Redes de Área Local (1)
noviembre 3, 2018 on 12:02 pm | In colección, hist. informática, hist. telecomunicaciones | 5 CommentsAdolfo García Yagüe | Con el comienzo de la década de los ’80 se produjo una transformación en la forma de trabajar de muchas organizaciones. Cómo hemos visto, los ordenadores personales se convirtieron en una herramienta que aumentaba la productividad de los empleados y hacía más competitivas a sus respectivas compañías. En gran parte, esta nueva tendencia se debida a la capacidad que ofrecían los nuevos equipos personales pero, además, a la posibilidad de compartir remotamente con otros usuarios recursos tan valiosos como una impresora, un disco duro, la mensajería electrónica y alguna aplicación o archivo.
Antes de esta transformación se estilaba un modelo centralizado donde todo el proceso y tratamiento de datos giraba alrededor de una o varias máquinas del centro de cálculo. Al principio, este proceso centralizado se basaba en que el resto de departamentos como el financiero, producción o incluso los programadores necesitaban definir con exactitud lo que deseaban del ordenador central y allí, un pequeño ejército de empleados, se encargaban de procesar los datos para entregar las respuestas a los interesados.
Más adelante se empezaron a utilizar terminales y las líneas de un operador de telecomunicaciones para permitir el acceso remoto al ordenador central, es la época del Teleproceso. Estas terminales eran como “pequeñas ventanas” a través de las cuales era posible interactuar directamente con el ordenador. Por esta razón, en aquellos tiempos, se empieza a hablar de capacidades Multiusuario al referirse a la característica que tiene un ordenador central y sistema operativo de atender a múltiples usuarios al mismo tiempo y dar la sensación de que trabaja solo para ellos.
Aquellas ventanas o terminales dependían de la conexión y cable serie RS-232 o V.24. Este cable estaba a su vez compuesto por varios hilos de cobre: uno para transmitir datos, otro para recibirlos, otro para señalizar la confirmación de la recepción y así un largo etcétera que, a menudo, difería de cada fabricante y máquina. Además, la conexión RS-232 imponía un límite importante en su velocidad que, como máximo, era de 9600 bps. Por eso IBM, en su arquitectura SNA, empezó a utilizar cables coaxiales en la comunicación de sus terminales con el ordenador central. Aun así, para conexiones distantes con el ordenador central, no quedaba más remedio de recurrir a los módems y las redes de operador.
Ethernet y ARCnet
Estas razones llevaron a la Universidad de Hawái, en 1970, a poner en práctica un modelo que comunicara sus terminales, dispersos a kilómetros, usando señales de radiofrecuencia. A aquella red la llamarón ALOHANET y, básicamente, consistía en un mecanismo por el cual todos los terminales eran capaces de enviar información por el mismo canal radio UHF (407,350 MHz) hacia el ordenador central y, en caso de que dos o más terminales ocuparan el canal de envío al mismo tiempo (colisión), se establecía un mecanismo de acceso aleatorio entre ellos para resolver esta colisión. En el caso contrario, cuando era el ordenador central el que enviaba la información, se empleaba un canal distinto (413,475 MHz) y este llegaba a todos los terminales a la vez (broadcast) y solo el destinatario abría.
La experiencia de ALOHANET y la Universidad de Hawái sirvió para que Robert Metcalfe (1946) y David Reeves Boggs (1950), unos jóvenes empleados del Xerox PARC en California, desarrollaran una tecnología de comunicación llamada Ethernet empleando un cable coaxial como medio físico. Estamos en 1976 y este modelo de comunicación fue implementado en el ordenador Alto y permitía la comunicación a una velocidad 3Mbps. Este fue un ordenador experimental, adelantado a todo lo existente, con el que Xerox pretendía redefinir el trabajo en las oficinas. No tenía un propósito comercial y, aunque se cedieron máquinas Alto a unas cuantas universidades, era una prueba de nuevos conceptos como la citada conexión Ethernet y las redes locales o LAN (Local Area Network), el entorno gráfico o el ratón como dispositivo apuntador.
Como hemos dicho, hacia finales de los años ´70, las redes locales y los sistemas de comunicación empezaban a ser una preocupación para algunas compañías. Ethernet era una tecnología más junto a otras como ARCnet (Attached Resource Computer), desarrollada en 1977 por John Murphy (1943) y Gordon Peterson en la compañía Datapoint Corporation. Realmente, ARCnet fue la primera en llegar comercialmente al mercado y podía presumir de tener como cliente al Chase Manhattan Bank. A simple vista Ethernet y ARCnet podían parecer similares. Ambas prescindían de los cables RS-232 y resolvían la conectividad en un edificio facilitando que varias máquinas se conectaran entre sí. La diferencia más llamativa era que el cableado ARCnet era muy sencillo, empleaba coaxiales flexibles del tipo RG-62/U y su topología se basaba en una estrella pasiva donde se conectan los diferentes brazos, o máquinas, mientras Ethernet usaba un cable coaxial grueso y rígido RG-8 en el que había que “pinchar” literalmente cada máquina y obligaba a respetar unas distancias entre equipos.
Como vemos en ambos casos estamos en un medio compartido –el cable coaxial- donde tenemos que gestionar el acceso simultáneo. En ARCnet no se producían colisiones porque un testigo pasaba de una máquina a otra y solo el propietario del citado testigo podía enviar información (Token Passing). En cambio, en Ethernet, se pensó en una técnica derivada de ALOHA pero con alguna mejora. En este caso cada máquina escucha el medio (el cable coaxial) y si está desocupado se envía información. Si por alguna circunstancia se produce una colisión, esta se detecta y se espera un tiempo aleatorio para reenviar el paquete de información: Carrier Sense Multiple Access with Collision Detection (CSMA/CD).
ARCnet era más eficiente a pesar de que su velocidad era solo de 2Mbps. No obstante, era una tecnología propietaria de Datapoint, lo que significaba que está compañía tenían pleno control sobre ella, y Ethernet -sin llegar a considerarse libre- tenía un modelo de patentes más flexible lo que podía animar a cualquier fabricante a desarrollar un producto. Esta aproximación más laxa hizo que Ethernet triunfara en los primeros años frente a otras aproximaciones que, sobre el papel, demostraban ser mejores. De aquel cambio de concepto, difusión y éxito se encargaría Robert Metcalfe. Ya hemos visto como esta tecnología fue coinventada por él tras su paso por Xerox. Un poco más tarde de aquello, en 1979, Metcalfe propuso constituir un consorcio a Digital Equipment Corporation, Intel y a Xerox (DIX) para reescribir las especificaciones técnicas de Ethernet y publicarlas para que cualquiera las implementase y pudiese comprar, si lo deseaba, chips Ethernet de Intel o equipos de Digital y Xerox. Así se lanzó Ethernet II (DIX v2.0) donde se diferenciaba 10Base5 describiendo el uso de un cable coaxial grueso RG-8/U (Thick) y 10Base2 para un coaxial más flexible RG-58/U (Thin), ambas a una velocidad de 10Mbps. Robert Metcalfe, por su parte, montó una empresa especializada en productos Ethernet llamada 3Com (Computer Communication Compatibility).
El éxito de 3Com fue en aumento al comercializar el primer adaptador Ethernet y software de red local para el IBM modelo 5150. El mercado Ethernet no paraba de crecer con las soluciones de 3Com y de otros fabricantes, animándose así, la bajada de precios e innovaciones sobre el estándar de Xerox, Intel y Digital. En vista de ello, Ethernet fue elevado al IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) quien se encargó de regular su evolución y mejoras bajo el estándar 802.3.
IBM PC Network, NetBIOS y Token Ring
IBM, aun teniendo un papel importante en el mundo de las redes de área local, parecía no sentirse cómoda. Por un lado, en su negocio principal, la venta de ordenadores centrales, aquello de las redes locales “chocaba” un poco con su arquitectura SNA. Por otro lado, en los genes de IBM no estaba -en aquella época- seguir un estándar que ellos no habían inventado y sobre el cuál no tenían control. En resumen, ante aquel tsunami, empezaron comercializando en 1984 la PC Network, cuya tecnología estaba basada en solución de la empresa Sytek pero alcanzando velocidades de 2Mbps. Esta también recurría a los cables coaxiales pero en este caso emplea convencionales RG-6/U, de los usados en televisión. Para ello se emitía en canales VHF dentro de las regiones de los 70-106MHz y 206-226MHz, y se empleaba CSMA/CD para acceso al medio y detección de colisiones. Como acabo de citar, Sytek desarrolló está tecnología en 1982 y comercializó unos módems llamados LocalNet 20/100 para conectar terminales a coaxiales a velocidades de 128Kbps. Como dato importante, en la PC Network encontramos, por primera vez, una BIOS específica para las tareas de red: el NetBIOS.
Aunque la tecnología de Sytek pretendía ser más sencilla que Ethernet al emplear coaxiales más baratos y comunes, la realidad es que la electrónica de las tarjetas de red es mucho más cara y compleja al incluir etapas de alta frecuencia. Supongo que esta fue una de las razones que impulsó a IBM a desarrollar su propia tecnología de red y lanzar así Token Ring en 1986.
Token Ring fue desarrollada en los laboratorios de investigación de IBM en Zúrich, Suiza. Al frente de esta tecnología estaban Werner Bux y Hans Müller. En Token Ring se pretendía suplir las carencias de Ethernet y de otras tecnologías de red. Para empezar se pensó en la alta disponibilidad, tan común en el mundo mainframe o gran ordenador. Es decir, tenía que ser posible bloquear a una estación si esta daba errores al entrar en un entorno compartido como un cable. También tenía que ser posible llegar al mainframe por diferentes caminos o anillos con la misma dirección de destino. Tampoco agradaba a IBM un modelo de acceso basado en las colisiones pues esto impedía hacer de la red local un espacio determinista donde fuese posible estimar el tiempo en que hablaba cada máquina. Para ello se recurrió al sistema de paso de un testigo (Token) y, de forma parecida a ARCnet, solo el propietario del Token podía hablar. Por último y más importante, se prescindía de los buses de cable coaxial y en cambio se proponía una topología basada en anillo (Ring), donde a uno o más elementos centrales o MAU (Multi-Access Unit) se conectaba cada máquina con cables STP (Shielded Twisted Pair), también conocidos como IBM Categoria 1 y constituidos en su interior por dos parejas de dos hilos cada una y un apantallamiento metálico o blindaje. Este tipo de cableado y las MAU, como elemento central, sentarían las bases de lo que en 1991 sería la norma EIA/TIA 568 para cableado estructurado.
Token Ring gozó de la aceptación del mercado, especialmente en aquellos clientes tradicionales de IBM como banca y las empresas de seguros. La primera versión ofrecía velocidades de 4Mbps y, al poco tiempo, se puso en el mercado una tarjeta de velocidad dual a 4 y 16Mbs. Conscientes del potencial de Token Ring, IBM también estandarizó a través del IEEE su tecnología bajo la norma IEEE 802.5 abriéndola a otros fabricantes pero sobre la que siempre pesó la poca oferta de soluciones y productos, y su elevado precio en comparación con Ethernet. En este sentido, no puedo evitar recordar a la danesa Olicom, donde trabajé y fabricábamos productos Token Ring y ATM, y de la estimulante competencia que manteníamos con la británica Madge.
