{"id":254,"date":"2010-01-22T17:00:07","date_gmt":"2010-01-22T16:00:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ccapitalia.net\/?p=254"},"modified":"2024-03-26T17:56:38","modified_gmt":"2024-03-26T16:56:38","slug":"los-tonicos-de-la-voluntad-para-tiempos-de-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ccapitalia.net\/?p=254","title":{"rendered":"Los T\u00f3nicos de la Voluntad para tiempos de crisis"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"..\/?page_id=2#agy\">Adolfo Garc\u00eda Yag\u00fce<\/a> | En Espa\u00f1a, lo que empez\u00f3 como una crisis financiera internacional poco a poco va minando nuestra autoestima. Aqu\u00ed, la citada crisis hizo que reventara la burbuja inmobiliaria en la que viv\u00edamos, poniendo de relieve que no somos un pa\u00eds ni tan grande, ni tan poderoso como nuestros pol\u00edticos se esforzaban en hacernos creer d\u00edas antes&#8230;<\/p>\n<p>En este estado de cosas, sorprende ver y escuchar a los pol\u00edticos con que alegr\u00eda, soltura y promiscuidad hablan de \u201ccambiar de modelo econ\u00f3mico\u201d,\u00a0 \u201cpotenciar la innovaci\u00f3n\u201d, \u201cdesarrollar la sociedad del conocimiento\u201d y otras tantas perlas enlatadas con las que adornan sus discursos. Da la sensaci\u00f3n que esto es tan f\u00e1cil como cambiar de pendientes o elegir una corbata que haga juego con aquel traje. A mi parecer, est\u00e1 gratuidad en la forma de expresarse de la clase pol\u00edtica (y la de muchos periodistas\u2026) solo provoca que las frases antes citadas pierdan su valor y significado para el resto de los ciudadanos.<\/p>\n<p>[modo iron\u00eda on] <em>El modelo econ\u00f3mico hacia el que nos quieren dirigir nuestros gobernantes, como si de una Tierra Prometida se tratara, es un sitio adorable. All\u00ed todos desarrollaremos un trabajo intelectual de primera magnitud. Viviremos rodeados de tecnolog\u00eda e informaci\u00f3n y adoraremos a un ente abstracto llamado Conocimiento. A nuestros pol\u00edticos solo les queda a\u00f1adir que la enfermedad y el resto de calamidades no existir\u00e1n en el nuevo modelo.<\/em> [modo iron\u00eda off]<\/p>\n<p>Es evidente la necesidad de un cambio pero -a pesar del optimismo de nuestros dirigentes- no es tarea f\u00e1cil ni inmediata. No olvidemos que una econom\u00eda basada en la innovaci\u00f3n, la tecnolog\u00eda o el conocimiento tiene, por lo general, como paso previo la labor cient\u00edfica. Y no nos enga\u00f1emos, nuestro pa\u00eds, a pesar de contar con gran n\u00famero de titulados y un presupuesto nada desde\u00f1able, nuca ha sido una potencia haciendo ciencia. Como ya recordaba gran nuestro sabio <strong>Santiago Ram\u00f3n y Cajal<\/strong> en su obra <strong>Los T\u00f3nicos de la Voluntad<\/strong>, \u201cLa prosperidad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus m\u00faltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales\u201d<\/p>\n<p>De la lectura de los p\u00e1rrafos anteriores pod\u00e9is deducir porqu\u00e9 sugiero en estos momentos la lectura de Los T\u00f3nicos de la Voluntad, cuyo t\u00edtulo, para ser exactos, es <strong>\u201cReglas y Consejos sobre Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica\u201d<\/strong>.\u00a0 Este libro est\u00e1 basado en el discurso que ley\u00f3 Cajal el 5 de diciembre de 1897 con ocasi\u00f3n de su ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, F\u00edsicas y Naturales. Posteriormente, a iniciativa del Dr. Lluria y con numerosos retoques y desarrollos del propio Cajal, la obra empez\u00f3 a imprimirse como libro para ser regalado entre estudiantes y aficionados a las tareas de laboratorio.