo precio con prestaciones técnicas razonables. En el caso de los primeros (y del ZX Spectrum) la estrategia funciono pero con el QL el fracaso fue mayúsculo. Tras el QL hubo otras máquinas que enriquecieron el linaje del Spectrum y contribuyeron a forjar el mito, pero esta y otras historias serán contadas en otro post.

P.D. Si no sabes que regalar estas navidades a alguien con más de XX años, apasionado de los ordenadores y con tendencia a la nostalgia sana… aun estás a tiempo.

Colección | Home Computer y Retroinformática | En los límites de la innovación

Primeros pasos del fonógrafo Edison en España

diciembre 7, 2016 on 8:00 pm | In arte sonoro, colección, hist. sonido y música electrónica | 2 Comments

Ayer, mientras visitaba en la Fundación Telefónica la exposición “1, 2, 3 ¡Grabando!”, al ver los fonógrafos Edison (1847-1931) con los que se inicia la muestra, recordé que no muy lejos de allí, en el número 10 de la calle Montera, en 1894, existió un gabinete donde los clientes podían disfrutar de la escucha de grabaciones. Alguna revista de la época dio cuenta de aquella novedosa inciativa denominada “El Espectáculo Científico” del Sr. Pertierra.

Os dejo la noticia y el grabado del Salón del Sr. Pertierra que apareció publicado en “La Ilustración Española y Americana”, el 22 de mayo de 1894. También he incluido la nota de prensa que apareció al año siguiente “La Ibérica”.

La Ilustración Española y Americana, 22 de mayo 1894. Edison llama al fonógrafo su hijo predilecto, y con razón puede envanecerse de él, con ser tantas y tan grandes sus glorias de inventor. Precedentes tuvo, que no hay invención ni descubrimiento que no los tenga, de modo que á cada inventor se le pueden señalar siempre sus precursores. Entre éstos hay siempre poetas, Lope de Vega adivinó el telégrafo el día que escribió aquellos admirables versos:

Con la rapidez del rayo
Las noticias han venido,
Y quién sabe algún día
Vendrán con el rayo mismo.

Villarroel predijo la Revolución francesa, y Cirano de Begerae presintió el fonógrafo, al describir, en su Historia cómica de los Estados e Imperios de la Luna, aquel libro que se leía con los oídos, pues en vez de letras tenía sonidos.

Hoy tenemos libros de estos merced á Edison, quien en 1887 nos dio el primer modelo de su ingeniosísimo aparato, y el 1889 el modelo perfeccionado que puede verse en el salón del Sr. Pertierra. El primitivo fonógrafo era un cilindro de madera rodeado de una capa de estaño, en la que cierto estilete, sujeto á una membrana vibrante, dejaba marcada la huella. El actual es también cilíndrico, pero hecho de cera, y por estilete tiene un rubí adherido al tambor-placa resonante. En el primero transmitía el movimiento con un pedal, y en éste por la electricidad, dando uniformidad al movimiento un árbol de espiral de paso de tornillo de décima de milímetro.

Quizás el principal vulgarizador del fonógrafo en España ha sido el Sr. Pertierra, dueño del Espectáculo Científico de la calle Montera, núm. 10, en el que este asombroso aparato se halla instalado como corresponde á su grandeza. Está colocado sobre una vitrina, entre dos estatuas que sostienen dos luces eléctricas, y de él parte un tubo que transforma el sonido-voz hablada, canto, orquesta, etc… á diez y seis tubitos más que terminan en dos auditores de caucho ó cristal, los cuales se aplica á los oídos el público colocado alrededor de una barandilla cubierta de peluche. En medio ser ve un hermoso busto de una mujer en actitud de escuchar. Finalmente, al medio de un lienzo del salón está el retrato de Edison, que parece presidir el acto.

Por este salón ha pasado medio Madrid, y el fonógrafo conserva la voz de distinguidos artistas, y hasta de algún orador de nuestro Congreso.  

La Ibérica, 22 de mayo 1894. Continúa tan favorecido por el público como el año anterior, el fonógrafo establecido por el Sr. Pertierra en la calle de la Montera, 10.

Son muy del agrado del auditorio las jotas cantadas por el famoso Royo del Rabal, de Zaragoza, y las pintorescas vistas del Panorama Imperial.