Para acabar
Aunque en el mundo LAN (Local Area Network) han existido más soluciones, con ARCnet, Token Ring y Ethernet quedan bien resumidos estos primeros años. Quizás habría que añadir FDDI (Fiber Distributed Data Interface), aparecida al comienzo de los ’90, y ATM (Asynchronous Transfer Mode) hacia mediados de la misma década. Con ambas tecnologías se venía a dotar a Ethernet y Token Ring de velocidades de 100Mbps (FDDI), 155Mbps y 622Mbps en conexiones de troncales o en la conexión de estaciones de trabajo. Ambas tuvieron su momento y buenas referencias hasta que se desarrolló y arrasó con el mercado la aparición de Gigabit Ethernet a una velocidad de 1Gbps.
Por último, tampoco me puedo olvidar de los sistemas operativos de red, que son tan importantes como las redes físicas. Ni de la electrónica asociada, como concentradores o hubs, repetidores, bridges o conmutadores. Todo ello queda para próximos textos.
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En los límites de la Innovación
septiembre 6, 2018 on 8:08 pm | In colección, hist. informática | 2 CommentsAdolfo García Yagüe | Hacia mediados de los años ´80 una serie de máquinas domésticas abandonaron los 8 bits apostando por procesadores de 16 bits, aunque ya con registros internos e instrucciones de 32 bits. Hemos visto que, en aquellos años, los 16 y 32 bits solo estaban al alcance de equipos de alta gama. El mercado profesional apostaba por los ordenadores IBM (y sus compatibles) equipados con el microprocesador Intel 8088 y 80286, o seleccionaba el Apple Lisa y Apple Macintosh en cuyo caso se optaba por los 16/32 bits del Motorola 68000. Incluso, en estos años, se empezó a usar la tecnología de procesadores RISC en máquinas de alto rendimiento conocidas como “estaciones de trabajo”.
Como vimos el gran acierto de IBM con su modelo 5150 fue no innovar nada. No innovó al elegir el procesador de Intel ni al optar por el MS-DOS de Microsoft, ni siquiera al usar ciertos periféricos como la unidad de almacenamiento. Se limitó a integrar sabiamente lo que ya existía en el mercado y acertó al entender lo que sus clientes esperaban. En cambio Apple llevó hasta las últimas consecuencias hacer algo totalmente diferente que pocos clientes entendieron. También, con aquella aspiración de hacer algo distinto, llegó a cruzar la arriesgada frontera de querer imponer un nuevo sistema, como por ejemplo los diskettes FileWare del Apple Lisa.
Con el QL (Quantum Leap) de Sinclair, como su nombre indica, se pretendía dar un salto cuántico y ofrecer al mercado algo diferente a lo visto antes, es decir, a los ZX81 y ZX Spectrum. Con este propósito se pensó en una máquina cuyo marketing y posicionamiento comercial se dirigía hacia el profesional y la pequeña empresa. Se intentaba evitar el mercado que tanto éxito le granjeó en el pasado: los juegos y el mercado doméstico. Con este objetivo se pensó en abandonar al veterano Zilog Z80 en favor del 68008 de Motorola. Está elección, aun siendo un gran salto, delataba la aproximación de Sinclair al replicar su viejo modelo: Se pretendía triunfar con una máquina económica, con muchas prestaciones “avanzadas” pero poco competitivas si eran comparadas con otras opciones ya existentes. Por ejemplo, el citado procesador 68008 no podía alcanzar el rendimiento de su hermano mayor el 68000 pues todo el diseño hardware exterior seguía siendo de 8 bits. La funcionalidad de red local, aunque innovadora, no podía competir con una Ethernet o ARCnet ya en uso. Sus pocas aplicaciones profesionales tampoco alcanzaban la oferta de un PC Compatible. Qué decir de su teclado… Aunque era un gran avance si es comparado con el de un ZX Spectrum, ni de lejos llegaba a un teclado de un Apple II. Y el famoso Microdrive, como sistema de almacenamiento, parecía un juguete comparado con los asentados diskettes de 5” ¼. Es cierto que su sistema operativo y BASIC tenían capacidades multitarea pero esto roza lo anecdótico si es enfrentado a un entorno de ventanas como el ofrecido en el Apple Lisa o Macintosh, o el de equipos como Atari ST.
A estas razones hay que añadir el empeño de Clive Sinclair (1940-2021) de intentar hacer historia con su vehículo C5 en mercados tan inmaduros -en aquel momento- como la movilidad eléctrica. Aquella dispersión técnica y su personalismo a la hora de tomar cualquier decisión, aunque pueda parecer visionario -y casi heroico-, ejemplifica que es necesario contar con la opinión de expertos en marketing y en asuntos financieros, además de gurús técnicos. La apuesta equivocada en el desarrollo y lanzamiento de una máquina suele llevar a la ruina a una compañía y ese fue el motivo por el que Sinclair acabó comprada por Amstrad, y Apple estuvo cerca de ser una reseña histórica.
Mientras esto sucedía, al otro lado del Atlántico Jack Tramiel (1928-2012) dejó Commodore en 1984. Sus diferencias con otro de los dueños eran irreconciliables. Meses después Tramiel compró a Warner Communications la división de equipos del hogar de Atari e impulsó el desarrollo de una máquina de 16/32 bits, el Atari ST, que sería presentado en 1985. Tramiel supo darse cuenta del potencial de un interfaz gráfico -como el incluido en Apple- para hacer amigables sus capacidades y así llegar a más personas. Por eso, no dudó al presentar su nueva línea «Sixteen/Thirty-two» con las siguientes características: procesador 68000 de Motorola, un mega de RAM, un drive de 3” ½, dos interfaces MIDI (Musical Instrument Digital Interface), alta resolución y un entorno gráfico basado en el GEM de Digital Research. El posicionamiento comercial, aunque contando con capacidades profesionales, fue el del hogar y ajustó su precio para que no resultara inalcanzable como el Macintosh. Además, desde el primer instante, no se huyó del pasado que asociaba la marca Atari con el mundo de los juegos.
Sus capacidades de proceso, interfaz gráfico y disponibilidad de interfaces MIDI, hicieron de los Atari 520 ST y 1040 un clásico de la informática musical. Allí empezó a funcionar el legendario secuenciador Pro24 -posteriormente Cubase– de Steinberg. No obstante, ambos ordenadores carecían de capacidades avanzadas para el tratamiento y síntesis de sonido e imágenes, y ya era evidente que una nueva generación de juegos de ordenador estaba empujando desde plataformas específicas donde se contaba con gran capacidad de proceso y gráficos avanzados. También, fuera de los entornos profesionales, se empezaba a hablar de infografía y multimedia. Estas y otras tendencias llevaron al desarrollo de un equipo, el Commodore Amiga, que inicialmente se pensó como consola y mutó a un ordenador de propósito general. Por eso, esta máquina, mucho antes que un PC, ofrecía mejores capacidades gráficas y sonido. El secreto de tal capacidad fue diseñar sus propios chips para trabajar con audio y video, y así evitar recurrir a la centralización de procesos en torno al microprocesador.
Acorn RISC Machine y Archimedes
Durante los ochenta aparecieron numerosos procesadores que cuestionaban la hegemonía de Intel. En proyectos de máquinas de alto desempeño gráfico Intel no era considerado y, por otra parte, ya hemos visto que Motorola y su familia 68000 eran un formidable competidor contra el 8088, 80286 o 80386. Daba la sensación que la famosa Ley de Moore e Intel habían tocado techo. En un microprocesador la capacidad de proceso se conseguía integrando más transistores y subiendo su velocidad de funcionamiento o de reloj. Otra aproximación era optimizar su microcódigo para que en un único ciclo de reloj se ejecute una instrucción –aunque sea sencilla- y simultanear la ejecución de varias de estas instrucciones. En estos planteamientos se resumen las familias existentes en los ’80.
Desde el 4004 Intel optó por integrar más y más transistores en cada micro. Su depurada técnica de fabricación aseguraba a Intel alumbrar con cada generación semiconductores más complejos e instrucciones más largas y especializadas. Este planteamiento se conoce como CISC (Complex Instruction Set Computer) y es el modelo que también se sigue en el 68000 de Motorola. En cambio, otros fabricantes menos enfocados en la fabricación de semiconductores, seguían una aproximación propuesta durante los ‘70 por IBM e investigadores de las Universidades de Berkeley, Stanford y California y ya llevado a la práctica, en 1965 -con un planteamiento de la época- por Control Data en su superordenador CDC 6500. Este se basaba en simplificar al máximo el set de instrucciones que tiene el núcleo del microprocesador y que cada una de estas fuera sencilla y de igual tamaño. Todo el peso de la optimización del código máquina recae en el compilador, que normalmente generará programas de mayor tamaño que los de un CISC. A ésta microarquitectura se la llamó RISC (Reduced Instruction Set Computer). Esta segunda técnica presenta una serie de ventajas sobre la anterior al facilitar el incremento de rendimiento desde la perspectiva de la ejecución simultánea de varias instrucciones en cada ciclo de reloj (Superescalar) y el aumento de frecuencia, aligerando así la complejidad del microcódigo CISC y su consiguiente consumo energético.
Esta aproximación fue seguida en el diseño de un nuevo microprocesador por parte de la empresa británica Acorn. Como hemos comentado, al comienzo de la década de los ’80, comercializaron el BBC Micro alcanzando una gran aceptación del mercado inglés. Era un ordenador basado en el 6502 de MOS. Ya hemos visto como el mercado de 8 bits flaqueaba y, para los fabricantes que querían seguir compitiendo, era necesario recurrir a nuevos procesadores. Esta necesidad impulsó a Acorn a iniciar un proyecto para desarrollar su propio procesador con la emergente tecnología RISC. Los artífices de esta iniciativa fueron Sophie Wilson (1957) y Steve Furber (1953), dos de los diseñadores del BBC Micro. Así es como en 1986 presentaron el ARM2 (Acorn RISC Machine) de 32 bits usando solo 30.000 transistores (un 68000 empleaba 70.000 y un Intel 80386, 275.000). Esta CPU RISC sería el corazón de su nuevo ordenador Acorn Archimedes A3000. Además de su potencia, aquel procesador fue un éxito entre los desarrolladores habituados al viejo 6502 y el ordenador Archimides cosechó un éxito razonable a pesar de la fuerte competencia de la época. Con el fin de alargar la vida del procesador y ofrecer esta tecnología a otros fabricantes de dispositivos, la gente de Acorn escindió la compañía en dos empresas, una dedicada a la fabricación de hardware es decir, la Arcon original, y otra a la comercialización de su arquitectura RISC: Advanced RISC Machines Ltd.
Aquella decisión demostró ser un éxito y es la razón por la cual hoy numerosos dispositivos estén basados en un procesador ARM, aunque este no esté fabricado por la propia ARM. Esto significa de ARM optó por un modelo en el que ellos licencian el uso de su arquitectura y los licenciatarios se encargan de la fabricación del silicio y, si desean, pueden integrarlo junto a otros componentes específicos, es lo que conocemos como System on Chip (SOC).
En mi opinión, con las máquinas comentadas anteriormente, se cerró una época en la que existió espacio para la innovación del ordenador doméstico. Poco después, en el año 1987, IBM introdujo con sus equipos PS/2 la tarjeta gráfica VGA (Video Graphics Array) que rápidamente estuvo a disposición de otras máquinas. También arrancó la década de los ’90 con la disponibilidad en el mundo de los ordenadores compatibles de una tarjeta de sonido que venía a paliar las limitaciones de un PC: recordemos a la pionera AdLib y, expecialmente, la Sound Blaster, de Creative Labs.