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"https:\/\/ccapitalia.net\/img\/innovacion-cajal.jpg\" alt=\"\" width=\"245\" \/>Esta obra es considerada como uno de los mejores tratados sobre la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, el entorno social que la favorece y, lo m\u00e1s importante, la actitud y motivaciones del cient\u00edfico. Un cap\u00edtulo no menos interesante es aqu\u00e9l en el que Cajal expone y razona las posibles causas del atraso de Espa\u00f1a en temas cient\u00edficos. Aunque se redact\u00f3 hace m\u00e1s de 100 a\u00f1os gran parte de los consejos y observaciones de Cajal son totalmente vigentes. Durante su lectura tambi\u00e9n advertir\u00e9is que alguna de sus afirmaciones hoy resultan anacr\u00f3nicas, en particular las que hacen referencia al papel de la esposa en la vida del hombre de ciencia, o las alusiones a la raza espa\u00f1ola o el patriotismo.<\/p>\n<p>A pesar de su antig\u00fcedad, esta obra se sigue editando. Creo que es un libro de lectura obligada para cualquiera que sienta una m\u00ednima curiosidad por la ciencia, la innovaci\u00f3n y el progreso de las naciones. Si todav\u00eda te queda alguna duda a continuaci\u00f3n te dejo algunos fragmentos.<\/p>\n<p><strong>Consideraciones sobre los m\u00e9todos generales<\/strong><br \/>\nAl tratar de m\u00e9todos generales de investigaci\u00f3n, no es l\u00edcito olvidar esas panaceas de la invenci\u00f3n cient\u00edfica que se llaman el Novun Organum, de Bacon, y el Libro del M\u00e9todo, de Descartes [\u2026] Libros son \u00e9stos por todo extremo excelentes para hacer pensar, pero en ning\u00fan modo tan eficaces para ense\u00f1ar a descubrir [\u2026] Tengo para m\u00ed que el poco provecho obtenido de la lectura de tales obras y, en general, de todos los trabajos concernientes a los m\u00e9todos filos\u00f3ficos de indagaci\u00f3n, depende de la vaguedad y generalidad de las reglas que contienen, las cuales, cuando no son f\u00f3rmulas vac\u00edas, vienen a ser la expresi\u00f3n formal del mecanismo del entendimiento en funci\u00f3n de investigar. Este mecanismo act\u00faa inconscientemente en toda cabeza regularmente organizada y cultivada [\u2026] Harto m\u00e1s eficaz es la lectura de la obras de los grandes iniciadores cient\u00edficos, tales como Galileo, Keplero, Newton, Lavosier; Geoffroy Saint-Hilaire, Faraday, Amp\u00e8re, Cl. Bernard, Pasteur, Virchow, Liebig, etc; y, sin embargo, es fuerza reconocer que, si carecemos de una chispa siquiera de la espl\u00e9ndida luz que brill\u00f3 en tales inteligencias, y de un eco al menos de las nobles pasiones que impulsaron a caracteres tan elevados, la erudici\u00f3n nos convertir\u00e1 en comentadores entusiastas o amenos, quiz\u00e1s en benem\u00e9ritos divulgadores cient\u00edficos, pero no crear\u00e1 en nosotros el esp\u00edritu de investigaci\u00f3n [\u2026] Apresur\u00e9monos, pues, a declarar que no hay recetas l\u00f3gicas para hacer descubrimientos, y menos todav\u00eda para convertir en afortunados experimentadores a personas desprovistas del arte discursivo natural a que antes alud\u00edamos. Y en cuanto a los genios, sabido es que dif\u00edcilmente se doblegan a las reglas escritas: prefieren hacerlas. Como dice Condorcet, \u201clas median\u00edas pueden educarse, pero lo genios se educan por si solos\u201d.<\/p>\n<p><strong>Admiraci\u00f3n excesiva a la obra de los grandes iniciadores cient\u00edficos<\/strong><br \/>\nEntre las preocupaciones m\u00e1s funestas de la juventud intelectual contamos la extremada admiraci\u00f3n a la obra de los grandes talentos y la convicci\u00f3n de que, dada nuestra cortedad de luces, nada podremos hacer para continuarla o completarla. Esta devoci\u00f3n excesiva al genio tiene su ra\u00edz en un doble sentimiento de justicia y de modestia, harto simp\u00e1tico para ser vituperable; mas, si se ense\u00f1orea con demas\u00eda del \u00e1nimo del novicio, aniquila toda iniciativa e incapacita en absoluto para la investigaci\u00f3n original. Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento: la osad\u00eda mide sus fuerzas y vence o es vencida; pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Naturaleza nos brinda a todos con una riqueza inagotable, y no tenemos motivo para envidiar a los que nos precedieron, ni exclamar como Alejandro ante las victorias de Filipo: \u201cMi padre no me va a dejar nada que conquistar\u201d<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 gran t\u00f3nico ser\u00eda para el novel observador el que su maestro, en vez de asombrarlo y desalentarlo con la sublimidad de las grandes empresas acabadas, le expusiera la g\u00e9nesis de cada invenci\u00f3n cient\u00edfica, la serie de errores y titubeos que la precedieron, constitutivos, desde el punto de vista humano, de la verdadera explicaci\u00f3n de cada descubrimiento!. Tan h\u00e1bil t\u00e1ctica pedag\u00f3gica nos traer\u00eda la convicci\u00f3n que el descubridor, con ser un ingenio esclarecido y una poderosa voluntad, fue, al fin y al cabo, un hombre como todos [\u2026] Lejos de abatirse el investigador novicio ante las grandes autoridades de la Ciencia, debe saber que su destino, por ley cruel, pero ineluctable, es crecer un poco a costa de la reputaci\u00f3n de las mimas. Pocos ser\u00e1n los que, habiendo inaugurado con alguna fortuna sus exploraciones cient\u00edficas, no se hayan visto obligados a que quebrantar y disminuir algo el pedestal de alg\u00fan \u00eddolo hist\u00f3rico o contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>En la vida de los sabios se dan, por lo com\u00fan, dos fases: la creadora o inicial, consagrada a destruir los errores del pasado y al alumbramiento de nuevas verdades, y la senil o razonadora (que no coincide necesariamente con la vejez), durante la cual, disminuida la fuerza de producci\u00f3n cient\u00edfica, se defienden las hip\u00f3tesis incubadas en la juventud, ampar\u00e1ndolas con amor paternal del ataque de los reci\u00e9n llegados [\u2026] Empero no basta demoler: hay que construir. La cr\u00edtica cient\u00edfica se justifica solamente entregando, a cambio de un error, una verdad: Por lo com\u00fan la nueva doctrina surgir\u00e1 de la ruinas de las abandonadas, y se fundar\u00e1 estrictamente sobre los hechos rectamente interpretados.<\/p>\n<p><strong>Creencia en el agotamiento de los temas cient\u00edficos<\/strong><br \/>\nHe aqu\u00ed otro de los falsos conceptos que se oyen a menudo a nuestros flamantes licenciados: \u201cTodo lo substancial de cada tema cient\u00edfico est\u00e1 apurado; \u00bfQu\u00e9 importa que yo pueda a\u00f1adir alg\u00fan pormenor, espigar en un campo donde m\u00e1s diligentes observadores recogieron copiosa mies? Por mi labor, ni la Ciencia cambiar\u00e1 de aspecto, ni mi nombre saldr\u00e1 de la oscuridad\u201d. [\u2026] As\u00ed habla muchas veces la pereza, disfrazada de modestia. As\u00ed discurren algunos j\u00f3venes de m\u00e9rito al sentir los primeros desmayos producidos por la consideraci\u00f3n de la magna empresa [\u2026] En su anhelo por satisfacer la deuda honrosa contra\u00edda con sus maestros, el novel observador quisiera encontrar un fil\u00f3n nuevo y a flor de tierra, cuya f\u00e1cil exploraci\u00f3n levantara con empuje su nombre; mas, por desgracia, apenas emprendidas las primeras exploraciones bibliogr\u00e1ficas reconoce con dolor que el metal yace a gran profundidad y que el yacimiento superficial ha sido casi agotado por observadores afortunados llegados antes que \u00e9l, y que ejercitaron en c\u00f3modo derecho de primeros ocupantes [\u2026] No paran mientes lo que as\u00ed discurren que