El Sr. Pertierra se ocupa estos días en aumentar, con cilindros impresionadas con la voz de cantantes notables, la ya rica colección que posee.

* * *

Por último, es menester recordar que la primera exhibición pública del fonógrafo Edison en España se sitúa en el Ateneo libre de Cataluña el 12 de septiembre de 1878, apenas un año después de su invención. Este histórico evento fue recogido en las páginas del semanario “La Academia” el 30 de octubre del mismo año.

La Academia, 30 de octubre 1878. El día 12 de Setiembre el salón del Ateneo libre de Cataluña estaba lleno por completo de personas ávidas de conocer el más sorprendente de los invento del norteamericano Thomas A. Edison. Aquella noche, por primera vez en España, se practicaron pruebas completas en el fonógrafo.

Nuestros lectores conocen ya el aparato. Es sencillo, casi infantil. Un amigo nuestro, entre el asombro que le produjo el oírlo, decía expresivamente: “Si lo hubiese inventado un parisiense, hubiera hecho de él una muñeca que hubiera sido la novedad del día de año nuevo.”

Se compone sólo de tres partes esenciales. Una membrana que vibra, un estilete unido á la membrana que imprime las vibraciones y un papel de estaño que recibe la impresión. Las demás partes son accesorias. El modo de funcionar es más sencillo todavía. Los sonidos, que se dirigen directamente á la membrana, lo ponen en vibración, y ella á su vez hace vibrar el estilete. La punta de este descansa en el papel de estaño, que va pasando, y, al pasar, recibe, por el movimiento del estilete, ranuras más o menos profundas, que aparecen como una línea de puntos. Impreso ya el papel de estaño, basta colocarlo de nuevo en la situación que tenía al empezar la operación y repetir el mismo movimiento. El estilete que descansa sobre el papel se ve obligado á seguir de nuevo las ranuras producidas, lo que comunica á la membrana un movimiento vibratorio igual exactamente al que hizo anteriormente y, como es natural, se reproducen los sonidos impresos.

El tan ilustrado como modesto físico y constructor de aparatos en Barcelona, D. Tomás Dalamau, dirigió los experimentos, además de presentar el aparato de Edison con varias modificaciones, entre la que es notable la de sustituir el mecanismo de relojería que tiene para dar movimiento al cilindro que lleva el papel de estaño, por una maquinita electro-motor Gramme, con lo que se consigue mayor constancia, regularidad y duración de la marcha de la plancha fonográfica. En la velada que describimos se probaron membranas de acero, de marfil y hasta de pino, y todas dieron excelentes resultados.

Los experimentos que se hicieron fueron de palabra hablada y de canto vocal é instrumental, á solo y á duo, pues que el maravilloso aparato con un solo estilete y una sola membrana reproduce exactamente la armonía, habiendo dado todos satisfactorios resultados. Los profesores músicos que estaban presentes notaron con asombre que cada vez que la membrana no puede reproducir una nota por demasiado aguda, cual si fuere un ser inteligente y conociera las leyes de contrapunto, da la misma nota baja de una octava cabal.

Hízose hablar al fonógrafo en castellano, en catalán, en gallego, en francés, en alemán y en inglés. Hízosele cantar seguidillas españolas, y trozos de los principales maestros, y con la misma fidelidad reprodujo los picarescos cantares de nuestras zarzuelas, que el aria de Rosina en el Barbero, el de de Norma y Adalgisa y el bajo y barítono en los Puritano.

Tomaron parte en la experimentación las distinguidas señorías de Werhle y de Rovira, el tenor Sr. Rincón, el bajo Sr. Puiggener, á todos lo que y al fonógrafo acompañó al piano el profesor Sr. Mayol.

Todas las personas que asistieron á la velada, entre las que se distinguía el Excmo. Sr. Capitán general Cataluña, Sr. Blanco y varios señores catedráticos, se asociaron con entusiasmo al mensaje que el Ateneo libro mandó al célebre Edison, expresándole la admiración que siente por su genio; siendo de notar que el mensaje se le mandó en un plancha fonográfica, que colocada en su aparato en Norte América, le dejará oír la voz de los que desde España le felicitan. Será quizá la primera vez que se habrá verificado lo que hace un año hubiéramos creído absurdo.