El mundo de los procesadores RISC siguió desarrollándose. De hecho estos procesadores fueron el corazón de una generación de máquinas muy potentes dedicadas a tareas científicas, infografía, servidores de alto rendimiento y consolas de juegos. A los citados ARM se unían los SPARC de Sun Microsystems, los MIPS, el AMD 29000 o los PowerPC de IBM, Motorola y Apple y, en 1989, Intel presentaría el procesador i860, el primero del mundo de 64 bits y basado en arquitectura RISC. Más adelante este procesador fue sustituido por el i960 y, a continuación, el grupo de desarrollo se integró en la línea Pentium Pro donde ya se contaba con núcleo RISC.
Colección | Home Computer y Retroinformática| El Mundo del Spectrum
Home Computer y Retroinformática
agosto 26, 2018 on 8:15 pm | In colección, hist. informática | 3 CommentsAdolfo García Yagüe | Normalmente, cuando hacemos referencia a este periodo y a la Retroinformática, nos referimos al momento en el que ordenador llegó a nuestras casas. Es difícil hablar de esta época sin repetir lo que ya se ha dicho y escrito en infinidad de webs y algún libro. De hecho, repartidos por toda la geografía española, tienen lugar numerosas citas “Retro” donde se exponen máquinas de aquellos años y se habla sobre videojuegos clásicos.
En este periodo podemos distinguir dos etapas claras, una, la inicial, marcada por el uso del microprocesador de 8 bits Z80 de Zilog y el 6502 de MOS. La otra, pasada la mitad de los años ´80, que se distingue por el empleo del 68000 de Motorola. Veremos que ambas se solapan y, con permiso de los PCs y equipos más profesionales, coinciden en el mercado algunos años.
Como ya hemos dicho en otro artículo, la premisa principal de esta época era ofrecer un precio lo suficientemente atractivo para hacerse un hueco en la economía doméstica. Con esta máxima se optaba por teclados muy sencillos y se recurría a un televisor como monitor, o al casete como sistema de almacenamiento. Tampoco se andaba sobrado de memoria RAM por lo que hablar de 16KBytes, 48K o 64K era lo habitual. Años más tarde, algunos ordenadores, dieron el salto a los 128K e incluían almacenamiento basado en disco flexible, pero seguían anclados en los 8 bits.
No obstante aquellos 8 bits hicieron posible un gran mercado. España, junto al Reino Unido, llegó a convertirse en una potencia exportadora de videojuegos. A su vez los canales de distribución y venta se desarrollaron enormemente. Por otro lado, eran unos años donde ya existía cierta saturación de revistas y libros que acercaban la informática a cualquiera y, como no olvidarse de las academias que prometían prepararnos para el mañana. Incluso, en aquel entorno, se llegó a fabricar un ordenador británico, el Dragon 32, en Cáceres. No tengo nada contra Extremadura ni la fabricación dentro de nuestras fronteras, pero el hecho no deja de llamar la atención. Esta decisión parecía obedecer más al interés de introducir a una deficitaria compañía en el efervescente mercado nacional y gozar así del respaldo financiero del INI (Instituto Nacional de Industria) y, de paso, vender equipos a los colegios dependientes de la Junta. Igual de sorprendente es el Inves Spectrum +, basado en el Sinclair ZX Spectrum +, que fue castellanizado y fabricado en 1986 por Investrónica (El Corte Inglés) para el mercado nacional.
Aquel apogeo despertó otro fenómeno que alcanzó una popularidad desconocida. Aquí se llegó a comerciar, a plena luz del día, con juegos copiados ilegalmente o pirateados. Con la excusa de su elevado precio algunos no dudaron en montar puestos en el rastro de Madrid ofreciendo cualquier título a un precio ridículo. En aquel momento no lo entendíamos, incluso celebrábamos tal actitud, pero estábamos contribuyendo a cargarnos un mercado que nacía. Posiblemente, ejemplos como este, ilustran aquella falta de visión y por eso pocas empresas lograron sobrevivir. Al comienzo de los ’90 ya habían desaparecido numerosas cadenas de distribución, estudios de programación y revistas. Es cierto que coincidía con un abandono masivo de los 8 bits, pero da la sensación que la industria no era lo suficiente sólida para sostener a todos. Los buenos títulos creados en el pasado demostraban que no era por una falta de talento y capacidad técnica.
Posiblemente faltó educación y una pizca de institucionalización -un plan- en todo este rápido crecimiento. Para desarrollar esta idea pongo el ejemplo del BBC Inglés. Allí, a principios de los años ochenta, la todopoderosa BBC, decidió patrocinar un ordenador como acompañamiento a una serie de televisión que divulgaba la informática entre las familias. Fruto de esta iniciativa, la empresa Acorn creó un ordenador (el BBC Micro) que alcanzó una popularidad que rivalizaba con el -también inglés- ZX Spectrum pero, técnicamente, mucho mejor que este. Esto podría ser una anécdota si no fuera porque hacia finales de los ´80 el BBC Micro evolucionó en un ordenador llamado Archimedes con un microprocesador RISC (Reduced Instruction Set Computer) propio, y de ahí a los microprocesadores ARM (Advanced RISC Machine) de nuestros móviles y millones de dispositivos embebidos… Otro ejemplo de esta visión innovadora y arriesgada fue el lanzamiento del mítico ordenador Jupiter ACE. Hasta la fecha, que yo sepa, esta es la única máquina doméstica que incluyó en su ROM un intérprete del lenguaje FORTH en lugar de BASIC. Esta actividad creativa se concentró mayoritariamente en la región de Cambridge (Universidad de Cambridge…), donde fueron apareciendo empresas que dieron forma a un ecosistema económico. Hoy nos sonará el espíritu con el que se ha creado allí la Raspberry Pi… Acabo recordando como Mi Computer, un coleccionable originario de Reino Unido y publicado aquí a partir de enero de 1984, era distinto de la mayoría de las publicaciones nacionales. No quiero decir que fuéramos más cutres, pero en las páginas de esta enciclopedia se aprecian rasgos para, además de entretener, educar y despertar la pasión por la informática.
Sin duda, uno de los protagonistas de aquella pequeña revolución fue Clive Sinclair (1940). Al finalizar los setenta, este fabricante de calculadoras, relojes digitales y microtelevisores se encontraba en la misma situación que años antes se había vivido en Estados Unidos: tenía que cambiar el rumbo de su negocio y abrirse al incipiente mundo de los microordenadores. Con este propósito creo el ZX80. Con su apariencia de juguete esta máquina evidenciaba la tendencia que tenía Sinclair por miniaturizar sus creaciones. Con un peso de apenas 400 gramos y 22×18 centímetros incluía todos los elementos para poder funcionar. El ZX80 se puso a la venta por 99,95 libras y los más atrevidos lo pudieron adquirir en kit a un precio de 79,95£. Un procesador Z80 a 3,25 MHz direccionaba un exiguo KByte de memoria RAM y 4KB de ROM. A pesar de sus limitadas prestaciones hardware esta máquina fue un éxito rotundo. El camino para Clive Sinclair estaba claro: de inmediato había que poner un nuevo producto en el mercado para no perder el posicionamiento conseguido.
Así es como al año siguiente se presentó el ZX81. También estaba basado en el Z80 pero la placa base se rediseño por completo y se simplificó notablemente gracias a la incorporación de un chip diseñado a medida por Ferranti, la ULA (Uncommitted Logic Array). De esta forma el ZX81 sólo tenía cuatro circuitos integrados: el microprocesador Z80A, la citada ULA, un chip de memoria RAM 4118 de 1Kx8 bits y la memoria ROM del tipo 2364 de 8Kx8 bits. La ROM del sistema se había aumentado a 8 KB de tamaño, y el lenguaje BASIC ahora soportaba aritmética de coma flotante. En el lanzamiento del Sinclair ZX81 se ofreció esta ROM como una actualización para el ZX80. Esta máquina aún se podía adquirir en kit.
El ZX81 llegó a España al poco de su lanzamiento. Ya hemos comentado como cambió el rumbo de los aficionados a la electrónica que empezaban a cacharrear con el Junior Computer. También, desde el teclado táctil del ZX81, comenzarían a dar sus primeros pasos toda una generación de brillantes programadores que, poco tiempo después, dieron forma a la etapa conocida como La edad de oro de software español. La Pulga, de Paco Suárez (1954), es el primer juego desarrollado y posteriormente comercializado en España. Este juego fue programado para un ZX81 y llegó a las manos de Indescomp, uno de los primeros distribuidores españoles. Parece ser que Paco Suárez estaba intentando explicar a su hermano cómo se podía hacer una parábola y, al ver los resultados, decidió incorporar un personaje que fuera el que efectuara dicho movimiento, creando, de esta forma, lo que más tarde iba a ser un famoso juego.
Desde EE.UU., también en 1981, nos llegó el VIC-20 de Commodore. Ya hemos comentado que esta empresa no era nueva en el mercado. Ellos compraron al fabricante de circuitos integrados MOS Technology y lanzaron la serie de ordenadores PET. Su fundador, Jack Tramiel (1928-2012), fue una persona singular, de película, que logró sobrevivir al exterminio nazi. Su madre murió asesinada en Auschwitz y su padre en un campo de trabajo, y él llegó a ser “examinado” por el mismísimo Mengele. Tras su liberación emigró a EE.UU. donde empezó a comercializar calculadoras mecánicas y máquinas de escribir.
El Commodore VIC-20 funcionaba con un microprocesador MOS 6502 con los que manejaba 5KB de memoria RAM. Permitía el uso de colores y sus características técnicas y apariencia eran muy superiores a las de un ZX81. Esta máquina salió al mercado por debajo de los 300 dólares y junto al Atari 400, Texas Instruments TI99, Tandy TRS-80 Color y el posterior Commodore 64 (1982) dominaron el mercado doméstico estadounidense.
En 1982 Sinclair presentaría el ZX Spectrum y con él seguía la senda marcada en los anteriores con ZX80 y ZX81. El bajo precio de este ordenador y la abundancia de juegos lo convirtieron en una máquina tremendamente popular. Seguía basado en un Z80 y se lanzó una versión con 16KB de RAM otra con 48KB. En torno a este equipo y al Commodore 64 se polarizaron los primeros usuarios españoles. Posteriormente, tras la aparición de Amstrad y los sistemas MSX, el mercado ofreció otras opciones. En España, el factor económico era el principal elemento decisorio en entre ambos. El C64 era técnicamente superior al Spectrum y más caro.
Como vemos, en la primera mitad de los ’80 empezaba a existir cierta saturación de modelos. Para las empresas de software resultaba imposible versionar cada programa para atender las demandas de cada nuevo sistema. Con MSX (Machines with Software eXchangeability) se pretendía establecer una norma en el diseño del hardware y software de forma que, independientemente del fabricante, fueran compatibles entre sí. Algo parecido al IBM PC pero en el mercado doméstico.