si hemos llegado tarde para unas cuestiones, hemos nacido demasiado temprano para otras, y en que, a la vuelta de un siglo, nosotros vendremos a ser, por la fuerza de las cosas, los acaparadores de ciencia, los desfloradotes de asuntos y los esquilmadores de minucias. [\u2026] No es l\u00edcito, empero, desconocer que existen \u00e9pocas en la cuales, a partir de un hecho casualmente descubierto o de la creaci\u00f3n de un m\u00e9todo feliz, se realizan en serie, y como por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, grandiosos progresos cient\u00edficos.<\/p>\n<p><strong>Culto exclusivo a la ciencia llamada pr\u00e1ctica<\/strong><br \/>\nOtro de los vicios del pensamiento que importa combatir a todo trance es la falsa distinci\u00f3n en ciencia te\u00f3rica y ciencia practica, con la consiguiente alabanza de la \u00faltima y el desprecio sistem\u00e1tico de la primera. Y este error se propala inconscientemente entre la juventud, desvi\u00e1ndola de toda labor de inquisici\u00f3n desinteresada.<\/p>\n<p>No son, ciertamente, las gentes del oficio las que incurren en semejante falta de apreciaci\u00f3n, sino muchos abogados, literatos, industriales y, desgraciadamente, hasta algunos estadistas conspicuos, cuyas iniciativas de tan graves consecuencias pueden ser para la obra de la cultura patria.<\/p>\n<p>A estos tales no se les caen de la boca las siguientes frases: \u201cMenos doctores y m\u00e1s industriales. Las naciones no miden su grandeza por lo que saben, sino por la copia de conquistas cient\u00edficas aplicadas al comercio, a la industria, a la agricultura, a la medicina y al arte militar [\u2026] Tal es el c\u00famulo de ineptas que a cada paso formulan los que, al viajar por el extranjero, ven, por un espejismo extra\u00f1o, el progreso en los efectos y no en las causas; los que en sus cortos alcances, no advierten esos hilos misteriosos que enlazan la f\u00e1brica con el laboratorio, como el arroyo a su manantial [\u2026] En Alemania, en Francia, en Inglaterra, la f\u00e1brica vive en \u00edntima comuni\u00f3n con el laboratorio, y por lo com\u00fan el iniciador mismo de la verdad cient\u00edfica dirige, ora por s\u00ed, ora mediante sociedades explotadoras, el aprovechamiento industrial.<\/p>\n<p>Cultivemos la ciencia por s\u00ed misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Estas llegan siempre; a veces tardan a\u00f1os; a veces, siglos. Poco importa que una verdad cient\u00edfica sea aprovechada por nuestros hijos o por nuestros nietos. Medrada andar\u00eda la causa del progreso de Galvani, si Volta, si Faraday, si Herz, descubridores fundamentales de la ciencia de la electricidad, hubieran menospreciado sus hallazgos por carecer entonces de aplicaci\u00f3n industrial.<\/p>\n<p><strong>Pretendida cortedad de luces<\/strong><br \/>\nPara justificar deserciones y desmayos alegan algunos falta de capacidad para la ciencia. \u201cYo tengo gusto por los trabajos de laboratorio \u2013nos dicen-, pero no sirvo para inventar nada.\u201d Cierto que hay cabezas refractarias para la labor experimental, y entre ellas contamos todas las incapaces de atenci\u00f3n prolongada y exentas de curiosidad y de admirabilidad por las obras de la Naturaleza. Pero la inmensa mayor\u00eda de los que se confiesas incapaces, \u00bflo son positivamente? \u00bfNo exageran, tal vez, las dificultades de la empresa y la penuria de sus aptitudes? Tal creemos, ya a\u00f1adiremos a\u00fan que muchos toman habitualmente por incapacidad la mera lentitud del concebir y del aprender, y, a veces, la propia pereza o falta de alguna cualidad de orden secundario, como la paciencia, la minuciosidad, la constancia, atributos que se adquieren pronto con el h\u00e1bito del trabajo y la satisfacci\u00f3n del \u00e9xito.