El célebre genio, cuyo retrato lleva nuestra página primera, nació en febrero de 1847 en el condado de Eire (Ohio), y ya desde su adolescencia manifestó vivísima vacación por las ciencias físicas, empezando en tan temprana edad á dar pruebas de su extraordinaria potencia creatriz. Sus primeras invenciones fueron consagradas á perfeccionar los aparatos telegráficos, debíendosele el stock-telegraph, que trasmite los números con mucha mayor rapidez que el sistema Morse; el cuádruple telégrafo, que permite expedir a la vez y por un mismo hilo cuatro despachos, y finalmente, el electro-motografo, en una simple combinación química suple al empleo del magnetismo. Con tal continuidad y en número tan asombroso (pues pasan ya de 150) han ido sucediéndose los partos de tan fecundo genio, que su enumeración completa requeriría registro perpetuo. Entre sus invento recientes sobresalen la pluma eléctrica, el fonógrafo (de cuyas aplicaciones y descripción nos ocupamos en el presente número al reseñar la sesión experimental celebrada en el Ateneo libre de Cataluña), me megáfono, el aerófono y el electro-tarimetro. La noticia de palpitante actualidad trasmitida por la prensa de Nueva York relativa á su último descubrimiento sobre la aplicación de electricidad á los alumbrados público y doméstico por la subdivisión del foco en millares de luces ha causado honda sensación en los mercados europeos y áun cuando el asunto está sub-judice, y no falta quien se empeñe en desvirtuarlo, no creemos que deba rechazarse sus posibilidad, mayormente tratándose de atleta de la inteligencia que nos tiene acostumbrados á ver traducido en hecho práctico lo que ántes á duras penas hubiera osado imaginar la más soñadora fantasía.

Colección | Re-inventando la grabación en vinilo… | Grabación Magnética | Música Concreta y Tape Music | Walkman de Sony, un hito de la cultura pop

101 Basic Computer Games & The C Programming Language

octubre 23, 2016 on 10:50 pm | In colección, descarga textos pdf, hist. informática | No Comments

Os presento dos libros que recientemente he conseguido para mi pequeña colección. En muchos sentidos cada uno de ellos representa un punto y aparte en como entendemos la informática. Para muchos programadores también representan la infancia y la madurez. Sin duda, ambos libros definen una época.

En el primero de ellos, editado en julio de 1973, Digital Equipment Corporation (DEC o Digital “a secas”) recopiló y puso a disposición de profesores y estudiantes un libro con 101 juegos programados en Basic. En el prólogo, Digital defendía el valor formativo que tienen los juegos de ordenador para aprender a programar. Todo un acierto. Este libro fue un referente para numerosos jóvenes que años más tarde protagonizarían la revolución del micrordenador. Por ejemplo, Bill Gates y Paul Allen aprendieron a programar en una máquina Digital… En enero de 1975 aparecería el Altair, considerado el primer ordenador personal… y Gates y Allen desarrollaron (sobre un ordenador Digital con un emulador del micro Intel 8080) un intérprete Basic para Altair. A partir de aquí numerosos fabricantes de ordenadores introducirían el lenguaje Basic en la memoria ROM de sus equipos. Para muchos de nosotros, aparte de jugar, programar en Basic era la única forma de hacer cosas interesantes con un ordenador. Hace más de treinta años encendías el ordenador y solo estaba tú y el Basic. Desde que este lenguaje fue desarrollado en Universidad de Dartmouth, en 1964, se convirtió en el lenguaje por excelencia para iniciarse en la informática.

El otro libro es menos simpático pero tan trascendente o más que el anterior. Hablamos de C, otro lenguaje de programación. Este manual se editó en 1978. Fue la puesta de largo de un lenguaje que inventó años atrás un genio barbudo y de pelo largo en los Laboratorios Bell, Dennis Ritchie. El nacimiento de C está estrechamente ligado a UNIX, creación también de Ritchie y su colega Ken Thomson. Ritchie empezó a trabajar en C en 1969 y aquello fue creciendo hasta llegar hasta los mainframe IBM/370 (el no va más de los años ‘70). La cuestión es que alguien dentro de los Bell Labs sugirió a Ritchie y a Brian W. Kernighan, otro importante coautor de C, la necesidad de resumir en un libro las bondades de este lenguaje de programación… Aquel libro cambiaría el orden de las cosas. C ofrecía a los programadores estar ‘C’erca de la máquina sin la necesidad de recurrir al áspero ensamblador. Además, el C ofrecía portabilidad, potencia y era un leguaje bien estructurado, nada que ver con el caos del Basic. Con los primeros PC, los que veníamos del mundo Spectrum, Commodore, Amstrad o MSX, empezamos a coquetear con C y nos hicimos mayores.