Un par de años antes de la aparición del MSX, Harry Fox y Alex Weiss, dos importadores de relojes de New York, veían como los avances tecnológicos abarataban los precios. Este hecho les hizo pensar que también era posible fabricar ordenadores económicos. Así, en 1982, fundaron en Hong Kong la compañía Spectravideo y contactaron con Microsoft para desarrollar el software del nuevo ordenador. En este escenario aparece Kazuhiko Nishi (1956), vicepresidente de Microsoft para Asia y más tarde fundador de ASCII Corporation. A Nishi le encantó el proyecto de Fox y Weiss y, tras reunirse con ellos, se implicó realizando modificaciones al diseño original. Nishi había desarrollado el prototipo del futuro estándar MSX sobre la base del Spectravideo SV-318 y SV-328.
Más tarde Nishi promocionó estos diseños en Japón y en marzo de 1983 volvió a Spectravideo como representante de un consorcio empresas japonesas, entre las que destacaba Sony, Panasonic, Canon, Toshiba y Yamaha. Kazuhiko Nishi solicitaba permiso de fabricación a Fox y Weiss. Estos eran conscientes de que en el futuro Nishi podía reclamar parte de los derechos por el diseño, razón por la cual sugirieron a Nishi que diseñase otra máquina, compatible con ambos pero lo suficientemente distinta como para no necesitar una autorización para fabricarla. Tras esas modificaciones nace el estándar MSX. Por este motivo los SV-318 y SV-328 son considerados máquinas pre-MSX, con características muy cercanas al estándar (vídeo, sprites, sonido e interfaces) pero no totalmente compatibles.
En junio de 1983 se presentó en Tokio el estándar MSX. A lo largo de su historia más de 30 compañías fabricaron equipos compatibles, entre ellos Philips. Realmente, donde más presencia tuvo este estándar fue en Japón y Corea del Sur. En Europa, en particular en España y Holanda, tuvo cierta repercusión pero no alcanzó la popularidad del ZX Spectrum y Commodore 64. En EE.UU. apenas penetró, a pesar de que Microsoft desarrolló el sistema operativo y software diverso. El corazón de los MSX seguía siendo un Z80 corriendo el sistema operativo MSX-DOS de Tim Paterson (1956), creador del 86-DOS y antecesor del MS-DOS.
Amstrad fue otra empresa británica que hizo historia en esta época. Además supo moverse en el incipiente mercado de los PC Compatibles y llegó a absorber, y dar su toque personal, a la compañía de Sinclair. Al frente de esta empresa encontramos a Alan Sugar (1947) quien supo hacerse un hueco en el competitivo mundo de los ordenadores domésticos desde el sector de los equipos de sonido. Aquello pasó en 1984 y rompió con todo lo anterior al presentar el Amstrad CPC 464. Esta máquina, a diferencia de las anteriores, incluía un monitor y casete integrado. Su acabado era impecable y sus prestaciones excelentes, aunque seguía dependiendo de la arquitectura de 8 bits de Zilog. Además Amstrad puede presumir de hacer realmente popular el uso de un método de almacenamiento diferente a la cinta de casete. Fueron ellos los que impulsaron en modelos posteriores (CPC 664 y CPC 6128) el uso del disco flexible de tres pulgadas. Esta aproximación también fue seguida con los modelos Spectrum +3.
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CP/M de Digital Research y el software
junio 24, 2018 on 4:33 pm | In colección, hist. informática | 3 CommentsAdolfo García Yagüe | En muchos sentidos, cuando compras un ordenador, estás adquiriendo un montón de circuitos sin apenas utilidad. Es el software -los programas que instalas- los que te aportan una aplicación. Esto es algo que se conocía desde las primeras generaciones por eso, en aquel tiempo, el uso de ordenadores estaba restringido a gente con conocimientos sobre su funcionamiento interno. Fueron los lenguajes de alto nivel, en particular FORTRAN y COBOL, los que acercaron la informática a otras profesiones. Para el programador estos lenguajes intentan ser de fácil comprensión y memorización, en cambio, al nivel del hardware de la máquina, es necesario traducir aquel idioma de alto nivel en código muy básico que pueda ser interpretado por el microprocesador. A esa traducción la llamamos compilación y este -el compilador- es el programa que se encarga de generar código máquina a partir del que nosotros hemos escrito en, por ejemplo, PL/1, FORTRAN o C. Este proceso de compilación nos permite distribuir entre otros usuarios un programa en el que no se desvela como está escrito, y hace de él un producto más rápido y compacto. Obviamente, un programa compilado en un ordenador no funcionará en otra arquitectura. Es decir, tras la compilación, el código es específico para un determinado hardware. Otra técnica habitual es recurrir al intérprete. En este caso, un programa escrito en alto nivel es interpretado a código máquina instrucción por instrucción pero manteniendo el original. Eso significa que si un amigo nos pasa un programa escrito en, por ejemplo, Python, a través del software intérprete específico, puede correr en nuestra máquina. Esta aproximación fue ampliamente utilizada con el BASIC en Ordenadores Personales y Domésticos. Aquellos equipos incluían un intérprete de este lenguaje en su memoria ROM (Read Only Memory) y nos permitía, al encender el equipo, escribir un programa.
Microsoft, que en los primeros años se escribía Micro-Soft, inició sus actividades en 1975 comercializando un intérprete de BASIC para el Altair 8800 de MITS. Aquel software evolucionó y, como hemos comentado, llegó hasta la ROM de muchas maquinas. También desarrolló a una versión de su BASIC para el popular sistema operativo CP/M de Digital Research. En 1973 un ingeniero de Intel llamado Gary Kildall (1942-1994) estaba construyendo un microordenador a partir de componentes dispersos. El microprocesador y la memoria de Intel, una unidad de discos Shugart de 8” y la consola de teletipo de su oficina eran algunos de los componentes a su disposición. El objetivo de Kildall era programar algo que permitiese dar coherencia a todos aquellos elementos. Kildall además tenía claro que la arquitectura de ese software tendría que ser modular y permitir -en cualquier momento- adaptarse a un nuevo hardware sin afectar al interfaz de usuario y, por su puesto, a las aplicaciones ya programadas. Gary, con la ayuda de John Torode y de un grupo de alumnos de la escuela de la armada donde impartía clases, desarrolló el sistema operativo CP/M (Control Program/Monitor). Las primeras versiones de CP/M fueron presentadas en Intel donde apenas vieron utilidad. Tras este “éxito” abandonó su relación con Intel y junto a Torode se estableció como consultor bajo el nombre de Intergalactic Digital Research.
En 1976, entre MITS e IMSAI, existía una dura rivalidad comercial. Ambos fabricantes anunciaron la inminente disponibilidad de unidades de disco de 8 pulgadas para permitir, de forma sencilla y rápida, la carga de programas. La apuesta MITS consistía en una nueva versión del anteriormente mencionado intérprete de BASIC de Microsoft que funcionaría con unidades de disco. Por parte de IMSAI se llegó a un acuerdo con Kildall para licenciar su CP/M. Tras el encargo de IMSAI y posteriores pedidos de otras compañías, Gary decidió reescribir completamente el CP/M y dotarle de modularidad para permitir adaptar su sistema operativo al hardware de cualquier microordenador. Fue en ese momento cuando, junto a su esposa Dorothy McEwen (1943-2005), iniciaron las actividades de Digital Research, Inc. El primer producto comercial fue la versión 1.3 del CP/M-80 para microprocesadores 8080 y Z80. En la anatomía de aquella primera versión se aprecian con claridad sus tres elementos funcionales: BIOS (Basic Input Output System), BDOS (Basic Disk Operating System) y CCP (Console Command Processor). El módulo BIOS se encargaría de tener el contacto directo con el hardware, ofreciendo un plano común a los niveles superiores del propio CP/M (BDOS y CCP). La idea de Kildall era que cada fabricante desarrollase su propio módulo BIOS. A continuación, BDOS controlaba todas las operaciones relacionadas con el sistema de almacenamiento: creación y borrado de archivos, mantenimiento de directorios, etc. Por último, CCP era el responsable de interactuar con el usuario a través de la línea de comandos. Además se ofrecían otras utilidades complementarías como un editor de texto (TEX, Tex Formatter), un programa en ensamblador (MAC, Macro Assembler) y un debugger (SID, Symbolic Instruction Debugger).
En 1978 aparecería la hoja de cálculo VisiCalc. Este programa es la primera aplicación que aceleró la adopción de la microinformática. Su invención revolucionó por completo el mercado de los microordenadores haciendo que estos fueran realmente útiles para cualquier profesional. VisiCalc fue programada en BASIC por Daniel Bricklin (1951) y Bob Frankston (1949) sobre un Apple II. Numerosas notas de prensa y artículos alababan las capacidades de VisiCalc que empezó a comercializarse a través de la firma Personal Software. Toda una leyenda si recordamos que Dan y Bob no patentaron su idea provocando, sin querer, la aparición de competidores que les copiaron, entre ellos Lotus 1-2-3 y Multiplan de Microsoft.
Por otro lado, tras abandonar su cargo como director de marketing de IMSAI, Seymour Rubinstein (1934) se embarcó en el mundo de los procesadores de texto. No tardó en darse cuenta de que las aplicaciones para el tratamiento de texto estaban restringidas a entornos y máquinas muy concretas. A continuación concibió la idea de crear una empresa bajo el nombre de MicroPro con el objetivo de desarrollar un procesador de texto para CP/M. Para llevar a cabo su proyecto consiguió persuadir a John Robbins Barbaby (1934) que era programador de IMSAI. Ambos se pusieron manos a la obra logrando poner en marcha dos aplicaciones muy básicas, sin capacidades de impresión ni formato, para la edición de textos: WordMaster (1976) y SuperSort (1977). Siguieron trabajando hasta que en septiembre de 1978 concluyeron la versión 1.0 de WordStar para CP/M.
Vulcan, es otra de las aplicaciones que merece ser recordada por la trascendencia que tuvo. Era una base de datos para CP/M que programaron en sus ratos libres Wayne Ratliff (1946) y Jeb Long, en 1978. La utilidad para la que desarrollaron Vulcan era llevar el control de sus apuestas de fútbol. Posteriormente, tras emplearla para la gestión de sus impuestos, se dieron cuenta del potencial comercial que podía tener. En 1979 Vulcan apareció anunciada en la revista BYTE a un precio de 50 dólares. La lluvia de pedidos desbordó la capacidad de Wayne y Long por lo que decidieron parar la actividad de marketing y dedicarse únicamente a dar soporte del producto. En ese momento apareció George Tate quien negoció con Wayne los derechos de marketing y distribución de Vulcan que pasó a llamarse dBASE II.
Colección | El Ordenador Personal
El Ordenador Personal
junio 16, 2018 on 8:06 pm | In colección, hist. informática | 7 CommentsAdolfo García Yagüe | En toda historia hay periodos continuistas y otros más disruptivos. En el caso de la Informática, en el periodo que ahora abordamos, hay numerosos indicadores que nos llevan a pensar que aquellos años marcaron un antes y después.
Primero asistimos al nacimiento de una Industria. Ya hemos visto como, desde el mundo del “Aficionado a la electrónica”, llegaban nuevos emprendedores cargados de ideas frescas. Fue aquella gente la que empezó a redefinir el hardware del equipo, el software, el almacenamiento o los módems. Atrás quedaban las grandes compañías que habían marcado, hasta el momento, la evolución técnica.
Cómo no, presenciamos la entrada del ordenador en nuestras casas. Ahí se produjo un fenómeno que se extendió casi toda una década, la de los ‘80. Me refiero a la duplicidad de mercados: Ordenadores Personales, para el trabajar; y Home Computers o equipos domésticos para jugar. Hace años que esta diferenciación carece de sentido pero hubo un tiempo donde el mercado estaba bastante separado y en la elección, además del presupuesto destinado a comprar una máquina, influía el software disponible y su aplicación.