<\/p>\n<p>En nuestro concepto, la lista de aptos para la labor cient\u00edfica es mucho m\u00e1s larga de lo que se cree, y se componen, no s\u00f3lo de los talentos superiores, de los f\u00e1ciles, de los ingenios agudos, codiciosos de reputaci\u00f3n y ansiosos de enlazar su nombre a una obra grande, sino tambi\u00e9n de esos entendimientos regulares, conocidos con el dictado de ma\u00f1osos, por la habilidad y tino con que realizan toda obra manual; de esos otros dotados de temperamento art\u00edstico y que sienten con vehemencia la belleza de las obras de la Naturaleza; en fin, de los meramente curiosos, flem\u00e1ticos, cachazudos, devotos de la religi\u00f3n de lo menudo y capaces de consagrar largas horas al examen del m\u00e1s insignificante fen\u00f3meno natural.<\/p>\n<p>Como han afirmado muchos pensadores y pedagogos, el descubrimiento no es fruto de ning\u00fan talento originariamente especial, sino del sentido com\u00fan mejorado y robustecido por la educaci\u00f3n t\u00e9cnica y por el h\u00e1bito de meditar por los problemas cient\u00edficos. As\u00ed, pues, quien disponga de regular criterio para guiarse en la vida, lo tendr\u00e1 tambi\u00e9n para marchar desembrazado por el camino de la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cerebro juvenil posee plasticidad exquisita, en cuya virtud puede, a impulsos de un en\u00e9rgico querer, mejorar extraordinariamente su organizaci\u00f3n, creando asociaciones interideales nuevas, depurando y afinando el juicio.<\/p>\n<p>Las deficiencias de la aptitud nativa son compensables mediante un exceso de trabajo y atenci\u00f3n. Cabria afirmar que el trabajo sustituye al talento o, mejor dicho, crea el talento.<\/p>\n<p>En la mayor parte de los casos, eso que llamamos talento genial y especial, no implica superior cualitativa, sino expeditiva, consistiendo solamente en hacer de prisa y con brillante \u00e9xito lo que las inteligencias regulares elaboran lentamente, pero bien. En vez de distinguir los entendimientos en grandes y peque\u00f1os, fuera preferible y m\u00e1s exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en lentos y r\u00e1pidos. Los entendimiento r\u00e1pidos son ciertamente los m\u00e1s brillantes y sugestivos; son insustituibles en la conversaci\u00f3n, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea un factor decisivo; pero en la empresas cient\u00edficas los lentos resultan tan \u00fatiles como los r\u00e1pidos [\u2026] A\u00fan osar\u00edamos a\u00f1adir que, por una compensaci\u00f3n muy com\u00fan, las cabezas lentas poseen gran resistencia para la atenci\u00f3n prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones; mientras que las r\u00e1pidas suelen fatigarse pronto, despu\u00e9s de haber apenas desbrozado el terreno.<\/p>\n<p>Si, a despecho de los esfuerzos hechos por mejorarla, nuestra memoria es inconstante y poco tenaz, administr\u00e9mosla bien. Como dice Epicteto: \u201cCuando en el juego de la vida vienen malas cartas, no hay m\u00e1s remedio que sacar el mejor partido posible de las que se tienen\u201d [\u2026] Por compensaci\u00f3n, los escasamente memoriosos de palabras y de frases, suelen gozar de excelente retentiva de ideas y de series de razonamientos. Ya Locke not\u00f3 que los dotados de gran ingenio y pronta memoria no sobresalen en el juicio.<\/p>\n<p><strong>Biblioteca<\/strong><br \/>\n<a href=\"https:\/\/ccapitalia.net\/descarga\/docs\/1897-cajal-reglas-y-consejos.pdf\">Cajal, 1897 &#8211; Reglas y Consejos sobre Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adolfo Garc\u00eda Yag\u00fce | En Espa\u00f1a, lo que empez\u00f3 como una crisis financiera internacional poco a poco va minando nuestra autoestima. 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