Basic. Dartmount College (1964)
101 Basic Computer Games. Varios Autores, Digital Equipment Corporation (1973)

Colección

Minivac 601

enero 16, 2014 on 3:28 pm | In colección, descarga textos pdf, hist. informática, matemáticas | 3 Comments

Adolfo García Yagüe | Habitualmente la historia de la Informática Personal se cuenta a partir de 1975, fecha del lanzamiento del Altair 8800 de MITS. Otros prefieren establecer el punto de partida un año después, coincidiendo con la aparición del Apple 1 o incluso en 1977, año del Apple II. También sería razonable justificar el inicio de esta historia tras la publicación en julio del 74, dentro de la revista Radio-Electronics, del kit para la construcción del ordenador Mark-8. De lo que no hay duda es que es en la década de los años 70, a partir de la invención del microprocesador por parte de Intel, cuando se desarrolla el concepto de ordenador personal o microordenador, y esto sucedió en 1971.

Toda historia tiene una prehistoria. En nuestro caso la prehistoria de la Informática Personal correspondería a aquellas máquinas que no estaban basadas en microprocesadores es decir, computadoras que funcionaban con relés, válvulas de vacío o transistores. En el siguiente texto hablaré de una de esas máquinas, el Minivac 601, comercializado en 1961 por Scientific Development Corporation.

El Minivac 601 tiene algo de objeto de culto por dos razones. La primera se debe a la persona que lo ideó y diseño: el Dr. Claude E. Shannon (1916-2001), padre de la Teoría Matemática de la Comunicación (1948) que es, como sabéis, la base matemática sobre la que reposa la transmisión de datos e intercambio de información entre sistemas. Aspectos cotidianos como el ancho de banda, la corrección de errores, la compresión de la información o el cifrado de las comunicaciones hunden sus raíces en la citada Teoría. Además Shannon, en 1938, publico la tesis titulada Análisis Simbólico de Relés y Circuitos de Conmutación donde se sientan las bases matemáticas para el desarrollo de ingenios electrónicos como autómatas, calculadoras o centrales telefónicas empleando relés. Por otra parte el nombre Minivac nos trae a la memoria los relatos de ciencia ficción escritos por Isaac Asimov (1920-1992) a partir de 1955 protagonizados por superordenadores de la serie Multivac. A su vez Asimov se inspiró en Univac, el primer gran ordenador que se comercializó en Estados Unidos en 1951.

Cuando se habla de esta máquina es común el error de categorizarlo junto a ordenadores analógicos que aparecieron por la misma época y que tenían un aspecto similar. Aquellos ordenadores analógicos eran equipos que simulaban mediante circuitos electrónicos un modelo matemático donde, las variables de entrada y datos de salida, eran representados por variaciones de tensión, corriente, resistencia, capacidad, etc.  En aquellas máquinas analógicas, al igual que en el Minivac 601, eran característicos los paneles de usuario repletos de conectores y cables que interconectaban entre sí diferentes módulos. No obstante, a diferencia de los “analógicos”, esta máquina es digital. Es decir, el 601 trabaja con solo con dos estados eléctricos. Para trabajar con los dos estados eléctricos el Minivac recurre a relés, pulsadores y conmutadores. Esto significa que estamos delante de un ingenio electromecánico que nos acerca a los ordenadores creados a partir de 1937 por George Stibitz (1904-1995) en los Laboratorios Bell; la serie de máquinas Z1 (1938), Z2, Z3 y Z4 del alemán Konrad Zuse (1910-1995); así como al célebre ordenador Mark I, puesto en servicio en 1944 por IBM y la Universidad de Harvard. Por último no hay que olvidar a Simon, que es considerado el primer ordenador personal de la historia, diseñado en 1950 por Edmund C. Berkeley (1909-1988).