En el párrafo anterior apuntaba a la existencia dos mercados y en el reflejo que esto tenía en el precio de cada máquina. En efecto, en el mercado dirigido a los hogares, como el objetivo era ajustar el precio para hacerse un hueco, normalmente se recurría -como pantalla- a un televisor convencional y al magnetófono como unidad de almacenamiento. Más allá del tipo de microprocesador o la cantidad de memoria RAM, es ahí donde inicialmente encontramos las diferencias más llamativas entre Ordenador Personal y Home Computer.
En aquellos años tampoco faltaron experimentos. Como los fabricantes no tenían muy clara su idea de un ordenador, se ensayaba con configuraciones y diseños que parecen sacados de una película de ciencia ficción. También, es curioso observar, como otros diseñadores se adelantaban a su tiempo y, en aquel momento, fracasaron o pasaron desapercibidos. En definitiva, son años que recordaremos como disruptivos.
Empecemos hablando de Apple. Vimos que con el Apple 1 se cerraba una etapa dominada por los aficionados a la electrónica. Esta máquina se conectaba a un monitor y, a través de una tarjeta de ampliación, se podía usar un magnetófono para almacenar programas. Por supuesto, ya se consideraba el uso del teclado para introducir estos. No obstante, la ROM (Read Only Memory) de este ordenador tenía un programa más próximo a un programa monitor que a un sistema operativo y, ni mucho menos, ofrecía un lenguaje de alto nivel como BASIC. En definitiva, el Apple 1 era un ensayo de lo vendría después. Aquel sería el turno del Apple II. Este es el primer producto comercializado por Steve Jobs y Steve Wozniak para que cualquiera lo use con facilidad. Era un ordenador totalmente acabado que también podía ser conectado a un monitor y a un casete. Además, al encenderlo, se ejecutaba un intérprete en BASIC para empezar a hacer algo útil con él. Para los más ambiciosos existía la posibilidad de conectar una unidad de discos flexibles de 5”¼ que representaba un gran salto hacía el mundo profesional. Otro rasgo externo era su apreciado y profesional teclado. Aquel era de tipo mecánico, cómodo al tacto y sin escatimar espacio. Un diez de equipo.
En el lado opuesto podemos encontrar maquinas como el PET 2001, de Commodore. A pesar de compartir generación, su diseño trapezoidal nos hace pensar en otra época. Todo él es un bloque de hierro donde se incluye un monitor y un casete, y ahí, al lado de este, encontramos unos botones a modo de teclado que nos recuerdan más a un terminal punto de venta que a una máquina de escribir. El interior tampoco tiene desperdicio, una pesada fuente de alimentación da vida a una placa base que abusa de chips propietarios de la extinta MOS Technology… Aun así, esta máquina y las siguientes versiones, fueron la apuesta profesional de Commodore con la que consiguió bastantes ventas en el mercado.
Otra máquina que tuvo mucha repercusión, en especial en EE.UU., fue el Tandy TRS-80. Este ordenador, en su versión original o Model I, incluía un monitor que le daba un aspecto profesional pero fallaba al albergar su CPU dentro del teclado. Por supuesto, el método de almacenamiento natural era el magnetófono externo. No obstante, en el Model I, vemos como se empieza a considerar, como opción de ampliación, el uso del recién inventado mini disk o diskette de 5” ¼.
Acercándonos al Japón de los años `70 nos topamos con una máquina cuyas formas recuerdan lejanamente al Commodore PET 2001. Se trata del Sharp MZ-80K. Este ordenador contiene monitor, CPU, teclado y casete en un único bloque de metal pero, además, dispone -como opción- de unas cabinas donde podemos conectar tarjetas de expansión y una unidad de diskettes. Hay que decir que el teclado de la primera versión es muy pobre y poco profesional. Aun así este equipo y sus evoluciones lograron exportarse a Europa y gozaron de cierto mercado como máquinas “serias”.
En todo este revuelo Atari no podía perder la oportunidad de estar ahí. No olvidemos que tenía una gran imagen de marca como desarrollador de máquinas de videojuegos y no se le podían escapar los mercados que nacían. A propósito, recordar que Steve Jobs trabajó en Atari y que allí conoció a Howard Cantin, quién diseño la placa base del Apple 1. Pues bien, en 1979, Atari lanzo dos ordenadores el Atari 400 y el Atari 800. El primero estaba pensado para el hogar y hablaremos de él en otro texto y el segundo, el 800, se dirigía a un pretendido mercado profesional. Este último era una máquina autocontenida, con un teclado mecánico bastante bueno y con capacidad de expansión de memoria y otros periféricos como una unidad de discos. En ambas máquinas, heredado del mundo de las consolas, se nota la querencia de Atari por el uso de cartuchos para ejecutar juegos y programas como el BASIC.
En 1980, hasta la llegada al año siguiente del IBM PC, la cosa sigue por una línea parecida, es decir, entrar en el nuevo mercado y arriesgar en configuraciones atrevidas. Una empresa que consiguió trabajar en este nicho fue Hewlett Packard. Ya sabéis que allí trabajó Wozniak hasta que desestimaron su “alocada” idea de fabricar y comercializar un ordenador personal para las masas… Quizás, con algo de arrepentimiento, al inicio de los ‘80, esta firma presentó un ordenador que iba más allá de sus calculadoras programables: el HP-85. Se trataba de un equipo autocontenido, con un buen teclado, un intérprete BASIC en ROM pero, atención, incluía una pequeña impresora térmica, un pequeño monitor y una cinta de almacenamiento derivada de la inventada años atrás por 3M. Era un equipo que, en muchos sentidos y en su segmento, resultaba rompedor. Aquella máquina llegó a muchos sitios gracias al empuje comercial de HP y de su prestigio dentro del sector ingenieril y científico.
Como era necesario poder transportar “cómodamente” el ordenador, el Osborne 1 es considerado un hito de la innovación al permitirnos viajar cargando con él. Esta característica hace que a este equipo se le considere el primer portable de la historia, que no portátil. Además, Osborne es un buen ejemplo de esas empresas que, teniendo una gran idea y buenas ventas, fracasaron por una equivocada planificación. Como digo, no les bastó con tener aquella idea de la portabilidad, un buen teclado, unidades de disco incluidas, monitor y apostar por el sistema operativo CP/M. Acabó con ellos las demoras en el lanzamiento del Osborne 2 y su empeño de seguir en el mercado profesional con un Z-80 -y un monitor de 5 pulgadas- frente a los 16 bits de Intel y pantallas un poco más grandes.
Hablando de portabilidad, no hay que olvidarse en este repaso del Epson HX-20. Los ’80, sin duda, son la década de la miniaturización nipona. Los japoneses hacían de ello un distintivo y, todo lo que podía ser fabricado, era miniaturizado. A los ordenadores también les llegó su turno y empresas como Sharp y Epson nos sorprendieron con artefactos del tamaño de una calculadora. Dejando a un lado estas máquinas, me quiero centrar en el HX-20 y comentar una constante que se repitió unos años más. Me refiero al difícil compromiso técnico que existía entre dotar de Portabilidad a una máquina y hacerlo Portátil. Quiero decir que el Osborne, los Keypro o el Compaq son portables. Son pesados y relativamente potentes, pero no son autónomos es decir, no funcionan con baterías. En aquel momento, recurrir a la tecnología de baterías (básicamente níquel-cadmio) obligaba a bajar el consumo eléctrico y utilizar otros componentes como el novedoso cristal líquido (LCD) para la pantalla, procesadores optimizados para consumir poco, e ingenios como los microcassettes para el almacenamiento. Así es como se posicionó el Epson HX-20: Funcionaba con baterías recargables de NiCa, integraba un display LCD muy básico, almacenaba y recuperaba los programas en una diminuta cinta de cassette y disponía de una pequeña impresora. Esta configuración le convierte en un equipo muy ligero que permite al profesional escribir un texto mientras viaja o al operario tener a mano un ordenador para hacer lecturas a pie de calle.
Acabamos este paseo hablando del que pretendía ser el gran relevo del Apple II y término siendo su primer fracaso: El Apple III. Con él Apple quería cerrar un ciclo y abrir otro y, sin pretenderlo, despertó a otros competidores, especialmente a IBM. A diferencia del Apple II cuyo diseñador más prominente fue un técnico, Steve Wozniak, el Apple III fue diseñado por gente próxima a la mentalidad del venerado Steve Jobs, especialmente por profesionales con un enfoque más comercial. Esto se tradujo en hacer un diseño “grandilocuente” que contemplase cosas tan visionarias como el uso de los discos duros 5” ¼ y 5MB, recién inventados por Seagate, y algo tan de Jobs como no poner ningún ventilador para no sufrir molestos zumbidos… Esto, en un armazón poco ventilado donde todo está integrado, terminará dando problemas y así fue… A las semanas de estar en circulación, los primeros usuarios cosechaban problemas técnicos que se intentaron resolver. A pesar de la reacción de Apple, este equipo empezó a cosechar mala fama técnica, precio desmedido y sus ventas se resintieron. También Apple se equivocó al seguir apostando por un microprocesador de 8 bits y no permitir la compatibilidad directa y plena con el software del Apple II. Esta solo era posible recurriendo a un software de emulación y estaba muy limitada.
Termino dándome cuenta que, de las anteriores máquinas, solo el Apple II, Apple III y los Atari son en color… Eran años en que, existiendo la tecnología, apenas se le daba importancia y el uso de “colorines” resultaba un poco “frívolo” 🙂
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Internet e Infovía
junio 4, 2018 on 5:51 pm | In colección, hist. informática, hist. telecomunicaciones, internet | 3 CommentsAdolfo García Yagüe | No es redundante recordar que Internet nació en las Universidades y que llegó a nuestras casas gracias a ellas. Fueron los Centros de Investigación de estas los que, necesitados de nuevas formas de comunicarse, empezaron a desarrollar una tecnología que, de otra forma, no nos habría llegado igual. No quiero decir que los fabricantes no fueran capaces de impulsar semejante innovación, simplemente recordar que a ellos les motiva promocionar una determinada tecnología si tienen control sobre esta. Es decir, inicialmente son cerrados e intentan posicionar sus patentes, más adelante, cuando ya no queda más remedio, se abren a estándares libres o de la competencia.
Los investigadores que desarrollaban su labor en las Universidades necesitaban compartir sus trabajos con otros con los que colaboraban. Querían poder mandar un mensaje a alguien o, simplemente, pertenecer a una lista donde cientos de colegas tenían intereses comunes. Todo esto, sin olvidar, que podía resultar imprescindible tener acceso a recursos como un ordenador central que, posiblemente, quedaba muy lejos de su país.
Como hemos visto, ARPANET se inició con un claro propósito militar. Aun así, conscientes de la innovación que nace en las mencionadas Universidades, se contó con ellas para que aportaran ideas. Más tarde, en el año 1984, los militares se separarían de ARPANET quedando esta en manos de investigadores y universitarios. Al año siguiente la NSF (National Science Foundation) cogió el testigo y puso en marcha una troncal que comunicaba cinco nodos equipados con grandes ordenadores. Aquella red se llamó NSFNET y ya, con una clara administración y objetivo, se convertiría en el núcleo sobre el crecer e ir pasando desde la antigua ARPANET.