Créeme, si abres el Minivac no encontraras válvulas o transistores, ni mucho menos circuitos integrados. Obviamente, semejante sencillez condiciona lo que puede hacer por nosotros este equipo. Entonces ¿Qué tipo de problemas podemos plantear al Minivac 601 para concederle el calificativo de computadora? Pues bien, mediante esta máquina es posible programar o configurar pequeños circuitos eléctricos para realizar operaciones de álgebra binaria que es, en última instancia, el pilar sobre el que se sustenta cualquier ordenador de hoy en día. Incluso -en el ámbito industrial- este equipo llegó a emplearse como un autómata programable para control de procesos. Si echas un vistazo al panel de Minivac identificarás una serie de controles que se distribuyen en seis secciones. Cada sección consta de una fuente de alimentación de 12V, dos lámparas, un relé DPDT (doble polo doble tiro), 1 conmutador deslizante de tres posiciones y dos circuitos y 1 pulsador de dos posiciones y un circuito. En el margen derecho del Minivac disponemos de un conmutador rotatorio de 16 posiciones que puede funcionar de forma manual o, al aplicarle tensión, motorizado. Por último, en la esquina superior derecha, hay una matriz de 3 por 3 conexiones. Todos los elementos anteriores son accesibles a través de miniconectores que permiten la conexión de los cables con los que “programaremos” nuestros circuitos eléctricos. Cada uno de estos conectores está identificado con una combinación de un número y una letra. El número se refiere al número de sección (de 1 a 6) y la letra indica el conector (de la A a la Z).

Un programa de Minivac consiste en un listado de las conexiones que realizaremos mediante cables entre parejas de miniconectores. Los siguientes circuitos eléctricos AND, OR, XOR y NOT, e incluso algunos más complejos combinando estos, son fáciles de realizar en el Minivac sin ningún conocimiento especial. Tan solo hay poner un poco de cuidado para no equivocarnos en las conexiones y, sobre todo, intentar entender y predecir su comportamiento antes de ponernos manos a la obra: es decir, pensar con lógica.

Álgebra de Boole y circuitos eléctricos
En 1847 George Boole (1815-1864) sentó las bases de la lógica matemática a través de su obra The Laws of Thought. Desde tiempos de Aristóteles la lógica pertenecía al dominio intelectual de la filosofía y fue Boole quién, a través un profundo desarrollo de la simbología lógica y reglas específicas para operar con estos símbolos, desarrolló una nueva rama de las matemáticas con un lenguaje propio: el Álgebra de Boole. Los preceptos de Boole junto con las aportaciones de -entre otros- Augustus De Morgan (1806-1871) y Edward V. Huntington (1874-1952) llegaron hasta Claude Shannon quién, en 1938, trasladó todo este poso matemático al diseño eléctrico con relés y la conmutación de circuitos.

En la imagen anterior se ilustra un circuito donde dos interruptores, en serie, controlan el paso de corriente desde una batería hasta una bombilla. Estos interruptores tienen dos estados posibles: abierto (OFF), no pasa corriente; y cerrado (ON), circula la corriente. A su vez la lámpara también puede tener dos estados: apagada (OFF) y encendida (ON). Las posibles configuraciones de este circuito quedan resumidas en la tabla anexa que, en lo sucesivo, denominaremos tabla de la verdad. A este circuito lógico se le denomina AND y nos indica que se produce un efecto cuando se dan dos condiciones. Si solo se da una condición no hay efecto, es decir, no se enciende la luz. Como podéis apreciar, en el circuito anterior es necesaria la participación de un operario que interactúe con los interruptores para abrirlos o cerrarlos. Esta intervención puede ser automatizada mediante relés.

Un relé es un dispositivo electromecánico basado en un electroimán. Este es capaz de accionar un interruptor cuando recibe corriente eléctrica. En estado de reposo, es decir, sin alimentar el electroimán, el circuito activo es el que corresponde a la posición NC (Normally Closed), mientas que el relé estará en posición NO (Normally Open) cuando apliquemos tensión al electroimán, como es el caso de la imagen anterior. Otra de las ventajas del uso de relés reside en la independencia entre el circuito de control del electroimán y los circuitos de servicio (NC y NO). Esta característica facilita el control de sistemas de alta potencia eléctrica mediante circuitos de baja o muy baja tensión.