Mientras esto sucedía, en Europa empezaban a “tejerse” las primeras redes entre Centros Universitarios. Obviamente, aquí la cosa era un poco más complicada porque había que poner de acuerdo a muchas Universidades, países, operadores, etc. No obstante, hacia mediados de los años ‘80, hay algunas redes entre Universidades escandinavas y Centros de Investigación. Estos, además, como el NORSAR de Noruega y el University College de Londres ya mantenían conexiones con la citada ARPANET.
Aun así, a pesar de estos aventajados, Europa es una región de “grandes” decisiones políticas y consenso… Por esta razón, para ponernos todos de acuerdo y que los políticos empezaran a subvencionar una red europea de investigación, se apostó -en lugar de TCP/IP– por protocolos avalados por instituciones como el CCITT o ITU-T, ejemplo de ello es la adopción de X.400 para el correo electrónico. También sucedió que, empresas como IBM, con la excusa de montar una red de (sus) grandes sistemas apostara por su tecnología y su red. En resumen, las Universidades tendían redes pero eran islas con dificultades para hablar con otras Universidades y Centros, y la evolución de estas era demasiado lenta y cara, y marcada por el CCITT y sus recomendaciones.
En 1988 resulta evidente que es necesario homogenizar el panorama e impulsar el desarrollo de una Red Paneuropea. Además es urgente arbitrar la conexión con otras redes. Ahí es donde comienza su actividad RedIRIS. Han sido sus profesionales los encargados de construir la gran red que conecta a las Universidades y Centros de Investigación españoles. Su labor ha sido y es imprescindible porque era necesario, además de conectar, negociar con los operadores, encargarse de fijar los criterios de evolución y divulgar entre todos los interesados.
Si el esfuerzo anterior no era suficiente, fue el mundo Universitario quién no tardaría mucho en darse cuenta que era necesario “abrir” el acceso a otros individuos y actores. Es por esta razón que, en el seno de Internet, aparecen los primeros negocios comerciales encargados de facilitar el acceso. Eran los ISP (Internet Service Provider) y, en España, el pionero en este terreno sería una empresa nacida en la Universidad Politécnica de Madrid, Goya Servicios Telemáticos.
A mi entender, el impulso definitivo de Internet vino de dos ámbitos totalmente dispares y distantes. Por un lado, en lo político, Bill Clinton y Al Gore sentaron las bases legales y económicas de aquella “autopista de la información”. De alguna forma se abría la veda para que cualquier actor pudiese usar Internet y, sobre todo, ya se advertía su potencial para desarrollar una nueva economía basada en la información, en lo digital, el conocimiento y los servicios. Por otra parte, y volvemos al entorno académico y científico del CERN (Conseil européen pour la recherche nucléaire), Tim Berners-Lee, un Ingeniero Informático, mientras desarrollaba herramientas para categorizar y compartir los resultados de las investigaciones de los científicos, inventó el World Wide Web e hizo amigable el uso de Internet.
Es este escenario de rápido crecimiento hay que hablar de nuestros ordenadores y empresas. Casi podemos decir que nos cogió desprevenidos porque Microsoft no nos había preparado para esta revolución :-). No quiero decir que para ellos Internet pasara desapercibido pero -da la sensación- que al inicio no supieron calibrar la magnitud de lo que se avecinaba. Prueba de ello es el tardío, aunque posteriormente exitoso, Microsoft Internet Explorer, fruto de la compra de la empresa Spyglass. En efecto, con Microsoft y con IBM estábamos atascados en los protocolos (sus protocolos) NetBIOS y NetBEUI. Aquello resolvía la comunicación básica en una red de área local pero presentaba numerosas limitaciones. Además no eran protocolos enrutables, como sí lo eran IPX de Novell o DECnet de Digital. Por otro lado, en lo que arquitecturas de redes se refiere, como dependiéramos de IBM se nos “premiaba” con su compleja y cautiva arquitectura SNA, o Token Ring para la Red Local.
Así las cosas, cuando empezó la década de los años 90, estrenábamos la versión 3.0 de Windows. Aquella versión, ni mucho menos, nos permitía desarrollar una Red Local. Era un mero entorno gráfico que corría sobre MS-DOS. Tuvimos que esperar la llegada de Windows 3.11 para tener un sistema operativo (aunque seguía dependiendo de MS-DOS) con capacidades de Red para compartir ficheros e impresoras. Pero, curiosamente, no existía soporte TCP/IP para navegar. Teníamos que recurrir a una aplicación o suite que nos ofreciera el protocolo TCP/IP y aplicaciones como PING, FTP o TELNET. Es por eso que, en aquella época, tuvieron cierta fama para conectarnos a Internet o redes IP programas como Chamaleon o Trumpet.
Todo cambiaría con la llegada del famoso Windows 95 e Internet Explorer. Aunque algunos seguíamos confiando en Netscape Navigator empezábamos a darnos cuenta que el fenómeno Microsoft parecía imparable: Windows NT, BackOffice, W95, las herramientas de Office, el Outlook, Visual Basic, IE, etc.
Para acabar tengo que citar a la fugaz Infovía. Aun siendo importante, su existencia fue efímera y consecuencia de un época. Básicamente, aquella iniciativa de Telefónica nos servía de Red de Acceso donde estaba presente nuestro ISP. De esta forma, si nuestro ISP estaba allí, podíamos llegar a él al precio de una llamada local. Todo un acierto que permitía a un ISP de otra ciudad distinta a la nuestra ser competitivo y abrirse a más clientes. Infovía también intentaba alargar la vida al concepto Ibertex. Es decir, podías navegar dentro de Infovía y acceder a los servicios (ya TCP/IP) que algunas empresas e instituciones allí prestaban: una red dentro de Internet. Obviamente aquel invento era consecuencia de una época y, la posterior liberalización de las comunicaciones, era incompatible con el acceso a los ISPs a través de Telefónica. También carecía de sentido mantener un coto de empresas y entidades bajo una red controlada por Telefónica.
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Aficionados a la Electrónica (y 2)
mayo 19, 2018 on 7:29 pm | In colección, hist. informática | 2 CommentsAdolfo García Yagüe | El texto anterior titulado “Aficionados a la Electrónica” quedaría incompleto de no recordar que pasó en nuestro país cuando este fenómeno despertó. Aunque con retraso aquí, como en el resto de Europa, se pueden presentar dos iniciativas que acercaban el ordenador a nuestras casas o talleres. Me refiero al Amico 2000 y al Junior Computer. Ambos fueron concebidos fuera de nuestras fronteras: Italia y Holanda, respectivamente. Los dos fueron introducidas en España a través de sendas revistas de electrónica: Revista Española de la Electrónica (REDE) y Elektor. Y los dos comparten un diseño similar, basado en una monoplaca donde, a través de un minúsculo teclado y un pequeño display, es posible introducir programas en ensamblador en hexadecimal. El concepto no es novedoso pues se había hecho años atrás en máquinas como el KIM-1. También, para ser exactos, hay que decir que esta forma de “resumir” un ordenador estaba superada desde hace años pero era muy barata y su cometido, el de la educación en las capacidades de un microprocesador, la hacía ideal en un entorno de aficionados.
Ya que lo he mencionado debería presentar antes al KIM-1: Este ordenador fue lanzado en EE.UU. en 1976 por el fabricante de microprocesadores MOS Technology. Era una forma de acercar al público su nuevo chip, el 6502. Acompañaban al KIM-1 unos buenos manuales explicando su diseño y, sobre todo, como había que programar un 6502. Con esta idea de resumir en una única placa todas las características imprescindibles para un ordenador, incluía un pequeño teclado y un visor hexadecimal, la memora RAM y los puertos de entrada y salida. Además, si se quería usar el almacenamiento externo para guardar o recuperar programas, solo había que recurrir a un magnetófono convencional. Era la mínima expresión para ponerse a manos a la obra. Eso sí, había que currarse un poco la fuente de alimentación y la conexión del casete. Al frente de su diseño estaba Chuck Peddle (1937), padre del proyecto 6502.
El KIM-1 no pretendía competir con el Altair pero era enormemente más barato y sencillo de poner en marcha. Como he dicho, su objetivo principal era dar a conocer el microprocesador 6502. La buena acogida del KIM-1 le garantizó unas cotas de popularidad no supuestas. Se editaron muchos libros y artículos explicando cómo sacar más partido de él, no obstante MOS Technology atravesaba por fuertes problemas financieros hacia 1976, y terminó cayendo en manos de Commodore quien siguió comercializando el KIM-1 y fue utilizado como base para desarrollar el Commodore PET.
Pero volvamos a España. Aquí se presentó en abril de 1980, a través de la revista REDE, un equipo que ya venía siendo comercializado en Italia: El Amico 2000. A través de diez entregas se dio a conocer a un público electrónico las capacidades de esta máquina basada en el 6502 de la citada MOS. Aunque no lo seguí en persona, creo que no trascendió de la curiosidad técnica y dudo de su efectividad comercial. Más allá de aquellos artículos no se le dio continuidad y la llegada –al año siguiente- del ZX81 de Sinclair acabo con las expectativas de este proyecto. Ya en 1982, existiendo un nuevo filón editorial, REDE se subió al carro editando el suplemento Micro/Bit. También, en ese año, la revista electrónica Circuito Impreso empezaría a publicar artículos dirigidos a usuarios del ZX81.
También en 1980 se publicaría en el número 6 de la joven edición española de la revista Elektor un equipo que tuvo más tras trascendencia. Me refiero al Junior Computer, también basado en un 6502 y mucho más “arropado” en España que el Amico 2000. Realmente, como el Junior Computer era un proyecto de la matriz holandesa de Elektor, se tenía control sobre él y se fueron publicaron más artículos técnicos además de dos libros donde se explicaba detalladamente su funcionamiento. También, al ser un equipo en kit, era fácil encontrar los componentes a través del canal habitual de la revista.
Se puede decir que ambas máquinas permitieron desarrollar, aunque fuese brevemente y tarde, el fenómeno “Aficionado”. Eran ejemplos de lo que un ordenador muy básico puede hacer en manos de un electrónico y permitían introducirse en el mundo de los microprocesadores. Esta afición no desapareció pero, salvo la publicación –en 1984- de un libro de Steve Ciarca, original de 1981, donde se nos proponía la construcción de un ordenador monoplaca basado en el Z80 de Zilog, los montajes electrónicos quedaron para ordenadores domésticos como el Commodore VIC 20, ZX 81 o Commodore 64 o ZX Spectrum. Hace unos años, coincidencias de la vida, en capital del grupo editorial que publica la revista Elektor entró Steve Ciarca…
Como digo, a lo largo de la década de los ´80 aparecieron otras máquinas pero he preferido recogerlos en otro capítulo de la colección porque ya es otra historia.
Colección | Aficionados a la Electrónica (1) | Réplica del Apple 1 con la PCB Mimeo
Aficionados a la Electrónica (1)
mayo 13, 2018 on 6:43 pm | In colección, hist. informática | 5 CommentsAdolfo García Yagüe | No sería justo, o al menos resulta poco preciso, afirmar que esta historia empieza con el Altair 8800 y el Apple 1. Tampoco hay que caer en el error de pensar que “todo lo importante” fue inventado por Steve Jobs (1955-2011). Cuando uno visita las fotos de las piezas que voy subiendo se da cuenta que “esta historia” empezó hace tiempo y que es obra de muchas personas.
Lo anterior nos lleva a preguntarnos ¿Qué es lo que hizo famoso a ambos ordenadores? Es cierto que son contemporáneos de un momento, de un espíritu que reinaba en una época, y que son obra de una joven y soñadora generación. De alguna forma, aquella nueva generación, tomó el testigo de las grandes compañías y lo acercó a los hogares. Si queremos ser más poéticos podemos decir que ellos fueron los que robaron el fuego a los dioses y se (nos) lo dieron al resto de mortales… Como vemos en las imágenes de la exposición, las bases tecnológicas ya estaban sobre la mesa y era posible la construcción “fácil” de un ordenador. Entrecomillo fácil porque ni mucho menos se pensaba en el usuario medio. En el arranque, allá por el año 1974, se tenía en mente al aficionado a la electrónica dispuesto a coger el soldador y montarse un cacharro con lucecitas. Buena prueba de ello es que en las revistas orientadas al mundo de los radioaficionados y la electrónica es donde se empiezan a publicar artículos sobre estos temas. Es cierto que aquellos pioneros no tardaron en iniciar una nueva industria cuyo objetivo era fabricar ordenadores y software para todos.
Por fijar un punto de partida diría que Don Lancaster, en septiembre de 1973, a través de un artículo publicado en la revista Radio-Electronics, demostró que era fácil construir un pequeño teclado que presentara textos por la pantalla de un televisor. Aquel equipo fue llamado TV Typewriter y exploraba las funcionalidades de dos nuevos circuitos integrados, el 2513 y 2818, ambos de la empresa Signetics. Sin ser un ordenador, el TV Typewriter avanzaba sobre un tema esencial: la entrada de datos (teclado) y la salida de resultados (la pantalla de TV). Aquello daba para mucho si eras un aficionado y echabas la imaginación a volar. Era un principio.
El siguiente paso se produjo en 1974 de la mano de Jonathan Titus, un recién graduado en electrónica, y también a través de la revista Radio-Electronics. En efecto, en julio de aquel año se anunció la posibilidad de construir un ordenador, el Mark-8, alrededor del microprocesador 8008, de Intel. El Mark 8 ya contemplaba el uso de un terminal como el TV Typewriter para introducir instrucciones e incluso se hablaba de hacer uso de la vetusta cinta perforada para I/O.
Entre Radio-Electronics y Popular Electronics existía una fuerte rivalidad y era obvio que el mercado editorial empezaba a cambiar y era necesario evolucionar hacia nuevos contenidos. Por esta razón Popular Electronics se puso en manos de Edward Roberts (1941-2010) y su experiencia basada en las calculadoras. En el pasado, Roberts publicó artículos y escribió un libro sobre el funcionamiento de las citadas calculadoras. Además tenía una pequeña firma llamada MITS dedicada a la comercialización de estas, bien en kit o ya montadas. Desde luego Eduard Roberts tenía los conocimientos y, sobre todo, era un pequeño empresario que sabía dar continuidad a la venta de kits. El proyecto se llamaría Altair, recodándonos así el nombre de la estrella y aquel capítulo de Star Trek. Aparte de esto solo estaba claro que tenía que ser un kit modular, pensado para aficionados a la electrónica y, si se quería captar la atención del mercado, tenía que estar basado en el nuevo microprocesador de Intel, el 8080.
Era enero de 1975 cuando el Altair 8800 fue anunciado en Popular Electronics. Era un equipo limitado pero tenía una gran modularidad lo que facilitaba su evolución. Así paso. Como el objetivo era poner en el mercado algo abierto, a su alrededor empezaron a nacer otras iniciativas en la fabricación y comercialización de hardware y software. Numerosos aficionados dieron el salto y se convirtieron en empresarios. Quizás, el más conocido, es Bill Gates (1955) y Paul Allen (1953) y, por supuesto, su empresa Microsoft. Ellos desarrollaron y comercializaron el primer Basic para Altair. Otros menos conocidos pero también importantes fueron Harry Thomas Garland (1947) y Roger Douglas Melen (1946), fundadores de Cromemco e inventores de la primera tarjeta gráfica para el Altair; Gary Ingram y Bob Marsh, fundadores de Processor Technology e inventores de una tarjeta de ampliación de memoria RAM para el Altair; Lee Felsentein (1945) diseñador de ordenadores y del primer modem para Altair; Don Tarbell, fundador de Tarbell Electronics e inventor de una de las primeras tarjetas para usar un casete común como sistema de almacenamiento en Altair… La lista es extensa pero, merece la pena recordar que, como denominador común, está su juventud y su anonimato, y que empezaron desarrollando para el Altair 8800.
No obstante, aunque el Altair 8800 tiene algo de leyenda, hay que decir que es una máquina delicada y que tiende a fallar porque su construcción es demasiado artesanal. Esto quiere decir que su mayor diferencial, es decir, ser el primero y dirigirse a los aficionados a la electrónica, hace de él que tenga muchas deficiencias en su acabado, calidad del circuito impreso y conectores, mecánica o fuente de alimentación. Se pensó como un kit para montar en el taller, no como un producto y, ni mucho menos, se ambicionó convertirse en un estándar. Por esta razón, a final de 1975, aparecería el IMSAI 8080, fabricado por IMS Associates, Inc. Conceptualmente igual que el Altair y totalmente compatible, pero pensado para durar. El IMSAI 8080 era el primer competidor del Altair y, aunque el exterior nos recuerda a este, la calidad de su diseño interior no tiene nada que ver. De hecho, como veremos en otros textos, esta máquina siguió creciendo hasta mediados de los años `80.
Nos encontramos en 1975 y han pasado unos años desde nuestro comienzo, allá por el año 1973. Estos han sido años en los que la informática se ha movido en un terreno de aficionado a la electrónica. Para seguir contando esta historia, y trascender de los clubs de freaks y sus folletos con aire de fanzine, hace falta que nazca una revista totalmente enfocada en informática y con un aire más profesional. Así es, en septiembre de 1975 aparecería el primer número de la revista Byte. Desde mi punto de vista, por su longevidad y por la calidad de los primeros años, fue la mejor publicación relacionada con la informática personal. Aquellos años estaban dominados por la novedad constante y por una ambición -poco común en nuestros tiempos- de explicar al lector cómo funcionan las cosas. Estaba claro que muchos de sus lectores seguían siendo aficionados a la electrónica y avezados informáticos, y estos no se conformaban con bonitas fotos y un resumen superficial.
Así las cosas ya estamos en el ‘76. Aquellos freaks se sentían auténticos colonos de un nuevo mundo donde parecía que estaba todo por hacer. Se reunían entre ellos y ponían en común sus alocadas ideas y proyectos en clubs como el Homebrew Club. Dos asiduos a este club fueron Steve Wozniak (1950) y Steve Jobs (1955-2011). Allí Wozniak, empleado de Hewlett Packard, hablaba de un ordenador compacto que usase las capacidades del reciente y barato microprocesador 6502, lanzado por MOS Technology. Tampoco pasaba por alto las capacidades del 2513, de Signetics, estudiado años atrás por Don Lancaster en su TV Typewriter. Mientras todos sus correligionarios parecían estar hipnotizados por el Altair y el IMSAI, su amigo Jobs le tomó tan en serio que le propuso montar una compañía para comercializar su invento al que llamarían Apple 1.
El Apple 1 fue un paso necesario entre un Altair y un ordenador acabado como de SOL-20 de Processor Technology. También resultó ser una forma de medir las fuerzas (y la química) del tándem Wozniak-Jobs y ver de lo que podían ser capaces. En muchos sentidos ellos tenían claro que, para hacerlo accesible y masivo, un ordenador como el Altair necesitaba ser humanizado y aprovechar fácilmente otros elementos a nuestro alcance, como un casete o la televisión. Tampoco ayudaba la modularidad y tamaño del Altair, aunque ideal para un aficionado al soldador, era inadmisible para una persona acostumbrada a los sencillos electrodomésticos. En definitiva, un ordenador tenía que caber en una placa, tener un teclado, conectarse a la TV y al casete, y por último contar un lenguaje de programación fácil como el Basic.
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BIOS y Clean-room Design
abril 30, 2018 on 3:53 pm | In colección, hist. informática | 2 CommentsAdolfo García Yagüe | Durante los meses siguientes al lanzamiento del IBM Personal Computer esta máquina se coronó en el líder indiscutible de su segmento. Las compañías más fieles a IBM no esperaban menos y sus competidores quedaron descolocados. A pesar de ser carísimo, la robustez de aquel ordenador, su diseño, flexibilidad y arquitectura se convirtieron en el ejemplo a seguir. El PC de IBM también fue el responsable del abandono definitivo de la arquitectura S-100, vigente desde 1975 y herencia del Altair 8800. En definitiva, IBM conquistó un mercado en el que no estaba presente.
Desde el principio logró, además, despejar cualquier suspicacia empresarial y documentar aquella máquina para que otros tuvieran la oportunidad de innovar y hacer negocio con su PC. En este ejercicio de transparencia IBM publicó los famosos Technical Reference donde dejó documentado el detalle de funcionamiento del 5150 y sucesivos, incluyendo sus esquemas electrónicos y la BIOS desensamblada y comentada. Estos libros, además de facilitar la reparación, suponían una ayuda a quién quería diseñar un nuevo adaptador. Lógicamente, también ponían fácil y tentador copiar e intentar hacer una maquina compatible…
Si IBM dio a conocer al mundo su nueva máquina en septiembre de 1981, en el verano del año siguiente aparecería, con aspecto similar pero un poco más grande, el que se considera primer ordenador «PC-compatible» de la historia, el Columbia Data Products MPC 1600, y en noviembre de ese mismo año se anuncia el famoso Compaq Portable. En ese mismo mes, en la revista Byte, se publicaba como construir un “inspirador” ordenador de 16 bits cuyos slots eran compatibles con los periféricos del IBM PC. Era el MPX-16 de Steve Ciarca. Esta máquina tenía un claro propósito docente pero, no obstante, es similar en su arquitectura a un PC. Y en 1984, dos pequeñas compañías, Award Software y Phoenix Technologies, empezaban a comercializar una BIOS compatible con el PC de IBM…
Como escribí en el artículo anterior, la BIOS inicializa e interactúa con los diferentes chips de la placa base. Las antiguas BIOS también sirven de punto de entrada o API (Aplication Layer Interface) para que cualquier sistema operativo o programador se pueda relacionar con el hardware de una forma estándar. Es decir, ese pegamento software permite al sistema operativo (MS DOS o CP/M-86) controlar los chips sin importar como estos estén organizados.
Los chicos de Columbia Data Products y de Compaq (Compatibility And Quality) programarían su propia BIOS compatible sin infringir las patentes de IBM. Para ello demostraron que sus ingenieros no tuvieron contacto con la BIOS original, ni que leyeron los Technical Reference. Es decir, tuvieron que demostrar que solo haciendo ingenieria inversa de un IBM PC habían conseguido desentrañar los secretos de este. Es lo que se llamó “Diseño en habitación limpia” o Clean-room Design, o el sitio donde se supone que trabaja un equipo de ingenieros que no se ve “contaminado” por el intríngulis real de la competencia. Solo pueden conocer el resultado ante una pregunta, no como actúa internamente el PC. Este capítulo de la historia se recoge en la primera temporada de la serie de TV “Halt and catch fire”. Allí, sus protagonistas, construyen un ordenador llamado Gigante que es compatible con un IBM PC. Como imagináis, un ejército de abogados de IBM inicia una disputa con la empresa fabricante de Gigante, Cardiff Electric, y estos tienen que demostrar que han trabajado en una Clean-room.