Otro circuito elemental es el denominado OR. Su representación eléctrica consiste en dos interruptores en paralelo controlando el paso de corriente hasta la bombilla. En este caso, en cuanto se dé una de las dos condiciones posibles (cierre de un interruptor), la bombilla se enciende.

A continuación comentaremos el circuito denominado XOR (eXclusive OR). En él activamos la bombilla sólo cuando A y B son diferentes. La puerta lógica XOR, en combinación con AND y OR, se puede emplear como un sumador de un bit.  Como puedes imaginar, estos sumadores son la unidad fundamental para realizar operaciones artiméticas con números binarios.

Por último, antes de acabar esta pequeña introducción, es precioso recordar la existencia de una puerta lógica llamada NOT. A la salida de este circuito obtenemos el resultado contrario al que hemos introducido, es decir, produce una negación lógica de la entrada.

A partir de la combinación de operadores lógicos anteriores es posible construir circuitos más complejos que nos permitirán realizar operaciones aritméticas básicas: suma, resta, multiplicación y división. Incluso es posible realizar circuitos que almacenen un estado lógico a modo de memoria.

Colección | Simon, el primer ordenador personal | Educación e informática

Biblioteca
Hasta aquí esta pequeña introducción. A continuación he compartido los manuales del Minivac por si quieres profundizar en su estudio. A pesar de su antigüedad te aconsejo que no subestimes el conocimiento que hay entre sus páginas…

Book I – Getting acquainted with Minivac 601
Books II, III, IV – What is a Digital Computer? / How Computers Make Logical Decisions /How Computers do Arithmetic
Book V and VI – How Computers Work for Man / MINIVAC Games
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La Música Eléctrica del Cura Castillejo

diciembre 8, 2013 on 1:22 pm | In colección, descarga textos pdf, hist. sonido y música electrónica, hist. telecomunicaciones | No Comments

Adolfo García Yagüe | Pese a la percepción que podamos tener, en la España de la primera mitad del siglo XX -e  incluso antes- existieron antecedentes de lo que hoy llamaríamos arte sonoro y experimentación electrónica. Como atestiguan las crónicas periodísticas y publicaciones de antaño, apenas transcendieron de la anécdota y la curiosidad técnica. No obstante, además del interés histórico, merece la pena hacer memoria como reconocimiento a sus autores y, por qué no, como estímulo creativo en el presente.

De aquellos antecedentes uno de los más llamativos fue el que protagonizó un sacerdote valenciano, Juan García Castillejo, con la publicación en 1944 de un libro titulado ‘La Telegrafía Rápida. El Triteclado y La Música Eléctrica’.  Castillejo, con la excusa de dar a conocer cinco patentes de su propiedad, escribe un libro recargado de romanticismo con pretensiones divulgativas sobre tecnología electrónica y, en particular, sobre las posibilidades que ofrece el tubo termoiónico en aplicaciones de amplificación y oscilación.

La Telegrafía Rápida
El libro se divide en dos partes. En la primera Castillejo presenta algunas mejoras de su invención que se podrían aplicar a los sistemas Morse y Baudot para lograr Telegrafía Rápida.

Desde principio del siglo XX el término Telegrafía Rápida era de uso generalizado para referirse a ingenios y técnicas que permitían incrementar el número de caracteres enviados por minuto en los sistemas telegráficos, redundando en el aprovechamiento de la línea de comunicaciones. Para hacernos una idea, en el caso de la telegrafía clásica (1838), usando un manipulador de código morse, un operador experimentado era capaz de atender del orden de 20 a 25 despachos por hora. Progresivamente aparecieron numerosos dispositivos y sistemas que sobrepasaban esta barrera. Entre ellos cabe recordar el Telégrafo de Hughes (1855), el aparato de Wheatstone (1858), el Sistema Baudot (1874), el Teleimpresor Siemens & Halske (1899) y el Telégrafo Rápido, también de Siemens & Halske (1912).