A Compaq no solo le bastaba tener su propia BIOS. A fin de cuentas era una nueva empresa de Texas que tenía que demostrar que su producto era diferente y mejor que el original. Ahí reside su éxito. El Portable de Compaq no era más barato que IBM pero era más rápido y diferente. El sinónimo de calidad y compatibilidad nunca abandonaría a esta empresa hasta que fue comprada por Hewlett Packard en el año 2002. Evidentemente, como digo, en sus comienzos, además tenía que diferenciarse por algo más “vistoso” y qué mejor forma que hacerlo con un ordenador portable, compatible, que podías transportarlo por todo el mundo… Ese es el nacimiento del Compaq Portable.
Como veíamos anteriormente, Compaq programó su propia BIOS pero era evidente que esto no estaba al alcance de todos. También había que lidiar con IBM, sus abogados, y aguantar el desgaste económico y de plazos que esto supone. Por estas y otras razones muchos fabricantes fracasaron legalmente, o no alcanzaron una compatibilidad plena o bien hacían lo mismo que otros. Para evitar esos problemas aparecieron las compañías Phoenix Technologies y Award Software, dos pequeñas empresas que ofrecían al resto una BIOS que había pasado el filtro legal de la Clean-room Design, y que funcionaba tan bien como la de IBM. Solo era cuestión de centrarse en el diseño hardware y alcanzar un acuerdo con Microsoft.
Award y Phoenix animaron el mercado de las máquinas compatibles. La BIOS de cada compañía facilitó la vida haciendo posible la entrada de otros fabricantes y, en cierta forma, presagiaban la corta hegemonía del IBM PC aunque, como veremos, esta pérdida de liderazgo fue lenta. En este sentido hay que recordar que IBM no estaba preparado para un mercado tan agresivo como el del PC compatible. Además de la calidad y la constante innovación, era necesario competir en precio, cosa a la que IBM no estaba habituado.
Los chips de Intel, la BIOS de Award y Phoenix, el acceso al MS DOS de Microsoft, la facilidad para copiar ilegalmente cualquier software y la bajada de precios, permitió que el “ordenador clónico” fuese realmente popular. Poco a poco el mercado vio aparecer a fabricantes asiáticos ofreciendo productos compatibles. Nacían marcas por cualquier lado y había, como no, algo de burbuja.
El clónico en España
En España, en aquella guerra y primeros años del PC Compatible, destacan dos marcas conocidas por todos: una británica, Amstrad; y otra española, Investrónica o Inves. A pesar de ofrecer meros clónicos tenían imagen de marca, red de distribución y soporte, y precio. No hay que olvidar que Amstrad llevaba unos años diseñando y comercializando buenos ordenadores de 8 bits. Y, en el caso de Investrónica, se trataba de El Corte Inglés quién estaba detrás y se notaba su experiencia previa en la distribución de marcas como Osborne, el ST de Atari y Sinclair. Amstrad e Inves hicieron posible que el PC se popularizara en España. Estamos en 1987 y, como he dicho en alguna ocasión, aquellos que querían trascender de los 8 bits se compraban un PC o, por el contrario, optaban por los deslumbrantes gráficos y sonido que ofrecían el Atari ST o el Commodore Amiga.
Amstrad desarrolló su propia BIOS y una novedosa línea de PCs que rompía con lo visto anteriormente. Con el Amstrad PC 1512 demostraron que se podía fabricar un PC semi-compacto, todo en uno. La fuente de alimentación estaba en el monitor y, desde allí, se alimentaba la CPU. La placa base estaba entre dos chapas metálicas con las que se pretendían evitar posibles problemas relacionados con las perturbaciones electromagnéticas, inherentes a su acabado exterior plástico. En aquella placa ya estaban todos los puertos necesarios: Paralelo para conectar una impresora; serie o RS-232C donde se pinchaba un módem; y la conexión del ratón que ya era un estándar. Además Amstrad nos introdujo en el mundo de las ventanas de la mano del novedoso entorno gráfico de Digital Research, el GEM (Graphical Environment Manager). Aún, en España, no habíamos oído hablar de Microsoft Windows ni apenas se conocía el Macintoch o Lisa de Apple. Por si fuera poco, Amstrad acompañó la campaña de lanzamiento “regalando” la malísima impresora DMP 3000. Aquello fue un boom y nos permitió comprar un PC, aunque su CPU fuera de plástico ;-).
Por su parte Inves hacía de su fuerte la potencia de su red de distribución. Además del citado Corte Inglés contaba con numerosas tiendas que vendían estas máquinas. También tenía un cuidado catálogo y sus máquinas eran buenas. En cualquier caso, al abrir estas, te dabas cuenta que se limitaban a importar un producto que ellos no diseñaban ni fabricaban. Es cierto que conocían bien el mercado y que hacían un notable esfuerzo en documentar todos los componentes pero hacían una labor de integración de lo que otros fabricaban en Asia. La BIOS de alguna de sus máquinas era de Phoenix Technologies.
Colección | IBM Personal Computer 5150
IBM Personal Computer 5150
abril 18, 2018 on 7:09 pm | In colección, hist. informática | 6 CommentsAdolfo García Yagüe | Como atestigua la publicidad de la época y alguna pieza de la colección, en 1981, año del lanzamiento del IBM Personal Computer modelo 5150, el mercado del Ordenador Personal (o PC) ya existía. Desde hacía algunos años empresas como Apple se esforzaban en explicar que el empleo de ordenadores hacía menos tedioso el uso de datos o la confección de textos. También, misteriosamente, el Ordenador Personal prometía expandir nuestra creatividad e introducirnos en una nueva era.
Desde tiempo atrás IBM (International Business Machines) era un referente. Al finalizar la década de los ‘70 era el rival al que robar una pequeña porción del mercado de los grandes sistemas: En IBM inventaban lenguajes de programación, sistemas de almacenamiento, sistemas operativos, máquinas, todo… No se puede decir que no innovaran, todo lo contrario, pero dejaban poco espacio a otros suministradores. No obstante, en aquel entorno hostil, aparecen jóvenes empresas que tienen la visión de acercar un ordenador a cada puesto de trabajo y hogar. La aparición y popularización de estas máquinas dejaba claro que el mundo estaba cambiado, e IBM no podía ser ajeno al momento.
Si quería ofrecer una solución a tiempo, IBM necesitaba comercializar un PC y ajustar su precio. Con este propósito acudió al mercado buscando componentes y suministradores. Al frente del equipo de desarrollo del 5150 puso a Philip Donald Estridge (1937-1985), quién trabajaría lejos de los centros habituales de decisión, en la fábrica de Boca Ratón, Florida. Esto supuso que la toma de decisiones de Don Estridge sería más ágil y estaría menos influenciada por la cultura de Big Blue. Como digo, en aquella máquina se pretendía integrar el mejor hardware de la época y programar una BIOS (Basic Input-Output System) que diese uniformidad y sirviese de nexo con un sistema operativo. Hay que recordar que la idea no era nueva, lo novedoso es que fuera IBM quién lo hacía así.
Donald Estidge se puso manos a la obra. En estos casos lo primero que hay que hacer es estudiar el mercado y a tu competencia. Don no tardó en darse cuenta que la mayoría -por no decir la totalidad- de PCs estaban basados en microprocesadores de 8 bits. Estaba claro que IBM no podía ser uno más, por lo tanto la nueva máquina sería de 16 bits, asegurándole poder manejar más memoria y tener más potencia. Ahora había que seleccionar al fabricante del micro. En aquellos años, los 16 bits existían pero eran novedosos para un usuario. Ya se podía optar por fabricantes como Zilog, Motorola o Intel. En el caso de Motorola, a pesar de ser una gran compañía, el reciente 68000 (año 1980) estaba un poco inmaduro y todo el ecosistema de chips necesarios para fabricar un equipo era inexistente. Por su parte, el Zilog Z8000 era algo más veterano pero incompatible con los Z80. En cambio Intel acumulaba bastante experiencia con la arquitectura 8080 y además, en 1978, había lanzado un chip de 16 bits -el 8086- y tenía resuelto todo el chipset. La decisión estaba clara: Intel con el 8088, el hermano menor del 8086.
En efecto, si comprobamos una de las placas originales del IBM PC nos damos cuenta que están diseñadas para chips Intel: Además del citado 8088, encontramos al 8259 (interrupciones), 8233 (gestión de memoria o DMA), 8255 (PIA), microcontrolador del teclado, 8284 (generador del reloj) y 8087… Resumiendo, los micros principales son Intel y como tal, Intel facilita el diseño de referencia de cada chip, razón que convierte al 5150 y los posteriores 5160, 5162 y 5170 en equipos sencillos de comprender y, sobre todo, abiertos.
La siguiente elección es el sistema operativo que, en aquel momento, parecía clara: el CP/M, de Digital Research, y su nueva e inminente versión para 16 bits. El diseño modular del CP/M le permitía abstraerse de cada chip y solo interactuaba con el hardware a través de la BIOS. Así, con pocas modificaciones, lograba trabajar con muchos fabricantes de ordenadores y hardware. Mientas, al usuario, ofrecía un conjunto de comandos sencillos con los que trabajar con sus ficheros y discos flexibles. Como digo, la decisión del CP/M era evidente porque era la más conocida pero, la negociación entre IBM y Digital Research fue compleja y, sobre todo, se producían retrasos en la disponibilidad de la versión de 16 bits. Esta situación era conocía por Microsoft quién también había sido elegido por IBM para la incluir su popular interprete BASIC. El asunto es que IBM estaba atascado con el CP/M, y Microsoft conocía la existencia de un sistema operativo de 16 bits -inspirado en aquel- llamado 86-DOS de Seattle Computer Products. El pelotazo no se le podía escapar a Microsoft: compró barato a Seattle y vendió caro a IBM. Además Microsoft consiguió que este sistema operativo pudiera ser vendido a cualquier fabricante, igual que hacia Digital Research con su CP/M. Así es como se seleccionó el famoso MS-DOS aunque, en aquel momento, IBM se esforzara en llamarlo IBM PC DOS.
Desde las máquinas sucesoras del Altair 8800 o bus S-100 (año 1975), ya se documentaba su diseño y era normal publicar los esquemas. Es cierto que aquella primera generación de máquinas está dirigida hacia aficionados de la electrónica. Aun así, un poco más tarde del Altair, en 1977, Apple lazaría el Apple II donde seguía incluyendo el esquema electrónico y el detalle de sus conectores de expansión. En este caso se pretendía animar la aceptación del mercado y el crecimiento de ventas facilitando el desarrollo y fabricación de periféricos por parte de otras empresas.
Pues bien, en las conocidas Technical Reference, IBM publicaría además de los esquemas electrónicos, el contenido detallado de su BIOS también con el ánimo de facilitar la adopción y crecimiento de la nueva máquina. Imagino que pensaron en el riesgo de la clonación y que únicamente con su marca y abogados tenía poco que temer… Aquellas decisiones cambiaron la historia de los ordenadores y me atrevo a decir que la nuestra también. Por estas razones creo que en las escuelas de negocios se tendrían que revisar estás importantes lecciones sobre innovación, imagen de marca, patentes y negociación…
Colección| BIOS y Clean-room Design
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