Recordemos que en el código Morse cada carácter queda definido a partir de la combinación de pulsos eléctricos o tonos acústicos de diferente duración: un pulso o tono corto denominado punto; y un tono largo también llamado raya. Por su parte, en el Sistema Baudot, cada carácter está definido por una sucesión de 5 niveles eléctricos positivos o negativos. En ambos casos, para el envío de un mensaje, el operador tenía que conocer la codificación correspondiente a cada carácter y, sobre todo, tener destreza en el uso del manipulador. Con el fin de simplificar el envío de mensajes sin necesidad conocer la codificación y uso de manipuladores tradicionales, Castillejo propone diferentes versiones de un teclado (El Triteclado) reducido en número de botones -entre 5 y 8- que facilita la escritura del mensaje pulsando sobre el botón correspondiente a cada carácter, o simultaneado la pulsación de varios botones para obtener los caracteres no accesibles por pulsación directa.

Otra aportación original que hace Castillejo, aunque apenas profundiza en ella, es la de utilizar osciladores electrónicos para sincronizar la comunicación entre emisor y receptor en los Sistemas Baudot.  En este sistema las dos estaciones que participaban en la comunicación tenían que funcionar al unísono para poder identificar el comienzo y final de cada carácter.  Esta sincronización, al igual que sucedía con el Telégrafo de Hughes, se basaba en medíos mecánicos que eran algo imprecisos y complejos de ajustar.

A pesar de que los Triteclados de Castillejo son ingeniosos al hacer más sencillo y rápido el envío de un mensaje, su propuesta va por detrás de las tendencias tecnológicas y de servicio de la época. En la fecha en la que se publicó su libro ya era evidente que la evolución tecnológica pasaba por el empleo de dispositivos Teleimpresores o Teletipos -como el inventado por Siemens– donde el texto a enviar se introducía a través de un teclado idéntico al de una máquina de escribir. Por otra parte, en países como Alemania, ya se daba los primeros pasos en servicios basados en redes conmutadas automáticas -similares a las de telefonía- donde era posible establecer comunicaciones asíncronas entre Teleimpresores con dial, sin intermediación de un operador especializado. Era el nacimiento del servicio Télex. Esta evolución natural del telégrafo hizo posible que cualquier empresa o propietario acaudalado dispusiera de un Teleimpresor desde el que llamar y conectar con otro equipo a través de una red mundial estandarizada.

La Música Eléctrica
Al contrario de la primera parte de la obra, que en cierto sentido se puede considerar anacrónica y carente de relevancia técnica, la segunda mitad de ‘La Telegrafía Rápida. El Triteclado y La Música Eléctrica’ es brillante. Castillejo se adelanta a su tiempo al dirigir su atención hacia los sonidos de la naturaleza -alguno de ellos inaudibles-, el papel del azar en la composición o la generación de sonido a partir de osciladores electrónicos. Por si fuera poco, hacia el final del libro, el autor presenta una máquina denominada “Electro Compositor Musical” con la que es posible programar y generar música eléctrica.

Como hemos citado, a través de estas páginas Castillejo demuestra amplios conocimientos de electricidad y la aplicación de tubos de vació en la construcción de amplificadores y osciladores. Así mismo está bien informado de lo que se hace fuera de España tanto en acústica como en instrumentos electrónicos. Cita varias veces a Helmholtz, que es el pilar fundamental de la fisiología de la audición y uno de los impulsores de la acústica como ciencia. De igual forma conoce la existencia del Theremin (1917), el generador de ondas Martenot (1928), el órgano de Givelet (1930) y el Trautonium (1930), entre otros instrumentos. Incluso cita de soslayo la generación de ondas mediante rotores o ruedas, que es la base los legendarios Telharmonium (1897) y órgano Hammond (1935). En este sentido, el poso de conocimiento técnico y dominio de la materia que posee Castillejo queda ensombrecido por el uso -y abuso- de una prosa excesivamente recargada de entusiasmo y ensoñación, más propia de un adolescente que de un inventor que intenta promocionar sus patentes y comunicar sus ideas con claridad y sin rodeos. Quizás este aspecto le restó credibilidad en su tiempo.

El origen del Electro Compositor se sitúa al principio de los años 30, una década antes de la publicación del libro. En varios párrafos queda constancia de que ya en aquella época Castillejo hacía demostraciones de su invento a personajes de cierta relevancia y solvencia técnica. Estos datos son importantes para avalar la existencia de, al menos, un prototipo operativo del Electro Compositor Musical. Castillejo nos recuerda que “Era el año 33. Un señor de alta categoría se halla sentado junto a nosotros. Su elevada cultura y su técnica en radio queda ensalzada al decir que se trata del muy insigne Director de Unión Radio Valencia, don Enrique Valor. Atentamente escucha aquella orquesta eléctrica. Para él no hubiera sido secreto complicado el funcionamiento de la misma, pero, el trámite de patentes nos obligaba a ser parcos en manifestaciones”

Esa reserva y parquedad en detalles es el motivo de que apenas conozcamos nada sobre la etapa de generación de sonido. No queda claro el número de osciladores y tipo que componen el Electro Compositor ni como trabajan. Aunque Castillejo se refiere a que es posible crear infinitos sonidos, desconocemos si está empleando un esquema clásico de síntesis aditiva a partir de formas senoidales básicas. Como conocedor de la obra de Helmholtz es probable que pensara en ello aunque no tenemos certeza de su implementación efectiva.

Si observamos el diagrama del Electro Compositor que se incluye en el libro, identificamos con claridad un panel superior que se emplea para el ajuste y/o programación del equipo. A la derecha de esta matriz se aprecia lo que parece un conjunto de 23 resistencias montadas en serie alimentadas en el extremo inferior por un transformador y un circuito rectificador. Por la simbología empleada estas resistencias bien podrían ser variables, tipo potenciómetro. Estos potenciómetros montados en serie nos permiten establecer un voltaje específico en cada una de las 23 líneas o ramas horizontales. A continuación, mediante el desplazamiento vertical de un cursor, podemos derivar hacia 33 posibles circuitos el voltaje “programado” en cada rama. A partir de aquí parece evidente que con cada uno de estos voltajes se actúa sobre parámetros de los osciladores controlando la frecuencia y la amplitud. Sin lugar a dudas, el “panel de control” propuesto por Castillejo es imaginativo y, salvando las distancias, nos recuerda a las matrices de configuración de los sintetizadores analógicos VC-3 (1969) y Synti (1971), ambos de la firma EMS.

Una vez resuelto (o mejor dicho, imaginado) como se controlan los osciladores llega la etapa de “generación espontánea” de música, es decir, el control de aspectos compositivos como el tempo, el ritmo, armonías y otros giros del desarrollo de la obra. Para este propósito el Electro Compositor Musical utiliza un mecanismo jerárquico de motores donde un motor maestro, a lo largo del recorrido de su eje, cierra selectivamente circuitos que activan motores auxiliares encargados de derivar hacia los circuitos osciladores las tensiones que programamos anteriormente. Castillejo, en la descripción del motor maestro nos dice que gira a una velocidad 80 rpm y que, a lo largo de su giro recorre un círculo de contactos configurable. Según sus palabras “La distribución de estos contactos influye en el aire o género de música que pretendamos que ejecute el aparato; pues bien podremos distribuirlos en triángulo (compás de 3 por 4), en cuadrilátero, pentágono, hexágono etc., inscritos en el círculo. Al tocar la escobilla en su recorrido a dichos contactos, se cierra el circuito de otro motor cuyas características corresponden a las de los motores de unas 3.000 revoluciones por minuto”. Si echamos un nuevo vistazo al diagrama del Electro Compositor vemos con claridad el motor maestro (etiquetado como nº1 Ritmo), selector de sonidos, selector de tiempo y motor combinador de notas  (etiquetado como nº 13). A continuación Castillejo menciona la existencia de una etapa -no la describe para no complicar- de “vibradores mecánicos y excéntricas para ciertos efectos vibratos, gorjeos, trinos, etc.”.

Castillejo reconoce que el Electro Compositor tiene algunas limitaciones porque “existe una dificultad casi insuperable en proporcionar voltaje muy estable al consumo variado de cada momento por la diversa intervención de mayor menor número de notas musicales”. Además suponemos que la inercia durante el arranque y parada de los motores auxiliares induciría efectos sonoros no deseados.

Después de esta breve descripción podemos intuir que el Electro Compositor Musical podría emparentarse lejanamente con una caja de ritmos, o más específicamente con el módulo arpegiador de un sintetizador. Siempre nos quedará la duda de como sonaba. De lo que no hay duda es que el Electro Compositor Musical de Juan García Castillejo es un hito de la tecnología electrónica puesta al servicio de la música.

Espero que disfrutéis del libro y, si habéis perdió el sentido de la maravilla, lo encontréis leyendo a Castillejo.

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